A seis años del «Día Cero»: La cicatriz de la cuarentena

Vergüenza: Texto que dejaron vecinos en el hall del edificio Solanas de Monte Grande. Escrachaban a una trabajadora del Hospital Italiano señalándola como "persona de riesgo". Era abril del 2020.

El 20 de marzo de 2020, Argentina se detuvo. Lo que nació como una pausa sanitaria se convirtió en un experimento social de meses. Entre el olor a alcohol en gel y el silencio de las persianas bajas, hoy recordamos cómo el Conurbano le puso el cuerpo a la crisis entre la entrega heroica y el miedo más oscuro.

Por: Sebastián «Tecla» Farias

Hay olores que no se olvidan: la lavandina al 10% y el alcohol en gel impregnado en las manos hasta agrietarlas. Hoy, a seis años de aquel viernes donde el país se guardó bajo llave, la memoria retrocede a un paisaje que parece sacado de una distopía, pero que fue nuestra cruda realidad.

El espejo de Europa: El aviso que llegó desde Italia

Antes de que el silencio se apoderara de la Avenida Meeks o la peatonal Laprida, el miedo ya tenía voz de mujer. Desde el norte de Italia, una vecina de Lomas de Zamora nos enviaba una crónica que funcionaba como un diario del futuro.

En aquel entonces, Data Conurbano publicaba el relato de esta lomense que describía calles desiertas y el sonido incesante de las ambulancias en una Italia que colapsaba. «Acá la gente todavía no toma conciencia», advertía ella, mientras nosotros, del otro lado del océano, todavía mirábamos el virus como algo lejano, casi cinematográfico. Ese testimonio fue el primer golpe de realidad para muchos vecinos: lo que pasaba en el Viejo Continente no era una ficción, era el tráiler de lo que nos tocaría vivir semanas después en nuestras propias barriadas (ver nota click acá).

El Conurbano: El frente de batalla donde «el virus ganaba»

Mientras en las conferencias de prensa se hablaba de curvas y filminas, en el territorio la realidad era más áspera. Como bien relataste en aquel entonces, el gobernador Kicillof advertía junto a los intendentes que «el virus estaba ganando» y se resistía a las aperturas.

Pero el aislamiento no era igual para todos. Las notas de Data Conurbano de aquel entonces daban cuenta del drama de los vecinos de Fiorito, aislados en el Club Gimnasia y Esgrima de Lomas, gritando una verdad incómoda: «Acá no hay condiciones para atender a gente enferma». La precariedad habitacional del Conurbano chocaba de frente con el eslogan de «quedate en casa» (ver nota click acá).

El contraste de Guernica: Cuando el «quedate en casa» no tenía techo

Pero la pandemia no solo se vivió en los balcones o en las colas de los bancos. Para miles de familias del Conurbano, el aislamiento fue el detonante de una crisis habitacional sin precedentes. El caso de la toma de tierras en Guernica, en el partido de Presidente Perón, se convirtió en el símbolo más doloroso de esa fractura social.

Mientras el país cumplía meses de encierro, miles de personas sin techo intentaban levantar un hogar en un predio baldío. La respuesta estatal, lejos de la contención sanitaria, terminó en un desalojo violento. Como reflejó Data Conurbano en aquel entonces, la policía no solo avanzó sobre las casillas, sino que golpeó y detuvo a alumnos de centros de estudiantes que acampaban en apoyo a las familias (ver nota click acá).

Los héroes con nombre propio y el dolor de la pérdida

La pandemia tuvo mártires. No fueron solo estadísticas en un reporte nocturno; fueron personas como la enfermera del Hospital Gandulfo de Lomas de Zamora, cuya muerte por Covid-19 sacudió a toda la región (ver nota click acá).

Eran tiempos de contrastes feroces. Por un lado, veíamos el compromiso de voluntarios, como los que acompañaban a Cascallares en Almirante Brown (ver nota click acá), asistiendo a quienes no tenían nada. Por otro, la oscuridad del miedo vecinal. En Monte Grande, una trabajadora de la salud tuvo que enfrentar una «caza de brujas» en su propio edificio. La acusaron de no cumplir la cuarentena simplemente por salir a salvar vidas. Como escribiste en ese momento: «Crean fantasmas donde no los hay». Pasamos del aplauso en el balcón al escrache en el palier en menos de 24 horas (ver nota click acá).

«Un grito desesperado»: ¿Qué nos quedó de aquel encierro?

Tu columna «Un grito desesperado desde el Conurbano» resuena hoy con una vigencia escalofriante. En aquel momento, la angustia no era solo por el virus, sino por el hambre, la incertidumbre y la sensación de una «historia incompleta» (ver nota click acá).

Los datos que dejó el parate:

  • Comercios borrados del mapa: El paisaje comercial de Monte Grande y Lomas cambió para siempre. Persiana que bajaba, difícilmente volvía a subir. Se estima que el 9,9% del PBI nacional se evaporó ese año.

  • La esperanza en una ampolla: El inicio de la vacunación, con los primeros 100 mil bonaerenses inscritos para la Sputnik V, marcó el principio del fin de la pesadilla, pero no el fin de la división política.

  • La distancia social como norma: Los cuadraditos de cinta adhesiva en las veredas de los bancos y el saludo con el codo se volvieron gestos mecánicos de una sociedad herida.

¿Volvimos mejores?

A seis años, la respuesta parece estar en ese «grito». No volvimos mejores ni peores; volvimos más frágiles y más impacientes. La pandemia no fue el gran igualador; fue un microscopio que amplificó las desigualdades y las bajezas, pero también la resiliencia de quienes, en el peor momento, eligieron ayudar.

Hoy las calles rugen de nuevo, el barbijo es un recuerdo en el fondo de un cajón y el alcohol en gel ya no es un tesoro de guerra. Pero la cicatriz sigue ahí, recordándonos que el hilo que sostiene nuestra normalidad es mucho más delgado de lo que creíamos aquel 20 de marzo de 2020.

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