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miércoles, julio 6, 2022
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«Una oportunidad que no podemos dejar pasar»

Por: Néstor Grinidetti, intendente de Lanús

Basta tomar un diario, prender la tele o la radio, entrar en cualquiera de las redes sociales para encontrar comentarios y leer información sobre el COVID-19. Es difícil escapar al tema. Encontrar otra noticia en medio de una marea de datos nacionales e internacionales es una tarea casi imposible. Y convengamos en que resulta una situación entendible, justificable y necesaria. Hoy todos, sin importar nacionalidad, raza o religión estamos por igual preocupados respecto de nuestra salud, la de nuestra familia y la de todos los habitantes de este castigado planeta. Asimismo estamos preocupados por la situación económica de todos nosotros en tanto y en cuanto la economía aparece como la primera consecuencia negativa del virus, luego de los eventuales daños que él mismo pueda ocasionar en nuestra salud. El temor a enfermarse en forma grave y el temor a no ingresar dinero para el sustento familiar hoy son las dos grandes preocupaciones de todos nosotros.

Hemos leído y escuchado cientos de hipótesis, hemos comparado nuestra situación con China, con Brasil, con Suiza y con decenas de otras comunidades que padecieron y padecen el mismo flagelo. Nos preparamos, en el sector publico y en el privado, para encarar la pandemia y sus consecuencias sanitarias, económicas y sociales. Comenzamos a saludarnos con el codo, armamos hospitales de campaña, reforzamos la entrega de alimentos, muchos científicos en el mundo buscan afanosamente una vacuna y se estudian formas de medicamentos retrovirales, en fin, estamos haciendo aquello que las circunstancias y los especialistas nos indican que se debe hacer.

La foto está clara, las acciones necesarias están encaradas, seguramente con defectos y errores de parte de todos nosotros, al fin y al cabo no somos inmunes ni al COVID-19 ni a nuestra falibilidad como seres humanos.

Ahora bien, aquello que también estamos haciendo y que creo que no conduce a nada más que a una pérdida de tiempo valioso es eso de echarnos las culpas unos a otros. El del sur piensa que el culpable es el del norte, el que vacacionó en la costa atlántica piensa que el que lo hizo en Europa trajo el virus a la Argentina, el pobre piensa que es culpa del rico; el rico expresa que la culpa es del dirigente que no lo deja refugiarse en el country, el cliente siente que la culpa es del verdulero que no usa guantes, el comerciante piensa que la culpa es de quien no le permite abrir su negocio, etcétera. Nuestro deporte favorito: la búsqueda de culpables. No digo que no haya que investigar, en algún momento, de dónde y por qué surgió todo esto. Digo que ahora no es el momento de la pelea. El enemigo está allí, en frente nuestro, invisible y asesino. Pongamos la cabeza en cómo nos cuidamos entre todos, ese es el principal objetivo que no debemos perder de vista. ¡Nos salvamos juntos!

Y esto debe tenerlo muy en cuenta la política. Usar esta desgracia para pretender llevar agua a molino propio es una mezquindad que no puede ser mensurada. Pensar que tirando tierra sobre el vecino, cargándole culpas y llenándolo de acusaciones vamos a salvarnos es de una torpeza manifiesta. Ahora, desde la política, hagamos como hace la mayoría de la gente comprometida: colaboremos, imitemos a las costureras que cosen barbijos, a los vecinos que preparan viandas, a los empresarios que donan camas, frazadas y cientos de elementos. A los gremios que ponen al servicio de las necesidades sociales sus conocimientos profesionales, a las cocineras de los comedores sociales, a los voluntarios que ayudan a los abuelos a hacer las compras. Solo tenemos que imitarlos. Como dicen en el barrio, ¡solo se trata de actuar de buena leche! De no pretender sacar la ventajita mezquina que solo sera, en términos políticos, pan para hoy y hambre para mañana.

Ahora una propuesta: creo que llegó el momento de pasar de ser comentaristas de la realidad, de analistas de la “foto” de hoy, de meros espectadores de aquello que nos está sucediendo, a la acción con propuestas concretas para la post-pandemia.

En algún momento esto va a terminar. Allí haremos control de daños y veremos cuán efectivos hemos sido en minimizar la consecuencias. Pero ya hoy mismo podemos ponernos a trabajar tratando que se nos caiga alguna idea para la vida después del COVD 19. ¿Cómo será el primer día de clases? ¿Qué medidas sanitarias debemos tomar con las aulas con los chicos? ¿Habrá que poner alcohol en todas las aulas? ¿Cómo será el tiempo de clases? ¿Habrá algún sistema adicional para los chicos que no han tenido mucha oportunidad de estudiar en sus casas? ¿Habrá clases los sábados? ¿Cómo será la forma de viajar en el transporte público? ¿Cómo funcionarán en forma segura los tribunales? ¿Y los espectáculos públicos?

¿Qué tendremos que hacer desde el municipio y qué desde la provincia y la nación? ¿No sería bueno que muchos estuviésemos pensando en cómo encarar nuestra vida después que hayamos ganado la batalla? ¡Porque la vamos a ganar! Pero no sea cosa que después andemos llorando por los rincones porque necesitamos tiempo para repensar nuestra vida. ¿De qué sirve que yo, intendente y actuario, me ponga a discutir si es mejor tal o cual retroviral? ¿No es mejor dejar eso a los expertos y ponerme a pensar cómo será el trámite para la obtención del carnet de conducir el primer día que podamos atender a más público?

Esto que nos está pasando no será algo que no deje huellas. Por generaciones se va a hablar del año 2020 como el año del virus. Es lo que nos tocó. Y debemos enfrentarlo, con garra, con corazón, con cabeza, pero unidos; que no significa que todos pensemos lo mismo respecto de la democracia, la república, las libertades, el respeto a la constitución y tantas cuestiones de fondo que los argentinos tenemos por delante para solucionar. Significa que tenemos que poner la vista en el enemigo (el virus, por si no queda claro), dedicarnos cada uno desde el lugar que le toque a paliar las consecuencias y todos, sin excepción, a pensar en cómo será nuestra vida en algunas semanas. Las dificultades, los escollos que aparecen en la vida, con sus más y sus menos, muchas veces terminan siendo oportunidades. Aquí tenemos un caso, los argentinos tenemos una oportunidad de “reprocesarnos”. No la dejemos pasar. Pensemos en grande y desde el lugar que a cada uno nos toque tratemos de ser eficaces, para lograr de una vez por todas una sociedad que desde cada individualidad tenga la capacidad de pensar políticas públicas que permitan un desarrollo humano sustentable (columna publicada en Infobae).

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