
En el marco del Día Mundial de la Salud Mental, el 10 de octubre, el especialista Daniel Schiro advierte sobre la importancia de desarmar mitos, escuchar sin juzgar y activar redes comunitarias para acompañar a tiempo. La responsabilidad de prevenir no recae solo en el sistema sanitario.
En vísperas del Día Mundial de la Salud Mental, que se conmemora cada 10 de octubre, la prevención del suicidio se consolida como una de las prioridades más urgentes del ámbito socio-sanitario. Ante esta problemática compleja y multifacética, especialistas remarcan que la primera línea de intervención no siempre requiere un título profesional, sino una actitud clave: la disposición a escuchar y tomar en serio cada señal de alerta.
“Toda comunicación relacionada con el suicidio debe tomarse en serio, aunque eso no signifique que quien expresa una idea suicida necesariamente vaya a realizar un intento”, explica Daniel Schiro, psicólogo, investigador, diplomado en Suicidología, docente de UFLO Universidad y trabajador de la salud pública en Neuquén. Según el profesional, minimizar estas manifestaciones bajo el prejuicio de que “solo busca llamar la atención” puede demorar un auxilio crucial.
Derribar mitos para poder acompañar
Uno de los mayores obstáculos en la detección temprana es el temor infundado de que hablar del tema de forma explícita pueda precipitar una tragedia. Schiro es enfático al desmentir este prejuicio: preguntar directamente sobre el suicidio no induce la conducta. Por el contrario, abre un canal seguro donde la persona puede volcar su angustia, sentirse comprendida y dar el primer paso para recibir ayuda.
Entre los indicadores de riesgo se encuentran el aislamiento, el retraimiento, la pérdida de interés por actividades cotidianas, la desesperanza, la sensación de ser una carga y frases contundentes como “ya nada tiene sentido”. Si bien ningún síntoma por sí solo determina una crisis inminente, todos exigen considerar el contexto y acercarse con empatía.
Para quienes integran el entorno cercano, el especialista sugiere evitar comentarios con buenas intenciones pero con efectos contraproducentes, tales como “tenés que poner voluntad”, “no es para tanto” o “hay gente que está peor”. Este tipo de frases suele cerrar el diálogo y profundizar el aislamiento. “La clave no está en tener todas las respuestas, sino en estar disponibles para escuchar, acompañar y construir redes de cuidado”, remarca.
Una responsabilidad comunitaria y transversal
El abordaje del suicidio excede las paredes de los consultorios y las guardias hospitalarias. Por tratarse de un fenómeno multicausal —influenciado por factores psicológicos, sociales, biológicos y ambientales—, su prevención exige un esfuerzo articulado entre las áreas de salud, educación, desarrollo humano, seguridad, municipios y organizaciones de la sociedad civil.
En el caso de la provincia de Neuquén, la red pública dispone de centros de salud, hospitales y dispositivos de salud mental como vías de acceso. Ante riesgos inmediatos, la indicación directa es acudir a una guardia o contactar al servicio de emergencias. Asimismo, se vienen consolidando estrategias territoriales como SaMA+ (Salud Mental Ampliada), que cuenta con equipos interdisciplarios y nodos de atención por demanda espontánea (de 12 a 20 horas) pensados para garantizar el seguimiento posterior a la crisis y evitar que los pacientes queden a la deriva.
El cuidado de la red afectiva y la importancia de la posvención
Sostener a alguien en situación de vulnerabilidad emocional genera un desgaste significativo. Parejas, familiares y amigos suelen experimentar agotamiento, miedo y un estado constante de hipervigilancia.
“Acompañar no significa asumir individualmente la responsabilidad por la vida del otro”, destaca Schiro, haciendo hincapié en la necesidad de distribuir la contención entre referentes afectivos, instituciones y equipos profesionales.
El enfoque preventivo abarca también la posvención: la intervención posterior a una muerte por suicidio. Ante una pérdida, la respuesta institucional no debe limitarse a una charla informativa, sino desplegar un plan de cuidado que contenga a la comunidad, identifique a las personas más afectadas y sostenga el acompañamiento en el tiempo.
Finalmente, el especialista destaca la urgencia de fortalecer la formación continua de docentes, psicólogos y personal de salud para reconocer señales y actuar coordinadamente desde el primer momento. “La posvención no es solamente una respuesta frente a una muerte. Es también una oportunidad para fortalecer los vínculos, reconstruir las redes de cuidado y prevenir nuevos sufrimientos”, concluye.






























