¿»Masterclass» o distancia?: El frío elogio de Milei a Bullrich en pleno 3J

En una jornada marcada por la movilización del Ni Una Menos, la senadora buscó capitalizar la agenda con declaraciones en su cuenta de X y una foto junto a Karina Milei. Sin embargo, la lacónica reacción del Presidente no da cuenta que las cosas estén bien.

Por: Sebastián «Tecla» Farias

La política de las redes sociales suele ser más explícita por lo que calla que por lo que muestra. Este 3 de junio, mientras las calles del Congreso se llenaban de manifestantes en una nueva edición del Ni Una Menos, en el ecosistema digital del oficialismo se libraba otra batalla: la de la narrativa contra «el feminismo opositor» y, de manera subterránea, la de las sutiles señales de poder interno dentro del esquema de La Libertad Avanza.

La senadora exministra de Seguridad, Patricia Bullrich, ejecutó una doble estrategia durante la tarde. Primero, intentó blindarse políticamente y mostrar sintonía fina con el «triángulo de hierro» presidencial al publicar una foto junto a la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei. «Reunión con Karina, trabajando siempre juntas por las transformaciones que lidera el Presidente», rezaba el texto, un intento casi quirúrgico de acallar los rumores de rispideces que sobrevuelan el Gabinete.

Minutos más tarde, Bullrich lanzó un extenso y combativo posteo en la red social X, donde ensayó una defensa de la gestión de seguridad bajo la bandera de lo que denominó «el feminismo que defiendo». Allí, la ministra arrojó un dato contundente para disputar el sentido de la jornada: una supuesta baja del 25% en los femicidios desde el inicio de la gestión de Javier Milei, mechado con su histórica consigna de «el que las hace, las paga», la defensa de la responsabilidad individual en el crimen de la adolescente Agostina Vega y una dura crítica al «marketing» del feminismo partidario.

La frialdad de un «reposteo»

Se entiende que la respuesta de Javier Milei a semejante despliegue discursivo no fue la esperaba. El mandatario se limitó a compartir el texto de Bullrich agregando una sola palabra: «Masterclass».

El gesto es ambiguo y esconde una señal de enfriamiento. En la balanza digital de Milei, un textón doctrinario de su senadora que pretendía marcar la cancha frente a la oposición merecía, por lo menos, el habitual arsenal de mayúsculas, adjetivos rimbombantes o el clásico «Fenómeno barrial». El laconismo de un «Masterclass» seco, casi de compromiso, contrasta fuertemente con la efusividad que el Presidente suele dispensar a tuiteros anónimos de su entorno digital o a los dogmáticos de su núcleo duro.

Se sugiere además que la foto previa con Karina Milei no fue casual. Bullrich leyó la necesidad de sobreactuar una armonía que hoy está bajo la lupa. En los pasillos de Balcarce 50 es un secreto a voces que la autonomía que la exministra despliega en su agenda —y su constante centralidad mediática— genera recelos en el corazón del dispositivo libertario, donde no toleran segundas marcas que le disputen el protagonismo al Presidente.

La calle

Más allá de la interna, el posteo de Bullrich respaldado por Milei deja en claro la línea discursiva del Gobierno frente al 3J: desideologizar el reclamo por la violencia de género y mudarlo al terreno de la seguridad dura. El oficialismo eligió contraponer el «presupuesto multimillonario y cero logros» del desaparecido Ministerio de Mujeres con la política carcelaria y el Registro de ADN para violadores.

Sin embargo, el contraste de la jornada fue inevitable. Mientras Bullrich y Milei pretendían cerrar el debate desde sus pantallas argumentando que la violencia es una «responsabilidad individual», una multitud en el Congreso denunciaba que el ajuste económico y el retiro del Estado también asfixian a las víctimas.

La puesta en escena dejó un sabor agridulce. Bullrich buscó centralidad y validación; Milei le dio un me gusta con desgano. Hay algo imposible de ocultar.

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