
En el barrio Martín Fierro, la aparición de un payaso con zapatos gigantes y nariz colorada no llamó la atención de nadie. Era, supuestamente, un animador más para algún cumpleaños infantil de la zona. Sin embargo, detrás del maquillaje blanco y la sonrisa pintada, se escondía un efectivo de la Superintendencia de Investigaciones de Delitos Complejos, esperando el momento exacto para dar el «zarpazo» final.
Este miércoles 22 de abril, la función terminó de forma abrupta para Fabián Jesús Bravo, más conocido en el hampa como «El Gordo Pei». El hombre, señalado como uno de los capos narcos más escurridizos de San Martín, fue capturado en un operativo cinematográfico bautizado como «Operativo Pey Gordo».
#POLICIALES «Operativo Krusty»: Efectivo policial se disfrazó de payaso para detener a un peligroso narco en San Martín https://t.co/y2oJuI6M06 pic.twitter.com/9kKjRgU2Ec
— DataConurbano / NET (@DataConurbano) April 24, 2026
La caída del «Showman» del crimen
Bravo no era un blanco fácil. Con pedidos de captura por homicidio agravado y amenazas, el sospechoso aplicaba una técnica de supervivencia básica pero efectiva: el nomadismo. Cambiaba de aguantadero cada pocos días y se manejaba con una estructura logística que incluía:
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Comunicaciones encriptadas: Uso de plataformas digitales de difícil rastreo para coordinar la venta de droga.
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Anillos de seguridad: Familiares y allegados que funcionaban como «campanas».
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Acopio estratégico: Viviendas rotativas para ocultar armas y estupefacientes.
El error del «Gordo Pei» fue confiar en la aparente normalidad del barrio. Mientras su pareja, Joana Giménez, salía de la vivienda e intentaba reingresar desesperada al notar algo extraño, el «payaso» ya había abandonado su personaje para desenfundar el arma reglamentaria y la placa.
Un rompecabezas que empezó en abril
La investigación, liderada por la Fiscal Alejandra Maico (UFI N° 7), tuvo un punto de quiebre el pasado 1 de abril. En aquella fecha, un familiar directo de Bravo fue interceptado en José León Suárez con armas y drogas. Ese hilo conductor permitió a la policía rastrear los movimientos del líder hasta el corazón del barrio Martín Fierro.
«Fue una partida de ajedrez. Teníamos que infiltrarnos sin levantar sospechas en un entorno donde todos se conocen. El disfraz permitió ganar los segundos necesarios para evitar un enfrentamiento armado mayor», explicaron fuentes del caso.
El botín del operativo
Tras la irrupción y la resistencia inicial de Bravo, los efectivos lograron asegurar el perímetro y secuestrar elementos que complican seriamente su situación procesal:
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Armamento: Pistolas de diversos calibres y municiones activas.
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Efectivo: Dinero en pesos y moneda extranjera, presuntamente de la comercialización de dosis.
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Sustancias: Una cantidad no precisada de estupefacientes listos para el «menudeo».





























