
La discusión parlamentaria actual en la Provincia de Buenos Aires en torno al restablecimiento de la reelección indefinida para legisladores, concejales y consejeros escolares —que acaba de obtener media sanción en el Senado bonaerense—, ha vuelto a poner sobre la mesa la discusión en torno a la reelección indefinida de los intendentes. Algo que, luego de la limitación alcanzada en 2016, fue flexibilizado en 2021 y podría discutirse nuevamente de cara a las elecciones de 2027.
Por: Gianfranco Scigliano, Director Nacional de Políticas Públicas, Director de Desarrollo Local, Licenciado en Ciencias Políticas, especializado en Estudios Políticos y maestrando en Administración Aplicada.
Desde una mirada amplia, es cada vez más evidente que, al menos en Occidente, estamos ante un proceso de deterioro de la confianza en las representaciones de poder institucional que tiene como víctima a los sistemas democráticos. Este fenómeno, que tiene raíces profundas y se vio acelerado por transformaciones tecnológicas en las últimas décadas, ha sido denominado como “descontento democrático”[1], llevando a poner en tensión a la democracia misma -y a los principios que la sostienen-, independientemente de su nivel de consolidación en distintas partes del mundo.
En este marco se explica, al menos parcialmente, que el deterioro de las condiciones de vida de gran parte de la población en las últimas décadas sea relacionada -cuando no asociada directamente- a un déficit de la democracia para dar respuesta a los dramas sociales. Sin embargo, hay elementos para considerar que estos no son problemas del sistema democrático per se, sino que son atribuibles a otros factores, y que lo que se necesita no es menos, sino más y mejor democracia.
Para quienes estamos convencidos de que no solo es posible, sino también deseable el vínculo entre democracia y desarrollo, fortalecer las capacidades locales y promover modelos sostenibles, inclusivos y democráticos resulta incompatible con el sostenimiento indefinido de una misma autoridad en el poder. Lejos de fortalecer las instituciones, esta práctica política erosiona uno de los principios fundamentales de la democracia: la alternancia en el poder.
En este sentido, la reinstalación de la reelección indefinida para intendentes en la Provincia de Buenos Aires representaría un retroceso para la consolidación de un sistema más democrático.
Reelección indefinida en Argentina
Debido a las características del federalismo argentino, cada provincia tiene su propio sistema electoral y la normativa sobre reelecciones presenta una gran heterogeneidad entre provincias. En este sentido, las reelecciones no pueden ser entendidas como procesos aislados, que surgen simplemente por los deseos de los mandatarios, sino que la institucionalización (o no) de las reelecciones está vinculada directamente con una carga histórica de los diferentes Estados.[2]
A nivel de gobernación, actualmente solo tres provincias permiten la reelección indefinida: Catamarca, Formosa y Santa Cruz. Por el contrario, Mendoza y Santa Fe imponen el límite más estricto, permitiendo solo un mandato consecutivo, mientras que San Juan habilita hasta tres mandatos consecutivos. En la mayoría de las provincias restantes, el máximo permitido es de dos mandatos consecutivos, lo que establece un criterio moderado de alternancia.
Este mosaico normativo también se replica a nivel municipal. En provincias como Córdoba, Mendoza y Santa Fe, los intendentes están alcanzados por limitaciones similares a las de los gobernadores, prohibiendo la reelección indefinida y garantizando la rotación periódica en el poder local. Por el contrario, en Formosa, Catamarca, Santa Cruz, Santiago del Estero, La Rioja y Misiones, los intendentes pueden ser reelegidos de manera indefinida, consolidando en muchos casos estructuras de poder territorial altamente personalizadas.
Esta dispersión normativa demuestra que la reelección indefinida no es una regla generalizada en Argentina y que existen jurisdicciones, como Buenos Aires, que han avanzado en limitarla tanto a nivel provincial como municipal, promoviendo sistemas de mayor apertura, alternancia y competencia política.
“La democracia se define por la posibilidad de la alternancia”[3]
La importancia de la alternancia en el poder ha sido señalada por diversos teóricos fundamentales de la ciencia política. Por ejemplo, Sartori (1997)[4] sostiene que la alternancia es un mecanismo esencial para evitar la concentración del poder y promover la rendición de cuentas de los gobernantes ante los ciudadanos. En la misma línea, Dahl (1971)[5], en su obra Polyarchy, advierte que una democracia saludable requiere condiciones reales de competencia política y liderazgo alternante, sin las cuales el sistema pierde vitalidad, representatividad y capacidad de renovación. Complementando esta mirada, O’Donnell (1999)[6] alerta sobre los riesgos del “autoritarismo delegativo”, un fenómeno que se manifiesta cuando los mandatarios son ratificados de manera sistemática sin controles institucionales efectivos, generando una gobernabilidad menos transparente y una baja participación ciudadana, especialmente a nivel local.
