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A 120 años del nacimiento de Raúl González Tuñón: “En Turdera cabe el pueblo en el atrio”

Nació el 29 de marzo de 1905 y por esas vueltas del destino describió a Turdera en sus inicios. Se fue de ronda y poemas el 14 de agosto de 1974 a los 69 años. Conoció esta ciudad por su amistad con Rafael Jijena Sánchez. Por: Federico Gastón Guerra

Si un día se viene abajo la estantería oscura,
tal vez ese retrato mío de aquellos tiempos
ruede sobre la tierra como una rosa pura.
Raúl González Tuñón, “Saudade con nombres y fechas”

Raúl González Tuñón nació el 29 de marzo de 1905 y por esas vueltas del destino describió a Turdera en sus inicios como la ciudad en la que “cabe el pueblo en el atrio”. Se fue de ronda y poemas el 14 de agosto de 1974 a los 69 años.

Tuñón tenía mucha amistad con Rafael Jijena Sánchez quien nació en Tucumán pero el camino lo trajo a esta villa naciente de Lomas de Zamora. En una de esas visitas de Raúl a esta ciudad, que en los albores del siglo XX tenía la melodía de los jilgueros, el polvo liviano de las huellas en la tierra, las vías del tren como único acceso a la Capital Federal, un tranvía a caballo y un templo enorme para la época con relación a los habitantes, el poeta escribió que en Turdera “cabe el pueblo en el atrio”.

“Había nacido el 29 de marzo de 1905 en el barrio de Balvanera, pero la muerte de su madre, Consuelo Tuñón, a los 36 años, lo obligó a abandonar el hogar familiar junto con dos de sus siete hermanos –Irma y Elena– para vivir con su tía Luisa en Morón, en ‘una de esas casas quinta de toda la manzana, con un molino’, según palabras del poeta”, recuerda Germán Ferrari profesor de Periodismo en la Facultad de Ciencias Sociales (UNLZ) en un artículo de la revista universitaria Cordón.

Ferrari detalla que “en el poema ‘Saudade con nombres y fechas’, incluido en el libro Hay alguien que está esperando, aparecen varias menciones a puntos del conurbano. Una de ellas se refiere a Turdera, donde vivía Rafael Jijena Sánchez, otro poeta de su generación, nacido en Tucumán: Los domingos, con Rafael, huíamos a un pueblecito verde y azucena, / tan pequeño, que cabía en el atrio de una iglesia”.

“Directora de aulas y jardines, allí estaba la madre de Jijena/ cultivando mirasoles y brocales y patios de hondas galería/ Ya escribíamos versos, bello y amargo oficio/ ¿Cuántos de aquellos seres, la querida maestra, la modista de Temperley,/ el cuidador de plantas, los alegres linyeras/ y la enferma del piano cuyo candor agónico traía dulces/ recuerdos del fondo de las quintas/ verán ahora crecer las madreselvas desde la azul raíz?/ ¿Dónde estará el retrato mío de aquel tiempo?”, recordó Tuñón en uno de los versos de Saudade…

Pluma cargada
La del poeta fue una pluma siempre cargada de tinta para denunciar las injusticias sociales. Y en la discusión literaria de la época estaba muy cerca de los boedistas quienes expresan sus preocupaciones sociales mediante escritos de los hermanos Raúl y Enrique González Tuñón, Álvaro Yunque, Nicolás Olivari, Cesar Tiempo y Leonidas Barletta. Fue corresponsal en la Guerra Civil Española para el diario Crítica. En Madrid inició una amistad con Federico García Lorca, Miguel Hernández y Pablo Neruda.

Sylvia Saitta, doctora en Letras, detalla en su libro “Regueros de tinta”, en el capítulo “Martín Fierro y Crítica, los límites de un acuerdo” que los escritores introducen debates internos, en Florida y en Boedo. Por esto se gesta un tercer grupo: “Floredo” el cual encabeza Nicolás Olivari junto a Raúl González Tuñón y Santiago Ganduglia.

Acaso todo se resume en esa sentencia del propio Raúl González Tuñón: “Los domingos, con Rafael éramos felices en un pueblito (Verde y azucena)”. Y desde su poema el propio poeta tucumano recordaba que “Turdera tenía una iglesia grande como una / catedral; / cabe el pueblo en el atrio –decía González Tuñón / que solía visitarme los domingos”.

Era un hábil observador de lo cotidiano. Así lo plasmó entre tantas obras en La calle del agujero en la media, que si bien describió París podemos creer que parte de sus versos pueden ser de las calles turderenses: “Yo conozco una calle de una ciudad cualquiera / y mi alma tan lejana y tan cerca de mí / y riendo de la muerte y de la suerte/ y feliz como una rama de viento en primavera (…)”. Fue quien inició, según los críticos literarios, la corriente moderna de poesía urbana.

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