
Bajo la consigna «Vivas, libres y desendeudadas nos queremos», miles de mujeres y disidencias marcharon en todo el país. La conmoción por los recientes femicidios de las adolescentes Agostina Vega y Dulce Candia marcó el pulso de una jornada con fuertes reclamos al Poder Judicial y al desmantelamiento de las políticas de prevención estatales.
A once años de la histórica movilización de 2015 que cambió la agenda pública en la Argentina, una marea humana volvió a tomar la Plaza del Congreso y los principales puntos del país este 3 de junio. La convocatoria de este año combinó la histórica denuncia contra la violencia patriarcal —que se cobra la vida de una mujer cada 31 horas en el país— con un fuerte posicionamiento político frente a la crisis económica y el desfinanciamiento de los programas de acompañamiento a las víctimas.
#SOCIEDAD A 11 años del primer Ni Una Menos: Una multitud colmó el Congreso contra la violencia machista https://t.co/RZDXo1SpPK pic.twitter.com/aSpRDuJrZS
— DataConurbano / NET (@DataConurbano) June 3, 2026
Las veredas de las inmediaciones del Palacio Legislativo amanecieron intervenidas con los rostros de las más de 100 mujeres asesinadas en lo que va de 2026. Con el correr de la tarde, las columnas de organizaciones feministas, sociales, sindicales y miles de manifestantes que se acercaron de forma espontánea desbordaron las avenidas Callao, Entre Ríos y de Mayo, obligando a un fuerte operativo de desvío de tránsito.
El dolor por Agostina y la denuncia a la complicidad judicial
El clima de la marcha estuvo profundamente atravesado por el reciente femicidio de Agostina Vega, la adolescente de 14 años brutalmente asesinada en la ciudad de Córdoba, y de Dulce Candia, de 17 años, en Misiones. La indignación colectiva apuntó de manera directa hacia los funcionarios judiciales responsables de liberar a los agresores.
En la plaza, carteles con los rostros de los fiscales intervinientes reflejaron el hartazgo social. Laura Martínez (30), manifestante presente en la columna central, expresó con crudeza:
«Se viene hablando mucho de que las mujeres marchan hace 11 años, pero necesitamos el acompañamiento de toda la sociedad. Ya sabemos que hay una complicidad intrínseca en el Poder Judicial. Los fiscales que liberan a los violentos tendrían que estar penados, o por lo menos que les veamos la cara. Siguen matando a una mujer por día y la Justicia mira para otro lado».
Por su parte, desde la movilización en Córdoba, la abuela de Agostina Vega alzó su voz para exigir que la investigación avance sobre todo el entorno del principal acusado: «Queremos que escuchen a las mujeres; justicia por mi nieta y que caigan todos los que tengan que caer».
«Construir conciencia en la calle y en casa»
Pese a la crudeza de la estadística y el contexto adverso por el cierre de los ministerios y canales de asistencia como la Línea 144, entre las asistentes persistió una fuerte idea de resistencia y memoria colectiva.
«Vengo porque soy feminista y creo en lo que venimos logrando en este tiempo. Si bien la realidad es muy cruel, estar acá con mis amigas, escucharnos y hablar sobre lo que está pasando te calma un poco y te recarga de energía», detalló Florencia Silvestre (30).
La transmisión intergeneracional de la lucha también se hizo notar en las columnas familiares. Gabriela (47), quien asistió al Congreso acompañada por sus tres hijos, analizó la importancia de no mirar hacia otro lado:
«Es difícil inculcarles a ellos por qué venimos acá, pero me pareció una buena idea que lo vivan personalmente. La consciencia social se tiene que construir; empieza en la calle y en casa. No queremos que pase más lo que está pasando y para eso no hay que invisibilizar».
El impacto económico como factor de violencia
El documento oficial del colectivo Ni Una Menos articuló con fuerza cómo la precarización laboral y la inflación agudizan la vulnerabilidad de las mujeres en los barrios más postergados, donde muchas veces la dependencia económica impide salir del círculo de la violencia. «Con este Gobierno la vida de las pibas importa muy poco», resonó en los discursos, que confluyeron en las calles también con el reclamo de los jubilados, visibilizando una agenda común de emergencia humana.
A 11 años de aquel twit fundacional que encendió la mecha en 2015, el tejido social del feminismo argentino demostró en las calles que, más allá de los retrocesos institucionales y los discursos de época, el grito por la supervivencia sigue completamente intacto.































