
Valora mucho la formación recibida y las oportunidades laborales que esto le abrió, basado en un perfil técnico amplio y abarcador, que hoy apuntala su desempeño como representante argentino y de América Latina en un organismo especializado de la FAO.
En esta nueva edición del ciclo Cosecha Propia, el espacio de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora (Agrarias-UNLZ) en la que participan profesionales graduados de la casa de estudio, el ingeniero Zootecnista Carlos Reising cuenta sobre el trabajo que está realizando como coordinador del área de Desarrollo Rural del INTA Bariloche.
Además, repasó sus años como estudiante de la UNLZ, cómo fue venir desde el sur del país a estudiar en Lomas de Zamora, y cómo el camino profesional lo llevó a involucrarse en un intenso trabajo técnico-profesional como representante de Argentina y Latinoamérica en el Grupo de Trabajo Técnico Intergubernamental sobre Recursos Genéticos Animales de la FAO, el organismo sobre alimentación, dependiente de la Organización de las Naciones Unidas.
– ¿Cómo te acercaste a la facultad y cómo fue ese tránsito, en los tramos iniciales de la carrera?
Honestamente, al principio no sabía que existía la carrera Zootecnia, ni siquiera la palabra zootecnia. Soy nacido y criado en las cercanías de Bariloche, toda mi familia es de esa zona y siempre estuve atraído por la ganadería. Eso me llevó a indagar sobre diferentes ofertas en las carreras cuando decidí dar el paso de estudiar en la universidad.
Empecé a averiguar mucho sobre agronomía, la agronomía por sí misma no me atrajo, no me abrazó, en el mejor de los sentidos. También me atraía mucho la veterinaria, pero no quería ser médico veterinario, particularmente porque siempre me gustó la producción y de repente apareció en el mapa esa palabrita mágica “zootecnia” y descubrí que existía en Lomas de Zamora y en Tucumán. Por cuestiones de distancia, lo primero que hice fue averiguar en Lomas de Zamora, tuve la oportunidad de visitar la facultad y me gustó mucho el ambiente. En ese momento estaba en el casco viejo, en Santa Catalina, y la verdad que el lugar era mágico y muy bonito.
Y ahí te viniste a Lomas…
Cuando uno es del interior se enfrenta a desafíos bastante interesantes. Vengo de familia de docentes, con recursos ciertamente limitados, trabajo desde los 14 años y el desafío era, bueno, “vayas dónde vayas, ¿cómo haces para mantenerte?”
Y se conjugaron varias cosas. Justo un amigo, de un amigo, de un primo mío que venía a Patagonia todos los veranos, me dijo «venite a mi casa, probás, no tenés que pagar nada». Terminé aterrizando en un segundo hogar ahí. Él era más grande que yo y estaba de novio, finalmente al poco tiempo se fue a vivir con la novia, y me quedé con la madre, mi segunda madre. Fue una convivencia muy hermosa, una experiencia muy linda y ahí encaramos el desafío. Descubrí una carrera que me gustó y que me dio muchas herramientas.
¿Qué te dejó el paso por la universidad?
Un gran aprendizaje que me dejó en la universidad es, metodológicamente, saber dónde buscar la información que te falta. A mi modo de ver y humildemente, uno no necesita ser un cráneo en todo, o saber todo de todo, pero sí tenés que saber tus limitaciones, tus alcances y eventualmente saber con quién conectarte o dónde buscar la información que precisás.
Nuestra disciplina es superamplia, esa amplitud también tiene sus especificidades. Entonces, para mí el mayor aprendizaje es tener la capacidad de saber dónde buscar la información y el complemento profesional que te falta, para poder armar la escena desde la mirada del zootecnista, que justamente tiene una mirada integradora.
Manos a la obra
¿Hoy estás trabajando en ganadería, en recursos genéticos?
Como para hacer la bisagra entre la formación y la actualidad, hice el doctorado en Ciencias Agrarias y Forestales siendo mi tesis sobre recursos genéticos. Desde la facultad tuve una inquietud en la adaptación de los recursos genéticos locales y también el saber hacer de la gente, porque están íntimamente vinculados con un conocimiento local regional muy fuerte.
En el marco del INTA tuve la oportunidad de trabajar en distintos ambientes, por ejemplo, en el norte neuquino con el sistema caprino transhumante, basado en la raza criolla neuquina. Fue un trabajo fantástico de caracterización del recurso genético, donde se puso en valor la gente, la cultura territorial y la historia que hay en ese rico territorio con las características diferenciales, no solo del sistema de producción, sino de la cabra criolla neuquina.
A partir de ello vino el desafío de abordar una denominación de origen, por ejemplo, para poner en valor un producto y una estrategia de conservación de la raza, a través de una diferenciación del producto y el sistema de vida asociado, en una región determinada.
