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La apostadora Irma Avegno y una historia de 1913 que comenzó en Uruguay y culminó en Temperley y Turdera: aquel policial aún en la leyenda y el misterio

Esas líneas, fechadas el 6 de junio de 1913, fueron dirigidas por Irma Avegno, una muchacha empedernida por las apuestas de caballos de la alta sociedad uruguaya, al secretario de Estado de la República Oriental del Uruguay, José Romeau:  “Don José, perdóneme porque soy muy desgraciada, sé que lo dejo a Ud. y a los suyos en la pobreza, pero he de pagar con mi sangre (yo que amaba tanto la vida) el delito que he cometido. Vuelvo a pedirle que me perdone”. La apostadora estaba emparentaba estrechamente con él.
 
Por: Federico Gastón Guerra*

Las turfwoman son una especie muy exótica en la jerga de los burros: son muy osadas y han de apostar no sólo lo suyo sino lo de los demás, sin distinción. Los caballos son un trampolín para elevarse a otros vicios e incluso llegar al suicidio, como lo hizo Irma.

La fortuna era la única ambición en la vida de Irma: no se conformó sólo con el juego, ya que también dejó gran parte de dinero en acciones, remates de campo, empréstitos compraventas de campo…

El metálico brillaba entre sus manos y se multiplicaba a caudales, pero cuando sus finanzas empezaron a revertirse fue su amiga, Eulalia Rubio, quien la respaldó con una fuerte suma.

Más tarde, el secretario de Estado, José Romeau, dio su firma como garantía ante los bancos uruguayos. La turfwoman envuelta en la avaricia libró gran cantidad en pagarés a nombre del funcionario.

Avegno escribió la carta en un momento en que víctima de las deudas impagables y de la vergüenza más profunda escapó hacia Buenos Aires desde Montevideo. Un disfraz y una peluca le sirvieron de atuendo para pasar inadvertida por los controles aduaneros de aquella orilla del Plata.

Su padre, Pedro Avegno, el secretario Romeau y su amiga, Eulalia Rubio, al darse cuenta de su desaparición, al día siguiente, comenzaron a telegrafiar a Chile, Brasil y Argentina.

Cierto era que la prófuga se encontraba en Temperley. Ella había llegado hasta aquí por tranvía y no por tren desde la Capital Federal.

Su misión era llegar hasta el Hospital Español de Temperley, ya que ahí se encontraba la hermana de su amiga cumpliendo votos de monja de clausura. La entrevista, con la monja, se produjo al día siguiente del arribo de Irma a la Argentina; esta le contó a Sor Isabel (llamada Margarita Rubio) todas sus vivencias, y la religiosa no la comprendió y la expulsó del hospital. El escritor / periodista N.N. de las carreras aseguró: “Avegno no tuvo más remedio que refugiarse en la garita del empalme Temperley, ya que era buscada incesantemente por la policía”.

Y en el informe: “El guardavías, Pedro Curuchet, le dio hospedaje sin interrogarla. Ese 11 de junio de 1913, en las instalaciones de Curuchet, estas aún existen y están a escasos metros del Hospital Español. Irma comió, durmió y fiel a la costumbre uruguaya compartió unos mates con el cuidador de la barrera”.

El relato prosigue y se revelan más datos: “Este más tarde fue vendido a un desconocido en una fuerte suma”. Estos sucesos los cuenta el reportero de los “burros” en un libro en donde da a conocer ciertas curiosidades relacionadas con el mundo del turf.

En la obra “Paren las rotativas, historia del periodismo gráfico en la Argentina” Carlos Ulanovsky  dice que Oscar Lanata era el nombre de N.N. de las carreras, quien trabajó por mucho tiempo en el diario Clarín.

En definitiva, a las 5 de la tarde del 11 de junio Avegno volvió al Hospital Español para pedir ayuda, clemencia; pero una vez más fue rechazada. Retomó sus pasos, los mismos que había caminado por la vía del entonces ferrocarril oeste, y sin dudarlo se disparó por dos veces en la cabeza con un revólver que la acompañó desde el primer momento.

Un quintero de apellido Gianinni recogió su cuerpo, horas después.

