
Una inauguración de aulas debería ser, en principio, la celebración de lo común: del derecho a la educación pública, del esfuerzo estatal por garantizar infraestructura escolar, del trabajo docente y de la comunidad educativa. Pero en Quilmes, ese ritual institucional mutó en otra cosa. El discurso de la intendenta Mayra Mendoza convirtió la escuela secundaria Nº16 en una caja de resonancia partidaria, un escenario para la defensa cerrada de Cristina Fernández de Kirchner y una crítica explícita al gobierno nacional de Javier Milei. Por: Sebastián «Tecla» Farias.
Lo interesante —y problemático— no es el contenido del mensaje, sino la apropiación del espacio y del tiempo institucional para una narrativa político-militante que desdibuja los límites entre Estado, partido y territorio. Mendoza no habló como jefa comunal, sino como “orgullosa militante política”, dirigente de La Cámpora, el PJ, haciendo del aula recién construida una suerte de unidad básica simbólica. El eje se corrió: de las políticas públicas concretas al relato confrontativo, del ladrillo a la épica.
#OPINIÓN Mayra Mendoza y una acalorada defensa a CFK en el acto de inauguración de obra de una secundaria: el aula como trinchera simbólica https://t.co/Fzgs6QzUdD pic.twitter.com/VpT8j8Eop3
— DataConurbano / NET (@DataConurbano) June 25, 2025
Cabe aclarar que esta crítica al uso partidario del acto escolar no implica, en modo alguno, una adhesión al actual gobierno nacional ni a su deriva libertaria. Nada más alejado del espíritu de esta columna que validar el ajuste o la indiferencia estatal frente al desmantelamiento de derechos. El punto de tensión está en otro lado: en cómo ciertos gestos bienintencionados pueden ser cooptados por lógicas sectarias, que terminan por erosionar lo público desde un lugar menos obvio.
En su intervención, Mendoza mezcló el deterioro presupuestario educativo con una denuncia de “democracia condicionada”, trazando un paralelismo inquietante entre la actualidad y los momentos más oscuros de nuestra historia institucional. El nombre de Cristina Kirchner apareció no como referente del pasado reciente, sino como “presa política” y emblema de una Argentina desangrada por la desigualdad. “Todo tiene que ver con todo”, dijo la intendenta. Pero no todo vale en todo contexto.
Como advertía Hannah Arendt, “la educación es el punto en el que decidimos si amamos lo suficiente al mundo como para asumir la responsabilidad de él”. ¿Qué responsabilidad se asume cuando se convierte un acto escolar en un acto de liturgia política?
Hay una pregunta que flota: ¿qué lugar queda para quienes no comparten ese marco ideológico, pero sí defienden la educación pública? ¿Qué margen de participación cívica se ofrece si el espacio escolar —teóricamente plural— se convierte en un acto de reafirmación doctrinaria?
Este episodio dice mucho más que lo que pretende denunciar. Porque en nombre de proteger la educación, se corre el riesgo de usarla como trinchera de sentido, relegando a un segundo plano lo que se vino a celebrar: que hay cuatro aulas nuevas, y eso —en este contexto— no es poco.