Como equipo hemos trabajado desde caracterización del sistema productivo, calidad de carnes, caracterización de la raza, estamos hablando de morfometría, hasta inclusive aportes a la legislación nacional, dado que no había una reglamentación de la ley nacional sobre denominaciones de origen e indicaciones geográficas para productos alimenticios.
¿ Cuál es el foco principal en la actualidad?
Es con la red de recursos zoogenéticos, donde hay ovinos, caprinos, bovinos, melipónidos (abejas), y particularmente nos hemos propuesto como prioridad este año ponerle foco a los bovinos criollos. Y ahí hacemos el enlace con la UNLZ, que cuenta con un núcleo de conservación del criollo biotipo patagónico, bovino criollo argentino, y tiene un trabajo superinteresante asociado a ello.
¿El INTA tiene centros en otras localidades del país, desarrollándose a la par?
En su organización programática el INTA prioriza lo que conocemos como la Red de Recursos Genéticos, donde se trabaja explícitamente en lo que es la conservación y eventualmente el mejoramiento de distintas razas localmente adaptadas y otras razas. Bovinos, ovinos, caprinos, apis, melipónidos son como las estrellitas de la red.
Entre los zoogenéticos en la especie bovina, tenemos los bancos de conservación y mejoramiento del bovino criollo argentino, que originalmente fue una línea de trabajo que se promovió desde Leales (Tucumán), que fue el primer banco de conservación de la Argentina, allá en 1965. Una línea de trabajo con muchísima información y capacidad técnica que se ha generado y después se fue multiplicando.
Actualmente tenemos un banco de conservación y mejora en Mercedes (Corrientes) a unos 150 km de Virasoro, en la zona del Pajonal; uno en Bartolomé de las Casas (Formosa), que se incorporó hace muy poquito tiempo; y otro en La Rioja, un banco también histórico, con muchísima información y mucho trabajo de varios colegas. Además, un banco de conservación en Balcarce, más chiquito, que está más enfocado principalmente en lo que es la investigación. Esos son los cuatro bancos que actualmente conforman, si se quiere, el componente bovino criollo dentro de la Subred de Recursos Genéticos Animales.
Producción no convencional
¿Cómo es hoy producir ganado en la Patagonia?
Patagonia es muy grande, involucra desde La Pampa hasta Tierra del Fuego y las islas Malvinas. Diría, Patagonia Sur tiene una realidad muy particular, que comparte con parte de la Patagonia Norte, que tiene que ver con los cambios permanentes que están sujetos al mercado internacional lanero.
En Patagonia Sur, particularmente, la producción lanera también se viene transformando, no quiero decir que esté generalizado, pero en algunos casos con énfasis en lo que es la producción de lanas finas y superfinas, y eventualmente también los ovinos para carne. Últimamente el cambio que se está dando ahí es hacia una producción ovina más doble propósito.
También tienen otra problemática en cuanto al manejo de las poblaciones de guanaco. Son campos vacíos, que han abandonado la actividad lanera y, de alguna manera, las poblaciones de guanacos que naturalmente se van reproduciendo y terminan teniendo un rol en términos de competencia por el forraje.
Toda nuestra ganadería se basa principalmente en pastizales naturales, a excepción de pequeños valles, que son como los tesoros para nosotros en Patagonia. Son los humedales, son los mallines, las áreas que te permiten tener un diferencial de producción en cuanto a forraje o algún otro tipo de cultivos que se realice.
¿Cómo es en Patagonia norte?
Es distinto. En la provincia de Río Negro y Neuquén, la producción ovina se viene reconfigurando. En Río Negro, que sería otro estrato dentro Patagonia Norte, la ganadería bovina viene creciendo. Si uno mira las estadísticas de Senasa entre 2010 y 2014, esta región de la Patagonia creció prácticamente 25 o 30% en cuanto al stock ganadero bovino.
Si uno lo compara con los núcleos ganaderos a nivel nacional es financieramente menor, no mueve la aguja, pero es una de las regiones que más ha crecido en términos porcentuales en la ganadería nacional. El bovino empezó a cumplir un rol de reemplazo, de sustitución en los sistemas productivos en Patagonia.
En los sistemas productivos más familiares cumple un rol más de caja de ahorro, porque es una moneda de cambio rápida que puede tener la unidad familiar, la unidad productiva y en los estratos medios o más grandes, en las estancias, empieza a haber un complemento muy fuerte entre la ganadería ovina, fuertemente sujeta a los vaivenes del mercado internacional de la lana, y la ganadería bovina, que le da cierta estabilidad.
Obviamente, hoy la ganadería bovina no es apta para todos los ambientes porque en las áreas de meseta todavía no se desarrolla tan fuertemente. Sí viene ganando en el sentido Este-Oeste, pero en el centro sigue primando la ganadería ovina como actividad principal.