El jueves 12 su familia recibió un telegrama que decía: “B.A 12 Arturo Brizuela jefe de policía de investigaciones. Montevideo. Policía Capital Buenos Aires. Urgente 10 y 15 a.m. En este momento hemos encontrado el cadáver de Irma en Temperley, pueblo vecino a la Capital Federal. Se ha suicidado de bala”.

Los diarios de la época expusieron grandes titulares con lo sucedido; le dieron una gran cobertura a un hecho que no dejó de impactar a una sociedad que todavía no se acostumbraba a las portadas con sucesos policiales.

En el libro “Llavallol, ojeando recuerdos”, puede leerse: “El cadáver previamente embalsado por el doctor Laureano Ramírez fue velado en la Comisaría de Lomas, con la asistencia de sus familiares llegados desde Montevideo, como así altos funcionarios de ese país”.

“Se traslada el cuerpo, por ferrocarril, en un tren fúnebre -prosigue el libro sobre Llavallol- propio de ese tiempo hasta Constitución, y de ahí al puerto, seguido de una muchedumbre, la que se duplicó a su llegada a Montevideo, para acompañarla al cementerio local.”

La novela de su vida

La escritora Mercedes Vigil noveló esta tragedia bajo el título Una mujer inconveniente: la historia de Irma Avegno.

Vigil, en su blog, reseña su obra: “La historia de Irma Avegno es la de una mujer inconveniente, que la sociedad del «disciplinamiento» soportó hasta que no pudo cobrarle, con usura, sus desplantes. La vida de una feminista práctica: prestamista y especuladora -cuando esas actividades eran exclusivamente masculinas- exhibiendo en público sus inclinaciones amorosas diferentes, apasionada por los caballos de carreras, pero auxiliando siempre a los más pobres. Integrante de la clase alta, más aún de la casta gobernante, su trágica caída tuvo resonancias al más elevado nivel”.

“Provocó la renuncia de un ministro del Gobierno de Batlle y Ordóñez y el suicidio del presidente de la Cámara de Diputados en el convulsionado 1913. Un fresco de la sociedad montevideana del 900 donde aparecen hechos y personas que dejaron su impronta en la construcción del país: el dictador Terra, Batlle y Ordóñez, Francisco Piria y Delmira Agustini, entre otros. Un drama moderno de corrupción y poder”, indica la escritora en mercedesvigil.blogspot.com.ar

“Una pobre cruz de palo señaló el lugar”

Años más tarde el poeta radicado en Turdera Rafael Jijena Sánchez decía en su poema “Memorias de Turdera”: “Desde las casas se divisaban (…) las cúpulas del Hospital Español/  Aquí fue a pedir auxilio llamando a las Hermanas/ Irma Begno (sic) que se jugó la vida / (…) Una pobre cruz de palo señaló el lugar/ durante años/ Un día un linyera se la llevó/ para hacer mate. No se supo más”.

Cabeza yaciente de Irma /Velorio, en la estación de ferrocarril del Sud Hermano de Irma acudiendo a la comisaría de Lomas de Zamora (imagen: http://viajes.elpais.com.uy/).

– ¿Se sabe con certeza si Irma se suicidó o hubo algún plan para callarla? (Le consultamos a la escritora Vigil hace un tiempo).

– En Uruguay nadie discutió el tema en voz alta ya que el diario El Día era el que marcaba el rumbo de las noticias y era propiedad de Don José Batlle y Ordoñez – Presidente-. Con la conmoción que ocasionó este caso en su gobierno la orden fue clara: suicidio. En los corrillos no estaban tan seguros.  En la Argentina hubo otra reacción: la prensa comentaba que si Irma Avegno hubiese hablado serían muchas las reputaciones que hubiesen caído. Ella manejaba dinero de políticos y empresarios, muchos de los cuales se enriquecieron prestando dinero a intereses usureros. En las calles estaban seguros que la mandaron matar para que no hablara.

Leyenda sin duda, de Borges tal vez. Realidad al fin. Irma Avegno, así pagó su deuda con la sociedad, y entró en la historia popular como ella lo vaticinó en su escrito: “He de pagar con mi sangre -yo que amaba tanto la vida- el delito que he cometido”.

Cumplió.

*el autor es historiador, periodista, escritor e investigador

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