Horror en Monte Grande: un ataque planeado, un mensaje perverso y la masacre de una familia entera

Damián Darío Santillán (50) ejecutó a balazos a su pareja Laura Prediguer (43), a su hijo Santino (11) y a su suegra Susana Castillo (73) en la casa familiar de Los Claveles al 700. Horas después se arrojó bajo un camión en Burzaco. Un texto enviado a un allegado revela la frialdad con la que justificó la matanza.

Detrás del portón de la calle Los Claveles al 700, la tranquilidad del barrio se quebró de manera irreversible. Un llamado al 911 que en principio alertaba sobre una supuesta emergencia médica terminó al descubierto como la escena de una ejecución sistemática e implacable: tres integrantes de una misma familia acribillados a disparos y un agresor que huyó para quitarse la vida a pocos kilómetros de distancia.

Las víctimas fueron identificadas como Laura Susana Prediguer (43), su hijo Santino Santillán (11) y Susana Castillo Toscanini (73), madre de Laura. El responsable del brutal ataque fue Damián Darío Santillán (50), pareja de Prediguer desde hacía dos décadas y padre del menor, quien tras cometer la masacre se trasladó hasta la rotonda e inmediaciones de la avenida Monteverde y Vallejos, en Burzaco, para arrojarse bajo las ruedas de un camión de carga Mercedes-Benz Atego.

Habitación por habitación

Según fuentes judiciales y policiales abocadas al caso, la escena del crimen da cuenta de un ataque sin margen para la defensa. El personal de la Comisaría 1ª de Esteban Echeverría que ingresó a la finca encontró primero a Laura Prediguer ensangrentada y sin vida sobre el suelo del comedor principal. En una de las habitaciones linderas yacía el cuerpo del pequeño Santino, con impactos destructivos en la zona craneal.

Junto al niño, los peritos secuestraron el arma homicida: una escopeta de doble caño, abandonada por el agresor antes de emprender la fuga.

La cacería, sin embargo, no concluyó en esa vivienda. El predio cuenta con un paso interno comunicante hacia una propiedad con salida sobre la calle Alfonso Amat al 2700. Siguiendo regueros de sangre por el pasillo de conexión, los efectivos hallaron en la cocina el cuerpo acribillado de Susana Castillo Toscanini.

«Me obligaron a hacer esto»: la justificación de un asesino

Uno de los ejes que mayor conmoción genera en la investigación encabezada por la fiscal Ana Río (UFI N.º 1 descentralizada de Esteban Echeverría) es el patrón de premeditación y la absoluta falta de remordimiento desplegada por Santillán.

Durante las primeras horas de la mañana, mientras la policía comenzaba el despliegue en la vivienda de Monte Grande, un familiar del agresor recibió una notificación en su teléfono celular. Era un mensaje de texto enviado por Santillán minutos después de concretar los disparos: “Me obligaron a hacer esto”. La hipótesis de los peritos indica que el agresor intentó victimizarse y descargar la responsabilidad de las ejecuciones en un conflicto de pareja desatado unas dos semanas atrás.

A pesar de que no existían denuncias formales por violencia de género asentadas en sedes policiales ni en la fiscalía de la jurisdicción, vecinos y allegados indicaron que la convivencia se había vuelto tensa y atravesaba constantes amenazas verbales.

Pericias y carátula

El hecho fue caratulado de manera preliminar como «Triple crimen agravado seguido de suicidio». Mientras la Policía Científica procesa las huellas en la escopeta incautada y analiza las pericias balísticas, el cuerpo médico forense lleva adelante las autopsias para establecer la secuencia cronológica exacta de las muertes.

El impacto social en el barrio es total. La comunidad educativa y los vecinos de Los Claveles y Alfonso Amat aún no salen del estupor ante lo que ya se encuadra como una de las tragedias familiares y de violencia machista más sangrientas registradas en el Conurbano Sur en los últimos tiempos.

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