«La situación es casi terminal»: el alarmante cuadro de la fábrica de zapatillas Kioshi de Lanús

Emmanuel Fernández, dueño de la firma de calzado, advirtió que la planta pasó de tener 120 empleados a apenas 15 debido al derrumbe total del consumo y la apertura de importaciones. Su mirada sobre la crisis que asfixia a Lanús y la región sur.

La crisis que atraviesa la industria nacional del calzado sumó en las últimas horas un testimonio crudo y emblemático del deterioro productivo en el Gran Buenos Aires. Emmanuel Fernández, fundador y dueño de la marca de zapatillas Kioshi Footwear, trazó un panorama dramático sobre la realidad de su empresa, cuya base de operaciones y proveedores históricos se concentran fuertemente en el polo productivo de Lanús y 9 de Abril en Esteban Echeverría.

El empresario reveló que la caída de la actividad los obligó a reducir su estructura al mínimo indispensable para subsistir. «Llegamos a tener 120 personas y hoy somos 15. Es terrible, la situación del calzado es casi terminal, lo hablamos con todos los colegas», aseveró Fernández en el streaming “Ahora Play”.

Lanús y el sur del Conurbano: el corazón del calzado, bajo presión

El testimonio de Fernández golpea directamente la identidad de Lanús, históricamente reconocido como la «capital del calzado y la marroquinería» bonaerense. En sus reflexiones sobre el territorio, el industrial hizo especial hincapié en el entramado de talleres, aparadores y proveedores de suelas y matrices que conforman el ecosistema de la región sur del AMBA.

“Y fabricantes también. Fabricantes que tienen por ahí una fábrica chiquita. En la zona de Lanús, Lomas de Zamora, fabricantes que están cerrando los talleres. Los alquilan a talleres mecánicos, a otras cosas”.

Para las fábricas del distrito, el escenario actual representa lo que Fernández define como una «tormenta perfecta»:

  • Derrumbe del consumo interno: Según datos compartidos por el empresario, el consumo de calzado en Argentina sufrió una caída histórica, pasando de casi 4 pares por cápita al año a apenas 2. «La falta de consumo es total. Todos los meses uno dice ‘más abajo de esto no se puede estar’ y se sigue profundizando», lamentó.

  • Costos fijos en alza y apertura de importaciones: Al desplome de las ventas de mostrador se le suma el incremento de las tarifas de los servicios públicos y el ingreso de calzado terminado desde el exterior, lo que deja a la producción local sin margen de competitividad.

  • Ruptura de la cadena de pagos: La devaluación del poder adquisitivo provocó que los comercios estiren los plazos de pago, haciendo inviable el financiamiento diario para sostener las plantas abiertas.

El peligro de un apagón industrial

Kioshi Footwear, que supo ser un modelo de expansión en la zona sur —habiendo recibido incluso beneficios de promoción industrial en municipios vecinos como Esteban Echeverría para ampliar líneas de montaje— hoy opera en modo supervivencia.

La preocupación compartida por Fernández y las cámaras comerciales de la zona es el efecto dominó. Por cada fábrica de calzado de primera línea que recorta personal o decide transformarse en importadora para no quebrar, caen decenas de pequeños talleres familiares y esquinas de barrio en Lanús que dependen exclusivamente de la costura, el pegado y el diseño de piezas.

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