El impacto de la falta de alternancia no es una hipótesis teórica: en provincias como Formosa, donde la reelección indefinida está habilitada tanto a nivel provincial como municipal, se ha consolidado un régimen de liderazgo hegemónico[7] con más de tres décadas de continuidad de gobierno. Caso que muestra claramente cómo la implementación de la reelección indefinida obstaculiza cualquier intento de alternancia dado que no existe ningún tipo de renovación en el ejecutivo. Este tipo de escenarios tienden a concentrar recursos, limitar la competencia política efectiva y generar apatía ciudadana, afectando la calidad democrática.
En referencia a la tendencia a promover la reelección indefinida en los ejecutivos provinciales, Almaraz (2010) plantea que los gobernadores encuentran incentivos y sustentan estas modificaciones electorales en base a tres poderes: institucional, partidario y económico.[8]
El concepto de “ventaja de los oficialismos” se refiere al bonus electoral del que suelen gozar los partidos y candidatos oficialistas, un beneficio que, en general, es independiente de los atributos personales de los candidatos o del desempeño de los gobiernos. A nivel provincial encuentra en la reelección indefinida uno de sus principales elementos de apoyo, aunque no el único, también se reconocen el uso estratégico del calendario electoral, el mayor acceso a financiamiento o a recursos públicos para difundir mensajes de campaña, y las estrategias para la conformación de la oferta electoral como los lemas o colectoras, entre otras.[9]
A nivel municipal, aunque con menos herramientas que los ejecutivos provinciales, también se identifica este fenómeno de “cancha inclinada” a favor de los oficialismos: entre 1983 y 2015 se realizaron 200 elecciones municipales, en las cuales 131 intendentes buscaron mantenerse en el poder, lográndolo en el 79% de los casos[10]. En el mismo período, los gobernadores en ejercicio se presentaron en 87 oportunidades para renovar sus mandatos, con una tasa de éxito del 86 %. El promedio de victoria superó los 30 puntos, lo que demuestra que la posibilidad de reelegirse no depende únicamente del desempeño, sino de un sesgo estructural que favorece a quienes ya ocupan el poder. En ese sentido, habilitar la reelección indefinida para intendentes profundizaría dicha desigualdad, consolidando una cancha institucional inclinada que restringe la competencia y refuerza el status quo.
En ambas instancias, la alternancia, lejos de ser una formalidad electoral, es una garantía institucional que previene la cristalización de estructuras de poder cerradas y fomenta la circulación de ideas, actores y proyectos, tanto en los gobiernos provinciales como en las administraciones locales.
La situación actual en la Provincia de Buenos Aires
En el caso de la Provincia de Buenos Aires, la Constitución Provincial establece en su artículo N° 123 que “el gobernador y vicegobernador pueden ser reelectos o sucederse recíprocamente, por un nuevo período. Si han sido reelectos o se han sucedido recíprocamente, no pueden ser elegidos para ninguno de ambos cargos, sino con intervalo de un período”. Este límite expresa con claridad la voluntad de restringir la concentración prolongada del poder en la máxima autoridad ejecutiva de la provincia. Sin embargo, resulta llamativo y contradictorio que, mientras la Constitución impide a los gobernadores acceder a un tercer mandato consecutivo, se esté discutiendo hoy día la posibilidad de habilitar la reelección indefinida para intendentes y legisladores. Esta asimetría normativa no solo debilita la coherencia institucional del sistema bonaerense, sino que también abre la puerta a un poder territorial sin límites, desdibujando los principios básicos de alternancia que la propia Constitución busca preservar.
La Ley Provincial N° 14.836, sancionada en 2016 durante la gobernación de María Eugenia Vidal y con el apoyo de otros actores como el Frente Renovador, limita los cargos de intendente, legislador, concejal y consejero escolar a un máximo de dos mandatos consecutivos, con un intervalo obligatorio de cuatro años antes de una nueva postulación. Posteriormente, en 2021, la Ley Provincial N° 15.315 ajustó la retroactividad de la norma para explicitar qué períodos deberían computarse, extendiendo una oportunidad excepcional de reelección para muchos intendentes de un mandato más.
