
La quinta marcha educativa bajo el gobierno de Milei presentó un panorama conocido: a lo largo de la Avenida de Mayo, desde Congreso a la 9 de Julio, se extendió una legión de manifestantes sin duda numerosa. Pero las columnas de universidades, colegios y sindicatos estaban representadas por contingentes organizados -la militancia estudiantil y docente de las casas de estudio junto a sus funcionarios. En cambio, faltaba una concurrencia espontánea y masiva de estudiantes y público, como había ocurrido en las dos primeras marchas educativas. La movilización estuvo dominada por los aparatos.
Por: Marcelo Ramal, dirigente de Política Obrera
A la cuestión del financiamiento universitario, se sumaba esta vez la expectativa de una sesión extraordinaria para tratar el DNU 70, la cuestión de la discapacidad y el endeudamiento. Pero la sesión fue boicoteada por los mismos partidos “opositores” que, de un modo general, regentean al aparato universitario a través del elenco de rectores.
En conocimiento de ese aborto parlamentario, el palco de la Marcha Federal se ubicó por la mitad de la plaza Congreso. Bastante atrás de los manifestantes que protestaban frente al vallado de Entre Ríos y que, muy prontamente, comenzaron a ser reprimidos. Se planteó entonces una curiosa situación: mientras una parte de la marcha soportaba los gases y los carros hidrantes, las burocracias educativas de diferente laya proferían todo tipo de lamentos en torno de la “intransigencia” gubernamental.
Lo que no apareció en ese palco, bajo ningún concepto, es el llamado a una huelga general para arrancar de una vez por todas el financiamiento universitario. Los fallos judiciales, largamente celebrados en el palco, solo han conseguido sacarle a Diego Santilli, en su carácter de jefe de Gabinete, 100.000 pesos de multa diaria -un vuelto que, seguramente, no serán pagados nunca.


































