
Durante su conferencia magistral en la Universidad Rey Juan Carlos, el presidente argentino reflexionó sobre la «aparente contradicción» de ser anarcocapitalista y administrar el poder estatal. Arremetió contra la economía neoclásica, cuestionó las regulaciones en Europa y adelantó los tres pilares de su nuevo libro sobre la moral en la toma de decisiones. Hubo protesta de estudiantes.
El presidente Javier Milei protagonizó este martes una conferencia magistral en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid —institución donde fue recibido por el economista Jesús Huerta de Soto, a quien considera su mentor—, donde abordó uno de los interrogantes que suele rodear a su figura: cómo un autodenominado «anarcocapitalista» gestiona y lidera un Estado.
Frente a la pregunta de por qué decidió meterse en política si considera que los impuestos son un «robo», Milei fue tajante: descubrió que, si los liberales no daban la pelea desde adentro, los dirigentes tradicionales hacían «lo que se les daba la gana». «Si no me gusta el Estado y no me gusta lo que me hace, me voy a meter adentro y lo rompo desde adentro. Acá estoy», sintetizó.
Adelanto editorial: La moral como política de Estado
En el tramo central de su exposición, el mandatario adelantó los lineamientos de su próximo libro, titulado La moral como política de Estado, que verá la luz en aproximadamente veinte días. Según explicó, el proceso decisorio de su administración no se rige por especulaciones electorales, sino por una estricta matriz de tres bloques:
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Valores de Occidente y Judeocristianos: Basados en la filosofía griega, el derecho romano, el estoicismo y los Diez Mandamientos, entendidos —según su visión económica— como los verdaderos cimientos del capitalismo de libre empresa.
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La eficiencia dinámica: Apoyándose en las tesis de Huerta de Soto, cuestionó duramente el concepto neoclásico de «fallos de mercado» y la optimalidad de Pareto, asegurando que las regulaciones excesivas matan el crecimiento económico.
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La justicia por encima del cálculo político: Utilizó como ejemplo la apertura de las importaciones de neumáticos en la Argentina para argumentar que levantar restricciones y barreras proteccionistas no responde a un rédito de votos, sino a un imperativo moral: «El solo hecho de que estuviera el paredón ya era inmoral (…) Abrir la economía no es porque genere votos, sino porque es justo, porque está mal cercenar la libertad y porque está mal robarle a la gente», sentenció.
Crítica a Europa y defensa del modelo local
Aprovechando su paso por España, Milei lanzó una crítica directa a las estructuras regulatorias del viejo continente, vinculándolas con su estancamiento económico. «Miren Europa: tiene tantas regulaciones que mataron el crecimiento económico», disparó, contraponiéndolo con su gestión, en la cual —afirmó— ya eliminaron 18.000 regulaciones y lograron que el país crezca a un ritmo cuatro veces mayor que su promedio histórico.
Asimismo, defendió el rol del Ministerio de Capital Humano encabezado por Sandra Pettovello, al sostener que el objetivo de su administración es terminar con la cultura de los planes sociales asistencialistas para transformar a los vulnerables en «ciudadanos libres» que busquen trabajo por sus propios medios.
Cierre combativo
Hacia el final de su discurso ante estudiantes y académicos españoles, Milei llamó a los sectores liberales a involucrarse activamente en la disputa de poder: «Si no nos involucramos nosotros, los mediocres no tienen problema en saquearnos. Parte de nuestra autodefensa también es ir y meternos en la cancha», concluyó entre aplausos, pronosticando que, si se actúa en sintonía con valores morales innegociables, el triunfo global del libre mercado será inevitable.
Tensión y cánticos en el campus
Mientras el mandatario cerraba su exposición en el aula magna, las afueras del campus de Vicálvaro reflejaban la caldeada atmósfera política que acompañó su visita a la capital española. Un concurrido grupo de estudiantes y activistas se congregó tras un estricto cordón policial montado por la Policía Nacional, desplegando pancartas contra el «avance de la extrema derecha» y repudiando el desfinanciamiento de la universidad pública. Entre consignas que tildaban la presencia de Milei como una «provocación a la comunidad académica», los manifestantes mantuvieron una ruidosa protesta con bombos y banderas durante toda la jornada.
Este contraste marcó el tono final de la actividad: un auditorio colmado por la Escuela Austriaca que ovacionó las tesis de la «eficiencia dinámica» y la «lucha contra el Estado», contrapuesto con la resistencia en las calles de un sector estudiantil movilizado.






