Recientemente, la bancada de Unión por la Patria, que cuenta con 21 de los 46 senadores bonaerenses, logró la media sanción de un proyecto que habilita la reelección indefinida de legisladores provinciales, concejales y consejeros escolares con el apoyo de los bloques Unión, Renovación y Fe (Carlos Kikuchi y Sergio Vargas) y un miembro de la UCR+CF (Marcelo Daletto). Sin embargo, sectores vinculados al gobernador Axel Kicillof y a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner promueven también la posibilidad de extender este beneficio a los intendentes, bajo el argumento de que “a las sociedades con estabilidad política les va mejor”, según expresó el ministro Carlos Bianco. Independientemente del devenir legislativo de este proyecto, la discusión abrió la puerta para que la reelección indefinida de intendentes vuelva a ser debatida en el marco de las elecciones de 2027.
Actualmente, en la Provincia de Buenos Aires, 82 intendentes de distinto signo político (más del 60% del total) se ven imposibilitados de renovar sus mandatos, y sólo podrían aspirar a un mandato adicional si se modificara la legislación vigente. De ese total, 52 pertenecen a Unión por la Patria (UP), 8 al PRO, 17 a la Unión Cívica Radical (UCR), 1 a La Libertad Avanza (LLA) y 4 son vecinalistas. Es en este contexto donde cobra relevancia la discusión actual. Entre ellos hay figuras con gestiones prolongadas como Secco (Ensenada), Ishii (José C. Paz), Valenzuela (Tres de Febrero), Gray (Esteban Echeverría), Lunghi (Tandil), entre otros.
Casos ilustrativos del Conurbano
- Mario Secco (Ensenada, FdT): intendente desde 2003, renovado sin interrupciones por más de 22 años, un ejemplo de la concentración del poder local.
- Gustavo Posse (San Isidro, JxC): gobernó durante 24 años, eclipsando la renovación partidaria y limitando nuevas alternativas locales.
- Fernando Gray (Esteban Echeverría, PJ): intendente desde 2007, reelegido en 2011, 2015, 2019 y 2023, sumando más de 18 años continuos en el cargo.
- Mario Ishii (José C. Paz-PJ): intendente desde 1999 con alternancia dentro del mismo partido en el período 2011-2015, sumando 22 años en el cargo.
Casos ilustrativos del Interior
- Miguel Ángel Lunghi (Tandil, UCR): gobierna ininterrumpidamente desde el 2003, acumulando más de 22 años de gestión, siendo un ejemplo de permanencia prolongada en un municipio intermedio.
- Carlos Gorosito (Saladillo, UCR): gobernó la localidad durante 24 años consecutivos (1991-2015), representando un claro caso de continuidad en un municipio pequeño.
- Ricardo Alessandro (Salto, PJ): intendente durante más de 20 años, con gestiones alternas que reflejan cómo el poder se recicla en estructuras locales de larga data.
El fenómeno de continuidad en el poder trasciende los colores políticos y se manifiesta tanto en municipios pequeños como en grandes conglomerados urbanos. La reelección indefinida no distingue entre partidos ni escalas territoriales: se presenta como una tentación para distintos espacios y líderes locales, independientemente de su signo político o del tamaño de su municipio. Esto da cuenta de que estamos ante un problema estructural, no exclusivo de una fuerza política ni de una región determinada.
Impactos concretos en la gestión municipal
La reelección indefinida genera impactos directos y visibles en la gestión local. En primer lugar, la innovación suele quedar frenada. La repetición de los mismos liderazgos por períodos prolongados tiende a cristalizar las agendas de gobierno, priorizando estrategias de conservación del poder por encima de proyectos de renovación o transformación que respondan al bien común. Por el contrario, en municipios donde sí existió alternancia, como en Rosario tras los cambios de gestión entre el socialismo y otras fuerzas locales, se observó la incorporación de políticas novedosas en seguridad urbana y movilidad sustentable que revitalizaron la gestión municipal.
Otro efecto evidente es el bloqueo de nuevos liderazgos. Mujeres, jóvenes y referentes territoriales emergentes ven restringidas sus posibilidades de acceder a cargos cuando los espacios de poder se encuentran monopolizados por figuras que se perpetúan en el tiempo. En contraste, en ciudades como Godoy Cruz (Mendoza), donde la alternancia y la limitación de mandatos están vigentes, la apertura permitió la llegada de nuevas generaciones y la promoción de liderazgos femeninos, enriqueciendo la representación local.
Además, los incentivos institucionales se distorsionan. En contextos de reelección indefinida, las gestiones locales tienden a orientar sus prioridades a sostener electoralmente sus estructuras antes que a mejorar servicios públicos, infraestructura o calidad institucional. Los municipios con rotación de liderazgo, como Villa María (Córdoba), han logrado consolidar políticas urbanas y educativas de largo plazo sin depender de figuras políticas hegemónicas.
