
La gestión de Javier Milei celebra la caída sostenida de la inflación, que pasó de 25,5% en diciembre de 2023 a 1,6% en junio de 2025, según cifras oficiales del INDEC. La curva descendente es presentada como un logro técnico sin precedentes. Pero detrás del número, se impone una pregunta: ¿Cuál es el precio real de esta estabilización? Por: Sebastián «Tecla» Farias.
El plan económico libertario se consolidó con un ajuste fiscal de gran magnitud, cuyos efectos no tardaron en manifestarse:
- Más de 52.000 despidos en la administración pública nacional (según datos sindicales).
- Cierre de al menos 100 organismos públicos, en áreas clave como salud, cultura y ciencia.
- Interrupción en la entrega de medicamentos oncológicos y tratamientos crónicos.
- Universidades sin presupuesto operativo, al borde del colapso institucional.
- Jubilaciones estancadas y recortes en prestaciones sociales.
- Cierre de más de 12.000 PYMES en el primer semestre del año (informe de CAME).
- Retiro de empresas extranjeras, como BASF, Edding y Danone, por falta de condiciones estables.
El costo oculto de la desinflación
La baja inflación no ocurrió en un vacío técnico, sino en una economía que se enfría, se paraliza y se achica.
Según el Observatorio de la Deuda Social de la UCA:
- La pobreza urbana trepó al 52,3% durante el primer semestre de 2025.
- La indigencia alcanzó el 18,4%, con especial afectación en infancia y tercera edad.
- El salario mínimo perdió más del 60% de su poder adquisitivo desde diciembre de 2023.
En este escenario, la estabilidad monetaria convive con un desorden social creciente, y el éxito técnico se mezcla con un retroceso estructural.
Estabilización ¿o espejismo?
Economistas advierten que la inflación no desapareció: fue desplazada a otros indicadores como el aumento sostenido de tarifas, la cotización del dólar paralelo, la informalidad laboral y la desigualdad.
La baja en los precios, celebrada por el Gobierno, no se traduce en recuperación del consumo ni en mejora de ingresos reales.
Ya el psicoanalista y psicólogo social alemán, Erich Fromm, cruzó el campo de estudio pero continió sobre la psiquis que moldea el ser y sentir humano: “La economía como esencia de la vida es una enfermedad mortal, porque un crecimiento infinito no armoniza con un mundo finito.”
¿Proyecto de país o pausa transitoria?
Reconocer los avances técnicos es válido. Pero ningún gráfico estético puede ocultar el impacto social del ajuste. La desinflación construida sobre el debilitamiento del tejido productivo y el abandono de políticas de protección despierta dudas profundas:
¿Es parte de un verdadero proyecto de desarrollo o una ficción temporaria que posterga lo inevitable? Porque, como bien señala esta opinión:
No hay estabilización verdadera si no hay futuro para quienes habitan el presente.