El telón de los símbolos: Cuando los candidatos desaparecen y la campaña se vuelve un plebiscito de fantasmas y miedos

En la campaña electoral del conurbano algunos espacios se despojan de sus candidatos locales para convertirse en una batalla de narrativas nacionales. Afiches sin nombres, pero con la caras de Milei y el nombre de Cristina, buscan movilizar el voto a través del miedo, la bronca y un clivaje emocional que ignora lo territorial. En un escenario donde el golpe de efecto reemplaza a la propuesta, la pregunta de los vecinos queda sin respuesta: ¿quién se ocupará de los problemas reales? Por: Sebastián «Tecla» Farias.

En Esteban Echeverría, los afiches de La Libertad Avanza gritan “Kirchnerismo Nunca Más” con la cara de Javier Milei en primer plano. No hay rastro de Marcelo Mazzeo, el candidato local, al menos en esta etapa de campaña. En Quilmes, el oficialismo responde con carteles firmados por Cristina Fernández de Kirchner que acusan: “Milei te endeuda cada día más”. El cierre, un “VOTÁ” solitario, sin nombres ni cargos.

Ambos afiches comparten una peculiaridad: no hay candidatos visibles. Se habla de Milei, que no compite, y de Cristina, que tampoco. ¿Qué estrategia hay detrás de esta invisibilización territorial?

La frase “Kirchnerismo Nunca Más” no solo evoca el slogan del Nunca Más del informe de la CONADEP, sino que busca instalar un clivaje emocional, casi fundacional. Es una campaña que no propone, sino que exorciza. En ese marco, los candidatos locales se diluyen: no importan los nombres, importa el rechazo.

Del otro lado, Cristina aparece como voz de advertencia. Su intervención no es casual: busca reactivar el voto duro, ese que podría estar desmovilizado por el desencanto o la falta de figuras convocantes. El metamensaje es claro: si no votás, gana Milei. Y si gana Milei, te endeuda.

En diálogo con Sin Retorno Streaming, un concejal lo resumió con precisión: “Se plebiscitan las gestiones”. Punto.

Pero a esto, también se plebiscita el miedo, la bronca, la memoria. La campaña se nacionaliza, se dramatiza, y se aleja de lo local. Los afiches no informan, interpelan. No presentan candidatos, presentan fantasmas.

El filósofo Arthur Schopenhauer, en El arte de tener razón, advertía que en los debates públicos muchas veces no se busca la verdad, sino la victoria. Las campañas actuales parecen confirmar esa tesis: se privilegia el golpe emocional sobre el argumento, el slogan sobre la propuesta. La frase eficaz reemplaza al contenido. Y el afiche se convierte en un uppercut simbólico.

A su vez, el consultor Carlos Fara sostiene que “cuando el clima social está cargado, los candidatos se vuelven secundarios frente a los símbolos que movilizan”. En ese sentido, la figura de Milei funciona como catalizador de rechazo, mientras Cristina opera como escudo de identidad. Lo que se juega no es solo quién encabeza una lista, sino qué narrativa se impone.

Entre la polarización y el silencio

La campaña se volverá un campo de batalla simbólico donde los extremos se gritan, pero pocos escuchan. La polarización no solo ordena el voto, también lo desgasta. Cuando todo se reduce a Milei o Cristina, a “Nunca Más” o “Te endeuda cada día más”, lo que queda afuera es la vida cotidiana, la política concreta, la representación barrial.

En ese ruido, crece el silencio. La apatía no es indiferencia, es hartazgo. Es el síntoma de una ciudadanía que no se siente convocada, ni por los fantasmas del pasado ni por las promesas del futuro. Votar deja de ser un acto de esperanza y se convierte en una obligación sin entusiasmo.

Montesquieu lo advirtió hace siglos: “La tiranía de un príncipe en una oligarquía no es tan peligrosa para el bienestar público como la apatía de un ciudadano en una democracia.” La frase resuena hoy con fuerza. Porque si los candidatos no aparecen, si las gestiones no se explican, si las propuestas no se discuten, entonces el voto se vuelve un acto vacío. Y ahí, la democracia pierde algo más que una elección: pierde sentido.

Entre el ruido de los extremos y el desencanto

Mientras los afiches gritan consignas sin candidatos, los datos muestran otra cara de la campaña: el silencio creciente de quienes eligen no participar. En la provincia de Buenos Aires, más del 12% del electorado está entre el voto en blanco, la abstención o la indecisión, según encuestas de Giacobbe & Asociados y CB Consultora. La participación podría caer por debajo del 65%, muy lejos del histórico 77%. La jueza Hilda Kogan lo advirtió: la baja asistencia es hoy “la mayor preocupación”.

Esta desafección no es indiferencia, es agotamiento. Como señala el politólogo Facundo Cruz, el impacto de la apatía varía según el perfil del votante: si se retraen los sectores populares, pierde Fuerza Patria; si se retraen los jóvenes de clase media, se debilita La Libertad Avanza. Pero más allá del cálculo electoral, lo que está en juego es el vínculo entre ciudadanía y política. Volviendo a Montesquieu quien lo dijo con crudeza: “La apatía de un ciudadano en una democracia es más peligrosa que la tiranía de un príncipe.” Y hoy, ese peligro se siente en cada esquina donde los afiches hablan, pero los vecinos ya no escuchan.

En Data Conurbano nos interesa tu opinión

Deje su comentario aquí
Ingrese su nombre