Por otro lado, la debilidad institucional se profundiza cuando el poder no se renueva. Con poca alternancia, se reduce la transparencia, se debilitan los controles ciudadanos y suelen proliferar prácticas corporativas que capturan el aparato estatal. Allí donde la alternancia funciona, los sistemas de control, la auditoría social y la competitividad política se ven fortalecidos, elevando la calidad democrática, el desarrollo económico y la eficiencia de la gestión local.
El politólogo Andrés Malamud sostiene que «la alternancia es la condición básica de la democracia: cuando los gobernantes se vuelven permanentes, la política deja de ser competencia y se transforma en administración de feudos» [11].
La preocupación no es meramente teórica, como ya hemos señalado. Provincias como Santa Fe y Mendoza han establecido límites claros a las reelecciones consecutivas de sus gobernadores e intendentes, con efectos positivos sobre la renovación política y la rotación de liderazgos locales. Estos modelos demuestran que limitar los mandatos no debilita la gestión, sino que fortalece la calidad democrática y promueve una mayor participación ciudadana. La experiencia comparada deja en evidencia que los intentos por re-instalar la reelección indefinida en la provincia de Buenos Aires no responden a una necesidad institucional, sino a una estrategia orientada a conservar el poder dentro de estructuras políticas cerradas.
Las propuestas que se presenten deben apuntar a recobrar la dinámica institucional, estimular la competencia política y asegurar renovaciones genuinas en el liderazgo local.
El valor de la alternancia
La reelección indefinida no solo representa un obstáculo para la democracia, sino que también constituye una amenaza para la calidad de la representación, la circulación de liderazgos y la vitalidad de las instituciones locales. Lejos de ser un mecanismo de estabilidad, se convierte en una estrategia para consolidar poderes cerrados, desincentivar la competencia política y dificultar la llegada de nuevas voces a la esfera pública.
Las normas actuales que limitan los mandatos consecutivos no son trabas o restricciones arbitrarias, sino herramientas fundamentales para garantizar un sistema más abierto, dinámico y equitativo. La experiencia comparada demuestra que la rotación periódica en el poder no solo fortalece las instituciones, sino que promueve gestiones de mejor calidad, un mayor control ciudadano y genera mejores condiciones para el desarrollo local sostenible.
El desafío no radica en sostener liderazgos individuales, sino en construir reglas que aseguren la renovación, la competencia y la participación efectiva. Apostar por la alternancia es, en definitiva, apostar por democracias más transparentes, más justas y más capaces de dar respuesta a las demandas de sus comunidades.
Es tiempo de reforzar la institucionalidad, no de debilitarla. Es tiempo de renovar los liderazgos, no de perpetuarlos.
Notas
[1] Sandel, M. J. (2023). El descontento democrático: En busca de una filosofía pública (A. Santos Mosquera, Trad.). Editorial Debate.
[2] Jacobsohn, I. (2021). Los efectos heterogéneos de la reelección indefinida en la competencia política en provincias argentinas. Los casos de Catamarca, Santa Cruz y Formosa. Revista Pilquen. Sección Ciencias Sociales. Ene-mar 2021.
[3]Leiras, M., Malamud, A., y Stefanoni, P. (2016). ¿Por qué retrocede la izquierda? Serie La media distancia. Capital Intelectual.
[4] Sartori, G. (1997). Ingeniería constitucional comparada. Fondo de Cultura Económica.
[5] Dahl, R. A. (1971). Polyarchy: Participation and Opposition. Yale University Press.
[6] O’Donnell, G. (1999). Horizontal Accountability in New Democracies. Journal of Democracy, 9(3), 112–126.
[7] Desde 1995 hasta la actualidad Gildo Insfrán es el gobernador de la provincia, convirtiéndose en el ejecutivo con más años en el cargo desde el retorno de la democracia.
[8] En Jacobsohn, I. (2021). Los efectos heterogéneos de la reelección indefinida en la competencia política en provincias argentinas. Los casos de Catamarca, Santa Cruz y Formosa. Revista Pilquen. Sección Ciencias Sociales. Ene-mar 2021.
[9] CIPPEC (2016). La ventaja de los oficialismos en las provincias argentinas.
[10] Schiumerini, L., y Page, M. (2012, diciembre). El efecto “cancha inclinada”: ventajas del oficialismo en la política de las provincias argentinas [Análisis]. CIPPEC.
[11]Leiras, M., Malamud, A. y Stefanoni, P. (2016). ¿Por qué retrocede la izquierda? (p. 47). Ciudad de Buenos Aires: Capital Intelectual.