
En octubre de 1913 se pide la electrificación que no logra concretarse, sí llegan más servicios a cada hora hasta el Anexo del Hospital Español. Este transporte unió Turdera con la estación de Temperley hasta los albores de la década de 1920.
Por: Federico Gastón Guerra, periodista, escritor, investigador e historiador
El Tranvía a Caballos de Turdera fue por varios años un visitante asiduo de las calles de la ciudad hasta los albores de los años 20. Los coches eran tirados por caballos y llegaba hasta la estación de Temperley donde los pasajeros en su gran mayoría se bajaban allí para tomar el tren.
El arquitecto e historiador Luis Letizia afirma que «Letizia en un artículo de investigación amplía: «El 30 de octubre de 1913 se pide extensión de nuevos ramales y su electrificación. Llegan los servicios a cada hora hasta el Anexo del Hospital Español de Temperley a partir del 8 de febrero de 1914, un año después de la habilitación del mismo».
«Con la idea de favorecer la rápida urbanización de la Villa, Don Riziero tiende un tranvía de tracción a sangre para unir la estación Temperley con la naciente Villa, habilitado el 17 de junio de 1910», explica Letizia
A este emprendimiento lo operaba la empresa Tramways de Villa Turdera, perteneciente a la administración del loteo que dio origen a la localidad, agrega el portal tranviasdecordoba.org.ar
Según me narró el historiador Aquilino González presidente de la Asociación Amigos del Tranvía: «Había un pequeño apeadero del tranvía en la esquina de 9 de Julio y Vicente López justo enfrente la quinta de los Preti. Desde allí el tranvía se dirigía hasta 25 de Mayo para terminar en la estación ferroviaria de Temperley» .
La terminal en Turdera de este medio de transporte estaba en la manzana irregular formada por las esquinas Avenida Luis Puig, Santo Tomás y Alvarado (allí actualmente está la sala de Primeros Auxilios General Don José de San Martín).

Manuel Severi, vecino de Turdera reflejó una anécdota en la antigua revista San Pablo de la ciudad: «Quién no recuerda a la vez, a más de una vecina que detenía la marcha del tranvía con la justificada protesta de más de un pasajero en apuros, para pedirle al conductor que le trajera de la farmacia de Duchini un paquete de algodón, o $0.20 centavos de sal inglesa».
«O bien La Prensa, o cualquier otro menester, que tan bien y con buena voluntad se prestaban a hacer los muchachos que gobernaban la yunta mala cara de la ya destartalada carroza», recordaba.
Tradiciones cotidianas de la vida de dos pueblos que respiraban aires campestres y latían a otro ritmo.
La guerra del agua
Los muchachos del Centenario Football Club, antecesor del Club Atlético Temperley, tenían su cancha pegado al Teatro Colón de Turdera.
Cierto es que artistas y futbolistas pujaban por darse un baño: “Otro tema era el agua, ésta muchas veces era cortada por el teatro, ya que había un solo molino que abastecía a las dos fracciones y la prioridad del agua era para el público y/o los integrantes de la compañías teatrales», me confió hace años el gran historiador Luis Guido Tomasi.
«Esto impulsaba a los jugadores a subirse al tranvía a caballos que pasaba a metros del potrero e iban a la casa de los Preti a protestar así sucios como estaban por la falta del elemento vital, tanto para saciar la sed como para asearse”, detalló Tomasi.