El dolor que nos une este 3J y la urgencia de cambiar el chip antes de que sea tarde

Mañana es 3 de junio. Se cumple un nuevo aniversario del primer grito de Ni Una Menos, ese que en 2015 llenó las plazas de todo el país. Y la verdad es que, a once años de aquella primera movilización, a uno le duele en el alma ver lo que sigue pasando. Todo lo que venimos viviendo en lo que va del año, con una seguidilla de femicidios que hielan la sangre, coincide trágicamente con ese reclamo que sigue más vivo y urgente que nunca. La marcha de este miércoles será verdaderamente convocante. No podemos seguir mirando para otro lado.

Por: Sebastián «Tecla» Farias

Para escribir esto, me corro del rol de periodista. Cada 31 horas matan a una piba. Esto no puede pasar más. Esto es una locura. Las autoridades tienen que funcionar de otra forma. La gente tiene que cambiar el chip. Es una locura total. No quiero vivir en una sociedad donde las mujeres corran peligro por el solo hecho de ser mujeres. No me lo banco. No me banco el miedo con el que salen a la calle, la desprotección institucional de las que denunciaron y no fueron escuchadas, ni la frialdad de las estadísticas que no paran de crecer: casi 100 víctimas en lo que va de 2026.

Para frenar esto hace falta un cambio de chip urgente. Y ese cambio hay que inculcarlo desde chicos. Hay que enseñar de pibes. No puede pasar lo que está pasando. Cada 31 horas no puede morir una chica; tenemos que hacer algo como sociedad.

A las chicas hay que enseñarles a hacerse valer, a cuidarse; pero si tenés un hijo varón, loco, a él hay que inculcarle el respeto absoluto hacia la otra persona. Esto es una cuestión de matriz, de fondo. Hoy hablaba con mi mamá de «valores» y «disvalores» ¿Por qué pasa lo que pasa? ¿Es desde chicos que se va pudriendo el cerebro de las personas? ¿Es la sociedad? ¿El Estado que llega tarde o mira para otro lado? ¿El entorno que justifica o calla? Nadie nace malo, nadie nace despiadado.

Hay que volver a hablar del valor de la vida del otro, creo yo. No quiero más generaciones criadas en el desprecio o con odio, como esta que nos duele hoy. Nos falta empatía y nos sobra crueldad.

Este miércoles es la marcha. Escuché por ahí a alguien que decía que jamás había participado de una movilización, pero que esta vez iba a ir. Eso te pauta que algo se está moviendo en la sociedad, y esperemos que sea algo bueno, que sea el principio de un límite definitivo.

Hay cosas que a uno le afectan. Yo hice hace tiempo una nota sobre el bullyng y lo hablé en primera persona, y me pasa lo mismo en ambos temas: el respeto, en reconocer al otro, en las acciones que definen lo que uno es y de dónde viene.

Como muchos, pienso que ya no hay margen para la indiferencia, y es porque tocamos fondo. Esto no es un problema de «ellas», es un problema de todos. Si tocan a una, nos desarmamos como comunidad. Por nuestras hijas, por nuestras hermanas, por nuestras madres y por el futuro de todos. No puede pasar más.

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