
El Zorzal Criollo se presentó el 11 de septiembre de 1933 en el Teatro Español. La función, organizada por Los Andes, convocó a una multitud que colmó la sala y sus alrededores. Dos años después, el 24 de junio de 1935, Gardel fallecería en Medellín, Colombia, dejando una huella imborrable en la cultura popular argentina.
Por Federico Gastón Guerra
Para comprender el Lomas de Zamora que recibió a Carlos Gardel en septiembre de 1933, resulta ilustrativa una descripción que años más tarde realizó Julio Cortázar sobre el Banfield de su infancia durante una entrevista en el programa español A fondo.
«Era ese tipo de barrio que tantas veces encuentras en las palabras de los tangos. No es el suburbio de la ciudad (de Buenos Aires) pero es un poco el metasuburbio, el suburbio que le sigue; o sea, calles no pavimentadas por donde en mi infancia había mucha gente que todavía andaba a caballo. Por ejemplo, el lechero que nos traía la leche a caballo, y la circulación de mercaderías que se hacía con carretas».
Aquella imagen ayuda a reconstruir el clima de época de un Lomas todavía semirrural, atravesado por la cultura popular que Gardel representaba como nadie.
Hasta los niños se hicieron presentes en el Teatro Español aquella noche del 11 de septiembre de 1933. Por aquellos años, la radio era la gran compañía de las noches familiares y las audiciones de tango constituían un verdadero fenómeno popular entre grandes, jóvenes y chicos. Por eso, nadie quería perderse la oportunidad de ver en persona a Carlos Gardel.
Desde muy temprano, los aficionados comenzaron a poblar el teatro donde «El Mudo» deleitaría al público con sus tangos criollos y porteños. Muchos de los que no pudieron pagar la entrada o se encontraron con el cartel de «No hay más localidades» permanecieron en las inmediaciones de la sala con la esperanza de verlo aunque fuera unos segundos y conservar ese recuerdo para siempre.
La audición había sido organizada por el Club Atlético Los Andes y el valor de la entrada se había fijado en 1,20 pesos. Para muchas familias representaba un esfuerzo económico considerable, pero poco importaba si la recompensa era ver a Gardel interpretar sus grandes éxitos.
Una noche inolvidable
La jornada se presentó lluviosa. En medio de las gotas, un elegante automóvil blanco se detuvo frente al teatro. De él descendieron los guitarristas Barbieri y Riverol, junto con el bandoneonista Julio Vivas.
Y entonces llegó Gardel.
Vestido con un impecable piloto y luciendo la sonrisa que lo inmortalizaría para siempre, el ídolo fue recibido por una multitud que sólo buscaba acercarse para obtener un autógrafo o estrecharle la mano.
Antes de que el Zorzal Criollo subiera al escenario, un dúo musical intentó amenizar la espera. Sin embargo, toda la atención estaba concentrada en la figura del máximo cantor del Río de la Plata.
Gardel comenzó a cantar cerca de las 22. Lo primero que pidió fue que se abrieran las puertas del teatro para que quienes habían quedado afuera pudieran escuchar el espectáculo, un gesto que todavía hoy es recordado por los historiadores locales.
La presentación se extendió hasta cerca de la medianoche y resultó, según las crónicas de la época, verdaderamente memorable.
Al día siguiente, el diario La Unión reflejó el acontecimiento en una nota titulada «El festival de anoche en el Español». Tras una detallada descripción de la velada, la crónica concluía: «Cuando Gardel abandonaba el local, numeroso público se había ubicado en el vestíbulo y en la vereda para testimoniarle su simpatía».
El champagne favorito y el vínculo con Los Andes
El periodista Roberto Vicchio, en su portal Lomas y Su Gente, relata que al finalizar el espectáculo se brindó con champagne marca «Krutt», el preferido de Gardel. La bebida fue adquirida por Eduardo Gallardón en la tradicional tienda Gath y Chaves. Como no se encontraba en exhibición, hubo que buscarla en el depósito para satisfacer el gusto del cantor.
Vicchio también recoge una anécdota aportada por el recordado historiador lomense Luis Legnani. Según su relato, Gallardón, fundador del Club Atlético Los Andes, fue el encargado de entregarle una carta mediante la cual se designaba a Gardel como socio honorario de la institución, en reconocimiento a su presentación desinteresada.
El vínculo del cantor con el distrito no terminó allí. Gardel frecuentaba los stud de Temperley en los tiempos del antiguo hipódromo, una presencia que contribuyó a fortalecer el lazo afectivo entre el artista y el sur del conurbano bonaerense.
Su adiós
La vida de Carlos Gardel fue una de las más fascinantes y populares de la historia musical rioplatense. El éxito y la gloria alcanzaron dimensiones extraordinarias hasta aquel trágico 24 de junio de 1935, cuando perdió la vida en un accidente aéreo en Medellín, Colombia.
Hoy, al cumplirse 91 años de su muerte, el recuerdo de aquella presentación en Lomas de Zamora sigue vivo entre los amantes del tango. Una noche que quedó grabada en la memoria de la ciudad y que forma parte de la historia cultural del distrito.
Quizás por eso el periodista y escritor lomense Carlos Mujico intentó responder desde la poesía una pregunta que atraviesa generaciones en su recordado poema ¿Quién era Gardel, abuelo?. Porque explicar quién fue Gardel supone hablar de una voz, de una época y de un sentimiento popular que aún permanece intacto.
Y porque si hay una frase que el tiempo nunca pudo desmentir es aquella que repiten, año tras año, los admiradores del Zorzal Criollo:
Gardel canta cada día mejor.





























