Lautaro Martínez de Jóvenes por el Clima: «Para nosotros los recicladores urbanos son héroes y se los trata muy mal»

El referente de Jóvenes por el Clima y miembro de la Cámara Argentina de Empresas Emergentes analiza el giro de la militancia ambiental hacia la acción concreta, la sinergia con las startups y la cruda realidad del «ambientalismo nacional y popular» en tiempos de crisis económica.

A siete años de la ola global que despertó el fenómeno de Greta Thunberg, el ambientalismo local mutó. De la movilización callejera y los discursos eurocéntricos se pasó a una búsqueda de soluciones materiales, tangibles y con los pies bien plantados en la realidad regional y el país. Así lo entiende Lautaro Martínez, fundador de la ONG Jóvenes por el Clima y socio de la Cámara Argentina de Empresas Emergentes (CAEE), quien propone dejar de ver la crisis climática como una cruz pesada o una «tragedia abstracta» para empezar a abordarla como una palanca de desarrollo nacional.

En un mano a mano profundo, Martínez analiza los desafíos legislativos del 2026, el rol de las startups, la situación de los recicladores urbanos y la necesidad de que la militancia se traduzca en una realización personal y no en un «gastadero de plata».

De la movilización a «la acción»

— Jóvenes por el Clima nació con una fuerte impronta de movilización callejera. Balance 2026: ¿Cuál es hoy el principal eje de la organización?

— Jóvenes por el Clima surge en 2019 a través de las movilizaciones y todo el fenómeno de Greta Thunberg. Quisimos tomar ese reclamo que en su momento estaba muy eurocéntrico y hacerlo propio al contexto, realidad y posibilidades de América Latina. La idea es no tomar a la crisis climática como una problemática, sino como una oportunidad de desarrollo para nuestro país. Todo lo que quizás hoy puede ser un problema —la falta de regímenes legales, el calor—, lo vemos como un pie para sacar proyectos para el desarrollo propio, colectivo y nacional.

Hoy día no estamos teniendo movilizaciones. Nuestra agenda se divide en dos cosas: por un lado, hacer que la militancia ambiental o el voluntariado no sea un gran peso y una cruz para quienes participan, sino una actividad de realización propia que potencie sus vidas y no un gastadero de plata. Por el otro, nos estamos centrando en reacomodar la estructura tras una reestructuración reciente y en intentar sacar muchos proyectos de comunicación, newsletters, plantaciones, cultura e incidencia política. Queremos ganar de mano: hacer más cosas, más rápido y ganar expertise en la acción. Si los proyectos están bien se seguirán haciendo, y si no, se correrán a un lado; pero no queremos pararnos tanto tiempo a analizar todo al máximo.

— Ustedes defienden la idea de un «ambientalismo nacional y popular». ¿Cómo se traduce ese concepto hoy, cuando la urgencia económica del ciudadano de a pie parece chocar con la agenda ecológica?

— Se traduce justamente en evitar que choquen. Es entender las condiciones materiales en las cuales vive el argentino o el latinoamericano común para que las propuestas no suenen como un delirio total. Nosotros le hablamos al ciudadano de a pie desde lo más concreto: el urbanismo, el transporte público que cada vez está más caro y peor, la marginalidad en los barrios populares o la realidad de los recolectores urbanos. Intentamos no caer en propuestas abstractas.

Presupuesto, glaciares y la grieta en la gestión de residuos

— En materia de incidencia legislativa, y tras debates históricos como la Ley de Educación Ambiental, ¿qué proyecto consideran hoy prioritario en la agenda parlamentaria?

— Creemos que el «paso cero» es implementar las legislaciones actuales, las que ya están vigentes, y darles el presupuesto que legalmente les corresponde a través de la metodología de presupuestos mínimos. Argentina tiene bastantes regulaciones ambientales, incluso más que los países de alrededor. El foco hoy debe ser cumplir la Ley de Bosques, entre otras, y dejar de retroceder. Lo que ha sucedido con la Ley de Glaciares es una pena enorme que va a traer un gran malestar para, al menos, 7 millones de personas cuyo consumo de agua depende linealmente de ella.

— ¿Cómo evaluás las políticas ambientales actuales a nivel municipal, provincial y nacional, especialmente en la gestión de residuos?

