
Pichetto, Monzó y Massot aceleran el intercambio de fichus con el intendente de Avellaneda. Entre la materia legislativa, el blindaje de Kicillof y la obsesión por completar el álbum 2026 de la Provincia.
Por: Sebastián «Tecla» Farias
En la política argentina, como en las semanas previas a un Mundial, se largó la temporada de intercambio de figus. Los dirigentes caminan los pasillos con la pila en la mano, buscando las piezas que les faltan, descartando las repetidas y tratando de conseguir esa «difícil». La reciente cumbre entre Miguel Ángel Pichetto, Emilio Monzó y Nicolás Massot —el tridente que maneja los hilos del bloque Encuentro Federal— no fue una foto más para las redes. Fue una jugada de pizarrón para ver cómo completan el casillero más complejo de todos: la provincia de Buenos Aires. Y para esa página del álbum, el que tiene las figuritas clave es Jorge Ferraresi.
Mientras los focos mediáticos se quedan con los extremos de la grieta, en el barro del territorio se está armando un equipo con camisetas cruzadas. La sintonía entre los estrategas del Congreso y el intendente de Avellaneda es la prueba de que, cuando la necesidad aprieta, no importa de qué club saliste, sino cuántos puntos sumás en la tabla.
Ferraresi, el que maneja «las difíciles» del conurbano
Para entender este movimiento hay que mirar el álbum que está armando Jorge Ferraresi. Consolidado como el principal armador del proyecto de Axel Kicillof 27, y con el puente roto con la conducción de La Cámpora, el cacique de Avellaneda sabe que con las figuritas del peronismo tradicional no le alcanza para llenar el álbum de la Provincia.
Ferraresi se puso el traje de coleccionista: sale a buscar lo que le falta. Necesita volumen institucional, chapa en el Congreso y llegada a sectores que el PJ no enamora. Ahí es donde entran Pichetto, Monzó y Massot. El bloque de Encuentro Federal tiene esos jugadores de experiencia, que saben jugar partidos chivos en el Parlamento y que cotizan alto a la hora de votar leyes clave.
El «Late-Late» de la política: Cambiar repetidas para armar el centro
Quienes conocen el paño bonaerense saben que Emilio Monzó es un obsesivo del armado transversal. El diagnóstico que comparten con Massot y Pichetto es que el tablero quedó lleno de «dirigentes sueltos» tras la implosión de Juntos por el Cambio y el PRO moderado. Son figuritas valiosas que se quedaron sin álbum.
Las recorridas y charlas discretas de este trío con Ferraresi y otros intendentes —como Julio Alak o Leonardo Nardini— y figuras ex LLA como Carlos Kikuchi, funcionan como un gran mercado de canje. Sentados a la mesa, el planteo es pragmático: «Vos tenés los votos en el Congreso para frenar los embates económicos a las universidades y las cajas provinciales; yo tengo el aparato territorial y los fiscales en la tercera sección». Es un esquema donde todos ganan y nadie sobra.
Una táctica sin camiseta ideológica
«En este contexto, mirar el color de la camiseta es un lujo que no nos podemos dar». Que dirigentes de matriz republicana y de centro-derecha se sienten a armar estrategia con un barón del conurbano como Ferraresi demuestra que las viejas etiquetas del álbum pasaron de moda. Lo que importa es el peso específico de cada uno.
No están buscando fusionar sus partidos ni compartir una misma ideología; están posando para la foto de formación antes de salir a la cancha. La agenda común es de supervivencia: defender los recursos de los municipios, ponerle un límite al estilo confrontativo de la Casa Rosada y armar un «Eje del Centro» que plantee gestión e institucionalidad frente al relato de los extremos.
«Ferraresi junta las figuritas de los municipios y Pichetto las ordena en el tablero nacional». Esta alianza táctica cambia las reglas del juego. Encuentro Federal ya no es solo un bloque que negocia leyes; es una escudería que empezó a probar motores para meterse en la discusión grande del poder real.
El mercado de pases recién arranca y el álbum tiene muchos casilleros vacíos. Pero mientras el oficialismo confía en que la polarización le alcance para ganar caminando, el eje armado entre el Congreso y la tercera sección electoral demuestra que la política real se sigue jugando a la vieja usanza: cara a cara, territorio a territorio, y sabiendo elegir bien con quién vas a pegar la próxima foto.

































