
Fundada el 30 de enero de 1910, la ciudad más pequeña del partido de Lomas de Zamora celebra un nuevo aniversario recordando sus orígenes, el trazado urbano, el ferrocarril, sus pioneros y el vínculo literario con Jorge Luis Borges.
Por: Federico Gastón Guerra
El 30 de enero de 1910 hubo fiesta grande al sur del Gran Buenos Aires. A veinte kilómetros de la actual Ciudad Autónoma de Buenos Aires nacía Villa Turdera —luego convertida en ciudad— en el partido de Lomas de Zamora. La ceremonia comenzó puntualmente a las 16.30 y convocó a una multitud inusual para aquellos parajes aún silenciosos. “Los coches eran insuficientes”, registró el diario La Unión en su edición del 1° de febrero de ese año.
La importancia del acto quedó reflejada en la adhesión del entonces presidente de la Nación, José Figueroa Alcorta, y en una celebración que se extendió hasta la noche en la residencia de las hermanas Inés y Eugenia Turdera, propietarias de las tierras. Hubo acta fundacional, autoridades, periodistas de revistas como PBT y Caras y Caretas, banda de música oficial, un abundante lunch y la entrega de medallas conmemorativas.
Aunque su fundación formal data de 1910, la historia de Turdera comenzó algunos años antes. Hacia 1907, la zona era conocida como la Loma de las Hormigas, nombre que respondía a su elevación —unos 25 metros sobre el nivel del mar— y que marcaría para siempre su identidad y su fisonomía urbana.
Esa altura explica una de las particularidades más recordadas del lugar: la estación Turdera, inaugurada hacia 1909, fue construida por debajo del nivel del terreno. Vecinos e historiadores coinciden en que fue excavada con maquinaria de la época y pico y pala.
Tras el primer remate de terrenos en 1908, la naciente villa comenzó a consolidarse. El 30 de enero de 1910 se colocó la piedra fundamental de la Iglesia Conversión de San Pablo y, meses más tarde, el Honorable Concejo Deliberante de Lomas de Zamora aprobó oficialmente el trazado del pueblo. En esos años también se inauguró el tranvía a caballo que unía Turdera con Temperley y el Hospital Español, servicio que funcionó hasta 1924.
El crecimiento se expresó rápidamente en obras y símbolos: la construcción del Teatro Colón, inaugurado en 1913; el templo parroquial Conversión de San Pablo; casonas familiares; y la cancha del Club Atlético Temperley —entonces Centenario Football Club— ubicada en la esquina de San Lorenzo y Agüero. El constructor Riziero Preti fue una figura central de ese proceso. Su hija, María Preti, recordaría tiempo después que “a los compradores se les financiaban los terrenos y se les entregaban ladrillos para garantizar viviendas sólidas y duraderas”.
La Primera Guerra Mundial, junto con la muerte de las hermanas Turdera y del propio Preti, marcó un punto de inflexión en la vida de la localidad. El teatro y el tranvía quedaron atrás y la iglesia estuvo a punto de ser rematada, salvada de manera providencial por la benefactora Adelia María Harilaos de Olmos.
En uno de los márgenes de Turdera, junto a las vías del ferrocarril, vivieron los hermanos Iberra, personajes que Jorge Luis Borges inmortalizó en su Milonga de dos hermanos. El escritor visitó la ciudad en 1969, firmó libros en una librería local y dejó constancia de su vínculo con el sur bonaerense y sus caminatas interminables.
Con el paso de las décadas, Turdera fue dejando para el recuerdo el barro de sus calles y consolidando su vida urbana. En los años setenta, los vecinos comenzaron a movilizarse para que la villa obtuviera el rango de ciudad. El 30 de octubre de 1974, la Legislatura bonaerense la declaró oficialmente ciudad.
Quedan también las postales cotidianas: los almacenes de ramos generales, como el histórico boliche de Benito Patetta sobre la avenida Hipólito Yrigoyen, o el almacén Río de la Plata, abierto desde 1910 en la esquina de 9 de Julio e Yrigoyen.
Pequeños hitos de una comunidad que, a 116 años de su fundación, sigue construyendo identidad entre la memoria, la palabra y la historia compartida.
Turdera: nacida en verano, por Federico Gastón Guerra
Nací en febrero con un Febo abrasador,
como Turdera que se gestó un verano.
Hoy quiero dibujarte en versos lo mejor,
para pintar con palabras tu ayer aldeano.
Turdera, ciudad pequeña,
corazón grande.
Barrio nacido en la altura
de una lomada que era de hormigas.
Ya sos un puñado de artistas, cultura
y plátanos de la plaza.
Orquesta estable de tus primeros domingos
y un aire de gente buena.
Tranvía, caballos, Borges, la Costa Brava
y los almacenes.
Una cerveza en el patio
y el recuerdo de aquel teatro.
Ciudad con murmullo joven de primavera,
y esa estación que pareciera esconderse.
Iglesia que en Dios termina
y una plaza que juega siempre.
Turdera de aquellos veranos,
quintas y jazmines en tus jardines.
Hoy queda todo ese aroma
que se confunde en un recuerdo.
Poetas que te escribieron,
bohemios que te soñaron
y alumnos que te recitaron
a tus coquetos encantos.
Historias del 900 del siglo que ha pasado,
presente que imaginaron
aquellos que te gestaron
en un gran sueño dorado.


