Luego, podríamos hacer una disquisición en la zona de Neuquén, en el eje andino. En la Cordillera Andina, ya no es ovina, sino más bien bovina. Hay un desarrollo ganadero interesante, vinculado a lo que son pequeños valles.
Presencia internacional
¿Qué es lo que se hace en el trabajo con la FAO y cómo participa Argentina en esta iniciativa global?
Estoy vinculado desde el 2017 al Grupo de Trabajo Técnico Intergubernamental sobre Recursos Genéticos Animales (GTTI), en el marco de la Comisión de Recursos Genéticos de la FAO. Desde entonces Argentina viene ratificando su participación como titular. Lo que se discuten son grandes lineamientos en torno a la gestión de los recursos genéticos animales, fuertemente vinculados a lo que se conoce como el Plan de Acción Mundial para la Gestión de los Recursos Genéticos Animales, que pone un énfasis muy fuerte en la conservación de la diversidad.
A lo largo de la historia, la ganadería -los recursos genéticos animales no son la excepción- la promoción del mercado de ciertas razas y, obviamente, intereses comerciales hacen que se vayan promoviendo paquetes tecnológicos donde las razas transfronterizas o comerciales, son parte de un paquete tecnológico.
En contraposición, eso muchas veces trae aparejada la pérdida de diversidad de recursos genéticos adaptados. El bovino criollo es una raza adaptada localmente. Desde que bajó del barco hasta la actualidad tiene más de 300 años de adaptación a nuestras latitudes y, en ese sentido, es una diversidad genética que permite echar mano a capacidades adaptativas y productivas diferenciales, que otras razas, en términos de especialización, han perdido.
Este grupo de trabajo técnico se reúne cada dos años. En esas instancias primero discutimos la dinámica, a partir de los documentos y la agenda de trabajo que es bastante intensa. Discutimos las posiciones sobre las distintas directrices. Yo llevo la posición del ministerio y además la de los distintos colegas y técnicos que participan emitiendo opinión, entre ellos, para anclarlo también a nuestra universidad.
Yo me nutro de toda la red de profesionales que tenemos a nivel nacional, también me nutro con especialistas de la Universidad de Lomas además de la posición técnica y política que marca la Secretaría y en función de eso se discuten posiciones.
¿Sos el único de Argentina?
Sí, el único del país. En estas instancias participa siempre un representante titular y eventualmente un suplente. El suplente actualmente está en manos de la Secretaría de Agricultura y participa siempre alguien de Cancillería, que está en la sede de Roma. Esto porque hay otros acuerdos que exceden a nuestro campo de acción y está bueno siempre tener un socio que te vaya orientando en una mirada mucho más amplia.
¿Cuáles son los países que participan de América Latina?
Actualmente estamos como titulares Argentina, Brasil, Costa Rica, Panamá y Uruguay, y los suplentes son Jamaica y Cuba, representando a América Latina y el Caribe. Esto lleva un trabajo previo a cada reunión, primero ponerse de acuerdo a nivel nacional sobre las directrices, y después entre la región. Después de generar una posición, empezamos a negociar con los bloques de las otras regiones. A veces después de discutir las posiciones en plenario, se cae en una instancia de votación y se fija una posición técnica. Para mí es un desafío técnico super importante, porque no solamente tenés el orgullo de representar a tu país en esos espacios internacionales, sino también a una región más amplia y además de tener la capacidad técnica para discutir la posición.
Lo interesante es que Argentina está sentada en esa mesa.
Hay una trayectoria de Argentina que ha promovido desde la generación de este grupo de trabajo técnico hasta una participación muy activa. Hoy Argentina es reconocida en ese ámbito internacional y somos fuente de consulta. Por ejemplo, en la última reunión de GTTI, como región junto con Brasil, hemos desarrollado un nuevo indicador para monitorear el estado de la diversidad y las tendencias de los recursos genéticos animales en torno a lo que es la crioconservación de los recursos genéticos y la conservación en vivo. Son dos instrumentos importantes en lo que es la gestión de los recursos genéticos, que no estaban vinculados.
Es por ello, que dijimos que necesitamos un instrumento de gestión propio de la actividad para poder anticipar las tendencias a nivel nacional y regional sobre algunas razas y poder transmitir a los cuadros técnicos y políticos de cada uno de los países la información para poder tomar las decisiones con la mayor antelación posible.
En este momento estamos discutiendo cómo ponerlo en práctica en el Sistema de Información DAD-IS, que es la plataforma de monitoreo de la diversidad de animales domésticos para la alimentación y la agricultura. Ese indicador hoy va a jugar un rol importante como instrumento de gestión.




































