
Maximiliano Joaquín Gargiulo (33) no era un nombre conocido en los medios nacionales. No había sido viral, no protagonizaba escándalos ni figuraba en campañas. Era sargento de la Policía Local de Lanús, patrullero de rutina, de esos que recorren calles que otros prefieren evitar. Este 19 de agosto murió tras 26 días de agonía, luego de recibir un disparo en la cabeza durante una persecución en Villa Caraza, en el límite difuso entre Lanús y Lomas de Zamora. Por: Sebastián «Tecla» Farias.
La noticia pasó casi desapercibida. Un párrafo en portales, una mención en redes. Pero en el barrio, el eco fue otro: compañeros que lloran sin cámaras, vecinos que recuerdan su saludo diario, familiares que no entienden cómo se puede morir así, en servicio, sin que el país se detenga un segundo.
Territorio sin blindaje
La persecución comenzó por un Volkswagen Golf GTI sin patente. Gargiulo iba en moto, junto a otro agente. El auto huyó, cruzó barrios, esquivó controles. En Villa Centenario, Maximiliano bajó de la moto y corrió a pie tras dos sospechosos. En Conesa al 1200, lo esperaban con un arma. El disparo fue directo. La bala quedó alojada en su cráneo.
No hubo operativo cinematográfico ni despliegue de helicópteros. Solo una ambulancia, un traslado al Hospital Evita, y luego a una clínica en Palermo. La agonía duró casi un mes. El silencio, probablemente mucho más.
¿Quién llora a los que cuidan?
En el conurbano sur, la figura del policía local es ambigua. A veces héroe, a veces blanco de sospechas. Pero Gargiulo no era parte de ninguna trama turbia. Era parte de la trama invisible: la de los que patrullan sin garantías, sin chalecos que detengan balas, sin respaldo mediático.
Dos hermanos fueron detenidos en Florencio Varela como sospechosos del ataque. Pero más allá de la causa judicial, queda una pregunta que no se archiva: ¿cuánto vale la vida de un servidor público cuando cae en territorio caliente?
Filosofía de lo cotidiano
Maximiliano no será tapa de diarios. No habrá placas rojas ni debates televisivos. Pero su muerte interpela. ¿Qué significa “servir” en un país donde el uniforme no garantiza respeto ni protección? ¿Qué responsabilidad tiene el Estado cuando sus agentes mueren en barrios que solo aparecen en los mapas del delito?
En Data Conurbano elegimos contar su historia no como un caso policial, sino como un espejo roto de lo que somos. Porque cada vez que cae un Gargiulo, algo se quiebra en la comunidad. Y si no lo registramos, si no lo lloramos, si no lo nombramos, entonces estamos aceptando que el silencio sea la norma.