
Un análisis de los cruces entre Javier Milei y Victoria Villarruel tras el polémico tuit de la Vicepresidenta. El rol de la ministra de Seguridad, la negociación hermética con la AFA por el regreso de la Selección y los cortocircuitos en un Congreso paralizado por el certamen.
Por: Sebastián «Tecla» Farias
El triunfo de la Selección Argentina de fútbol ante Inglaterra por la Copa del Mundo no solo encendió la pasión popular, sino que reabrió una grieta de alta intensidad dentro de la propia cúpula de La Libertad Avanza. La aparición espontánea de una bandera que rezaba «Las Malvinas son argentinas», desplegada por los jugadores en el campo de juego, desató una cadena de reacciones que cruzó la diplomacia deportiva, la interna presidencial y los errores de comunicación en el área de Seguridad.
La historia detrás del «trapo» y la polémica en el estadio
La bandera en cuestión tuvo un origen completamente artesanal: fue confeccionada de apuro con aerosol por un grupo de hinchas argentinos sobre una sábana de hotel. Para lograr sortear los estrictos controles en el estadio —donde la FIFA prohíbe consignas de tinte político—, los simpatizantes la colocaron compactada dentro de una botella de plástico vacía y la arrojaron con éxito hacia el césped.
Los jugadores (con Giovani Lo Celso, Leandro Paredes y Cristian «Cuti» Romero a la cabeza) la abrieron de inmediato y posaron con ella. Tras el partido y con las pulsaciones más bajas, el plantel y el cuerpo técnico decidieron no escalar la polémica para evitar mayores roces con la entidad madre del fútbol mundial, que ya evalúa si corresponde aplicar una multa económica a la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). De momento, la bandera sigue en poder de la delegación y viajó bajo custodia de la comitiva oficial rumbo a Nueva York de cara a la gran final.
El tropiezo de Seguridad: «Nos pasamos de olfas»
La polémica deportiva se trasladó de inmediato a la política doméstica a raíz de las declaraciones de la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva. Al intentar repasar las pautas de seguridad y prohibiciones del certamen, la funcionaria causó un profundo malestar al referirse de manera despectiva a la imposibilidad de ingresar con banderas que tuviesen el «mapita de Malvinas» por considerarlo «contenido político».
La innecesaria aclaración —puesto que se trataba de una disposición impuesta exclusivamente por la organización del torneo y la seguridad estadounidense, sin injerencia del Estado argentino— cayó muy mal en amplios sectores. Agrupaciones de excombatientes manifestaron su fuerte repudio e incluso le dedicaron canciones de protesta a la ministra frente a lo que consideraron una falta de respeto. En los pasillos de la Casa Rosada el fastidio fue palpable: «Nos pasamos de olfas», resumió con crudeza una fuente gubernamental, lamentando que se haya salido a hacer prensa con una restricción ajena que terminó desgastando la imagen del ministerio.
Villarruel al ataque y la réplica de Milei desde Olivos
Quien no dejó pasar la oportunidad de capitalizar el descontento y marcar la cancha de la identidad nacionalista fue la vicepresidenta de la Nación, Victoria Villarruel. Con un perfil público cada vez más alto y diferenciado de la gestión presidencial, Villarruel subió la foto de los futbolistas sosteniendo la sábana y disparó en sus redes sociales: «Prohibieron llevarlas a la cancha y se olvidaron que las llevamos en la sangre y en el corazón».
La respuesta de Javier Milei no se hizo esperar. El Presidente, que mantiene una rigurosa cábala de ver todos los partidos desde la Quinta de Olivos junto a su hermana Karina (utilizando siempre la misma campera de una marca petrolera), envió un misil teledirigido hacia su compañera de fórmula en declaraciones radiales.
Milei se alineó firmemente con la postura del director técnico, Lionel Scaloni: «No hay que mezclar el fútbol con la política». El mandatario remarcó que el reclamo por la soberanía de las Islas Malvinas debe canalizarse estrictamente a través de los canales diplomáticos correspondientes, cuestionando por elevación la utilización política de la pasión mundialista para beneficio de perfiles individuales.
El plan «antidesborde» para el regreso de la Selección
A pesar de los cortocircuitos políticos, los engranajes de la gestión estatal ya trabajan bajo un estricto hermetismo. Funcionarios de la Casa Rosada confirmaron que existen discretas conversaciones con la conducción de la AFA y con el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, para definir el operativo del retorno del plantel, gane o pierda el próximo domingo.
La prioridad absoluta del Gobierno es evitar que se repitan los graves desmanes e interrupciones del operativo de seguridad ocurridos en diciembre de 2022. Con el arribo previsto a Ezeiza (territorio bonaerense) y el eventual traslado a la Capital Federal, la prolijidad del operativo de seguridad de un regreso que se prevé masivo es vista por el Ejecutivo como la oportunidad de anotarse un poroto de gestión.
El Congreso, en pausa forzada
Mientras el debate nacional gira en torno a la pelota y las banderas, el plano legislativo sigue completamente adormecido. El Senado debió suspender a contrarreloj la sesión en la que el oficialismo pretendía debatir el proyecto de ley sobre la «inviolabilidad de la propiedad privada» —que, en los hechos, flexibilizaría los límites vigentes para la compra de tierras por parte de extranjeros—.
Al notar que los votos propios y de los aliados no estaban asegurados, La Libertad Avanza optó por dictar un cuarto intermedio hasta el próximo 6 de agosto. Las negociaciones con los gobernadores por este proyecto, así como por la pretendida reforma electoral para eliminar las PASO, continúan completamente empantanadas en medio de un clima donde la atención social y política está firmemente concentrada en la gran cita mundialista.

































