
Fundada en 1983 por don Aníbal «El Tano» Venezia, la Pyme familiar cumple 43 años de historia. Hoy, sus hijos Analía y Antonio mantienen vivo el legado artesanal en un local que es mucho más que un comercio: es el punto de encuentro del barrio de Fiorito.
En 1983, Fiorito era otro paisaje, pero ya tenía la misma esencia de barrio laburante. Allí, con 43 años, Aníbal Venezia decidió abrir un pequeño local sobre la calle Murature a metros de la Estación. A su lado, estaba su familia doña Rosa y su hija menor, Analía, quienes acompañaban desde su hogar; y su hijo mayor Antonio, que con apenas 15 años, al salir del colegio secundario, cambiaba los libros por el mostrador. Hoy, cuatro décadas después, la Heladería Venezia no solo sigue en pie, sino que se ha consolidado como una institución ineludible de Lomas de Zamora.
«Venezia es un punto de referencia porque han pasado abuelos, hijos y nietos de una misma familia por nuestro mostrador», cuenta Antonio Venezia, quien hoy lidera la firma junto a su hermana Analía. La dinámica familiar está aceitada: ella comanda la administración y él se encarga de la producción y el trato con proveedores, diseñando juntos las estrategias de una empresa que supo esquivar todas las crisis argentinas.
El «secreto» de «El Tano» y la mística de la madrugada
Al preguntar por el secreto de la permanencia, Antonio no duda: «Materias primas de primera calidad y una receta artesanal innegociable». Pero hay algo más que no se compra en los comercios industriales: la mística.
«Recuerdo esas noches de madrugada en mi adolescencia, cuando nos quedábamos elaborando helado y las familias venían caminando desde cuadras para tomar un helado a las 2 ó 3 de la madrugada, Se quedaban haciéndole compañía a ‘el Tano’, mi papá, mientras conversaban», rememora con nostalgia.
Ese espíritu de cercanía se traduce hoy en una política de empleo envidiable. El 100% de sus trabajadores son vecinos de Fiorito, muchos de ellos parientes de empleados de muchos años o hijos de clientes históricos. «Somos una gran familia. Hay empleados con más de 30 años de antigüedad. Nuestra clave es conocerlos a ellos y a sus familias, y acompañarlos en cada acontecimiento, bueno o malo», explica Antonio.
Innovación y compromiso social
Aunque los clásicos como el Chocolate Venezia o el Dulce de Leche Venezia son los estandartes, la heladería no se queda atrás en las nuevas tendencias. Conviven en el mostrador el pistacho y la crema Oreo con gustos que parecen resistir el paso de las modas por pedido del público fiel, como el kinoto al whisky y la crema rusa.
Pero el rol de Venezia en Fiorito trasciende lo gastronómico. Siguiendo el legado de Aníbal de ayudar y colaborar con los vecinos, la heladería «sponsorea» camisetas de clubes de barrio, colabora con comedores y abre las puertas de su fábrica para que los chicos de las escuelas locales vean cómo se produce el helado. «Mi padre siempre nos decía que tenemos que ayudar a la gente de Fiorito que tanto lo necesita», afirma.
Hoy, la marca se expande con la si franquicia VENFIOR (que nace de la unión de Venezia y Fiorito), con la que abastecen a heladerías, kioscos y otros comercios, demostrando que una Pyme familiar puede competir con las grandes cadenas sin perder el alma.
Datos
- Fundación: 1983 (43 años de trayectoria).
- Variedad: Más de 45 sabores de helado artesanal, línea de palitos y postres helados.
- Sucursales Propias:
Fiorito: José Luis Murature 2160 (Casa central).
Fiorito II: Recondo 2364.
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Franquicia mayorista: VENFIOR.
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Instagram: @heladeria.venezia





































