Un país en distracción: el 54% de los alumnos de 15 años admite que el celular los desconecta en clase

Argentina figura entre los países de la región donde la pantalla más interrumpe el proceso de aprendizaje. Frente a los modelos tradicionales de prohibición, especialistas y escuelas apuestan a estrategias de gestión que bloquean la tentación sin confiscar los dispositivos.

El aula del siglo XXI enfrenta un competidor formidable y constante: el smartphone. Según datos de las evaluaciones internacionales PISA, el 54% de los estudiantes argentinos de 15 años reconoce utilizar el celular todos los días durante la jornada escolar y admite perder la atención de las clases por estar pendiente de la pantalla. Esta cifra ubica a la Argentina entre las naciones con mayor nivel de distracción áulica sobre un total de casi 80 países evaluados por la OCDE.

La evidencia científica da cuenta de un fenómeno que va más allá de un simple mal hábito. Investigaciones de la University of Texas at Austin revelaron que la sola presencia física del teléfono —incluso estando apagado o boca abajo sobre el banco— reduce la memoria de trabajo y la capacidad atencional, dado que el cerebro consume recursos cognitivos intentando resistir la tentación de revisarlo. A esto se suman los estudios de la London School of Economics, que demostraron que restringir el uso de celulares en los establecimientos educativos genera mejoras directas en el rendimiento académico, especialmente en aquellos alumnos que presentan mayores dificultades de base.

Mapear el problema: La distracción en números

54% Alumnos argentinos que usan el celular a diario en clase.
38% Sentimiento de involucramiento previo a protocolos de gestión.
60% Involucramiento registrado tras implementar protocolos.

Del choque y la prohibición a la «tecnología en sobre cerrado»

El tradicional choque entre docentes que confiscan aparatos y alumnos que buscan la forma de burlar la norma parece haber quedado obsoleto. Frente al desgaste diario que genera el control, instituciones educativas de Argentina y Uruguay han comenzado a implementar esquemas de gestión consciente.

A través de programas como el desarrollado por la firma MotivEd —que cuenta en el país con el respaldo de la Red Educativa Itínere—, los estudiantes conservan su dispositivo en todo momento, pero este permanece guardado en fundas magnéticas individuales que bloquean la señal y el acceso visual. Cada colegio determina los momentos del día en que los sobres se destraban para un uso pedagógico planificado.

Los resultados preliminares en más de 2.000 alumnos tras 90 días de prueba mostraron tendencias marcadas:

  • Mayor participación: El compromiso activo en clase subió del 38% al 60%.

  • Menos conflictividad: Las discusiones vinculadas al uso indebido del teléfono cayeron un 75%.

  • Aval docente: El 83% del cuerpo docente manifestó notar a sus alumnos más «presentes» y receptivos.

“La atención es un recurso limitado. Cuando el celular está disponible todo el tiempo, compite constantemente con el aprendizaje y la convivencia. El desafío no es prohibir la tecnología, sino diseñar entornos donde aprender sea más fácil”, explicó Nicolás Viñales, cofundador de la iniciativa.

Nicolas Viñales.

En la misma línea, Darío Álvarez Klar, fundador de la Red Educativa Itínere, remarcó que el objetivo no debe ser la sanción arbitraria: “El foco no tiene que estar en prohibiciones aisladas ni en controlar a los chicos, sino en acompañarlos a desarrollar autonomía y hábitos digitales saludables”.

5 Claves para abordar el celular en las escuelas

Especialistas del ámbito educativo sintetizan en cinco puntos los ejes para una transición exitosa hacia aulas sin distracciones:

  1. Norma institucional clara: Integrar el uso del dispositivo dentro del reglamento de convivencia, explicando las razones pedagógicas y vinculares a la comunidad.

  2. Uso pedagógico estipulado: Definir con antelación cuándo, cómo y para qué se utilizará la tecnología en la materia, liberando al docente de la tarea de «auditor».

  3. Involucrar a los hogares: Coordinar talleres y pautas con los padres, dado que las dinámicas de consumo digital se moldean principalmente fuera del colegio.

  4. Sin confiscación: Mantener el celular en poder del alumno pero inalcanzable (mediante fundas especiales), evitando que las escuelas asuman la custodia de cientos de equipos costosos.

  5. Medición de impacto: Relevar métricas de atención, convivencia y rendimiento antes y después de aplicar las normativas para realizar ajustes basados en datos.

Sobre MotivEd

MotivEd es un programa institucional creado por un equipo de profesionales vinculados a la educación y la tecnología que busca ayudar a las instituciones educativas a gestionar el uso del celular dentro del ámbito escolar desde un enfoque pedagógico, humano y no punitivo. El programa fue cofundado por Nicolás Viñales y combina una herramienta operativa (fundas de cierre magnético con bloqueo de señal) con formación y acompañamiento para docentes, alumnos y familias, con el objetivo de mejorar la atención, la convivencia y el clima de aprendizaje en las instituciones educativas.

Actualmente, MotivEd se encuentra implementado en colegios de Uruguay y Argentina y continúa expandiendo su alcance en ambos países.

Web: www.motived.org

Email: info@motived.org

LinkedIn: https://www.linkedin.com/company/motived

Instagram: https://www.instagram.com/motivedlatam/

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