— Nacionalmente creo que no se está haciendo nada para esto. En cuanto a provincias y municipios, hay de todo. Puedo destacar casos como Lomas de Zamora, que tiene un buen trabajo con recicladores urbanos. En la otra vereda, para no destacar, está la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Para nosotros los recicladores urbanos —los cartoneros— son héroes. Son personas en situaciones complicadas que encontraron un oficio en los residuos y ayudan a que el Ceamse no colapse. Sin embargo, se los trata muy mal desde la policía y desde muchos vecinos. Repudio fuertemente el trato que se les da en CABA; es súper injusto para personas que aportan tanto a la sociedad, agrupándose y reinventándose para ser productivos.

Startups, impacto y el mito del conflicto corporativo

— Como socio de la CAEE, ¿cómo ves la sinergia público-privada? ¿Se puede innovar en el sector «cleantech» en este contexto económico?

— Una sociedad saludable se da entre una buena conexión entre la sociedad, el sector público y el sector privado. No vemos como enemigo a ninguno de los dos. Las empresas tienen un rol súper importante y en Argentina tiene que haber más empresas. Consideramos que hacer negocios está bien, y creemos que ser bueno también es un buen negocio. Esas dos máximas nos parecen correctas. Las normativas e incentivos fiscales obviamente pueden acelerar la transición energética, pero lo súper importante es tener un horizonte claro de qué futuro deseable queremos colectivamente. Valoramos mucho a las empresas que innovan y arriesgan en este sector; el Estado las debería potenciar más que limitar.

«Consideramos que hacer negocios está bien, y creemos que ser bueno también es un buen negocio. El Estado debería potenciar a las empresas que innovan en este sector, más que limitarlas».

— ¿Qué casos de éxito dentro de la cámara destacarías que logren equilibrar rentabilidad y mitigación climática?

— Siendo muy sincero, no tengo tan claras las cosas por fuera de nuestro entorno directo, pero destaco mucho nuestra excelente relación con Satellite On Fire (desarrolladores de software para la detección temprana de incendios forestales). Fran es un amigo de la casa y en su momento pasó por Jóvenes por el Clima. También la experiencia de la Impact House, donde hay gente de la organización metida. Lo de Satellite On Fire es tremendo: lograron que un problema que se vuelve viral y empeora todos los años como los incendios, se convierta en una solución y un modelo de negocio escalable. Hoy tienen 50 empleados, operan en 40 países y se abrieron al mercado americano, brasilero, Nueva Zelanda, Australia y Europa.

— ¿Hay un conflicto de intereses o el «gremialismo» empresario es una alianza natural para un activista ambiental?

— No sé si lo veo como «gremialismo». Creo que el ambiente es transversal a la educación, la política y las empresas. Para cualquier actividad empresarial se necesitan personas y recursos naturales. Las empresas que traten bien a sus empleados y traten bien al planeta van a ser las que puedan perdurar, porque son los dos recursos necesarios para su funcionamiento. No veo un conflicto, lo entiendo como una alianza natural.

El futuro de la participación juvenil y el destino personal

— Se habla mucho de la desafección de los jóvenes con la política tradicional. ¿El ambientalismo sigue siendo la puerta de entrada a la militancia?

— Hay un desaliento y cada vez menos interés de la juventud en la política tradicional, pero diría que es un cansancio de la sociedad en general frente a oscilaciones que no dejan nada en el medio. El ambientalismo conecta a muchas personas en momentos clave —la Ley de Glaciares o los incendios en la Patagonia lo demuestran—, pero también somos medio catastróficos: la gente se moviliza cuando pasan cosas malas, no sé si tanto a la hora de traer soluciones. Hoy, ese espacio de militancia general está siendo ocupado más que nada por otros discursos.

— Con un pie en las organizaciones sociales y otro en el ecosistema emprendedor, ¿cuál es tu próximo paso personal?

— Me siento un poco más atrapado en el sector privado, en las startups. Trabajo en eso, lo hice antes e intenté formar una. De hecho, Jóvenes por el Clima tiene una dinámica medio startup, si se quiere. Planeo seguir estando en la organización, crecer en mi carrera profesional, educativa y como persona. ¿Por dónde me voy a volcar más? Por donde entienda o interprete en cada momento que tengo más capacidad de acción para cambiar las realidades materiales de las personas.

jovenesporelclima.org.ar

@jovenesporelclimarg

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