En Monte Grande, Massacre se reencontró con el público de zona sur

“Acá, en Monte Grande, tierra de skaters y pioneros, visitábamos a Adrián Paoletti y en la casa de la familia Marotta, nos encontrábamos con Palo Pandolfo”, dijo Walas, voz y líder de la histórica banda que, anticipó, tocará con Pixies. Por: Sebastián «Tecla» Farias.

Ver a Massacre indudablemente es adrenalina, movimiento, vértigo, sonrisa y sobre todo emoción. Es raro, pero una banda, cuyo germen se remonta a hace algo así como 35 años, transmite lo que se propuso desde entonces, aún con cambios casi absolutos de formación, el representar en sonido y letras el espíritu liberador de la velocidad, ya sea sobre el asfalto o sobre una rampa de skate, como las olas oceánicas arriba de una tabla de windsurf, estética californiana entrecruzada con el mundo de los conflictuados, la clase B, la soledad o el último aliento esperanzador cuando alrededor, en la superficie, no hay casi nada salvador. Pero también, motivos para salir. A su poesía, Massacre sumó más poesía, y por supuesto, Raw Power.

Walas, su cantante, como tantos más, viene de pasarla fulero con el Covid-19 el año pasado, pero el viernes 15 en el Teatro Greison de Monte Grande, dijo: “Es hora de volver a vernos, pero ojo, no del todo, de a poco, todo con responsabilidad.” Y así fue, en una gira que arrancó Massacre recientemente, reencontrándose con su público en formatos algo reducidos por las capacidades de las salas de shows, que los depositó en zona sur, mismo escenario donde tocaron hace dos años. Un día antes habían pasado por Wilde y luego seguían por San Justo, conurbaneando.

También como hace dos primaveras, abrió la noche el crédito sureño “Kinky Dogs”, banda de indudable influencia sesentosa y setentosa, algo killer y glam, cuyo cantante, Ardilla Pérez, hizo alarde de todo ese cóctel.

Puede decirse que para Massacre los sesentas también tuvieron que ver, años en los que se afianzó la patineta como alternativa a las olas de la costa oeste californiana y una lógica banda sonora homenajeada ya con un temprano instrumental «Mirando al Pacífico» patentado por Massacre Palestina con un pibe Walas a la guitarra rememorando el sonido de The Ventures.

El viernes pasado, los Massacre sonaron muy profesionales, ajustados, y se puede adivinar en el violero Pablo «El Tordo» Mondello la responsabilidad en gran parte. Inmejorable el trabajo de Federico «Fico» Piskorz (lo supimos ver hace mucho en Evidencia Jinnah abriendo para los propios Massacre) con guitarra y sintetizador, logrando efectos calcados a las grabaciones de los discos. El bajo y la batería eran instrumentos ocupados por «Topo» y «Paco», deserciones de las que solo los que llevamos varios años vividos los recordamos compartiendo escenario. Hoy esos puestos los detentan Luciano «Bochi» Facio y Carlos «Charly» Carnota respectivamente, luciendo una labor brillante, con momentos donde todos se lucen.

Se abre el telón minutos después de las 10 de la noche, se desata el poder con “Mi Mami no lo hará”, con una de las frases más lindas del rock argentino: “Abrázame así abrázame fuerte, siento venir el huracán”.

Luego del saludo de rigor, sigue “Llena de fe” de «Aerial» y con «A Jerry García» de «Juguetes para Olvidar». La escena la gana merecidamente Walas, un poser -en el buen y acertado sentido-, un rocker, un showman que sabe de eso de ejercer sobre el escenario. Muñecos, cascos, un radiograbador, un altavoz, caretas, máscaras, sombreros, todo pasará por su ser, y el público hipnotizado.

Se baja el cambio al cuarto tema, sigue “Estamos en problemas” de “El Mamut”, festejado material del 2015 que fue reeditado en formato disco de vinilo este año. Walas se encarga de aclararlo, es periodo de rever este trabajo que suena, pese a muchos, radial: “Massacre volvió, estuvimos alejados por motivos ajenos a la industria discográfica”. Sigue el tema dos, lado A y el uno del B del “Mamut”: “Compulsión” y “Vienen los zombies”. Sobre este último tema, “Fico” se lució.

Se dijo y se repite, ver a Massacre, emociona. Es pionera en Argentina en eso del sonido conocido como «rock de la costa oeste» y el hardocre (T.S.O.L., Dead Kennedys), con reminiscencias al ruido de Detroit (Stooges, MC5, Kiss, Alice Cooper), pero con anclaje en Australia (Radio Birdman). «Atomic, surf, punk», fue definida su música, términos que fueron a parar al compilado «Singles + Covers + Rarities» del 2000. Vueltas del concepto para definir a Massacre llanamente como «skate rock», banda sonora de las pistas de patinetas de fines de los 80s y de las destrezas de ollas con tablas más profesionales. Esta banda fue la primera con el nombre de Massacre Palestina, y de acá se desprende Walas como miembro original, personaje histórico también de culto, conocedor y pasajero del más crudo under porteño y del vértigo.

Recién vamos por el séptimo tema con “Sofía, la super vedette”; y para introducir a “Niña Dios” del álbum “Biblia Ovni” (2015), Walas contó su identificación con Monte Grande como uno de los puntos neurálgicos del rock indie, con visitas a un vecino pionero como lo es Adrián Cayetano Paoletti y a una familia de artistas bohemios apellidados Marotta: “En medio de todo eso, llegaba Palo Pandolfo, que hoy está seguro, al cuidado de la ‘Niña Dios’”. Aplausos, y debuta el tethering, instrumento soviétivo útil para aclimatar en sci-fi.

Sigue “Querida Eugenia”, “El deseo” del álbum “Ringo” y “Río siempre”, con un gran trabajo del “Tordo” Mondello: “No se que pensás vos del dolor, pero a mi por fortuna no me toca ni me mira”. Inmediatamente siguen “Divorcio”, “Heredarán la tierra”, para dar lugar a “Mariposa”, canción nueva, y objeto también, producción craneada en colaboración con Gustavo Santaolalla. “Yo sabía que a la larga, mariposa rondarías mi jardín. Según dicen, soy un gato medio pardo,mariposa, ¿qué te trae entonces por aquí? Mi intención es casi siempre buena”, densidad músical y poética (¿hay algo de Grateful Dead?).

Un clásico, “Juicio a un bailarín” (gran trabajo de batería) y “Maggie May”, popularizado por Rod Stewart (excelente trabajo de guitarra wau wau). Llega “Tanto amor” -tema con el que creo que Walas logra su mejor performance vocal-, y la apocalíptica y profética “La epidemia”, para dar lugar a la falsa despedida y luego el bis con “Te arrepiento”. En el Teatro Greison hubo chicos, fue un show ATP, y ellos saltaron mucho desde sus lugares en el balcón del recinto con “Plan B”.

Y sí, el cierre, tema número 21, es para “otra declaración de principios” y un himno skater de fines de los 80s, épocas de Massacre Palestina y escenarios como el de La Capilla, el Arlequines o Cemento, “Diferentes maneras”: “En la rampa no hay nadie, las pistas desiertas, skaters desaparecidos en acción. No necesitamos la ciudad ni el día, abajo es donde está la diversión. Arriba tus leyes, abajo la acción. Arriba tus modas, aquí la diversión. No necesitamos de tu mundo, no necesitamos nada de vos”.

Fin del show. Barbijos, pero igual se adivina la sonrisa de tod@s.

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