
Con la conducción de Máximo Kirchner bajo cuestionamiento y el calendario electoral de 2026 en marcha, la Tercera Sección se convierte en el tablero principal de la disputa. Entre el ascenso de Otermín, la territorialidad de Magario y los «puentes» de Gray con Kicillof, los intendentes de la zona sur empiezan a definir de qué lado de la mecha están.
Por: Sebastián «Tecla» Farias
El PJ de la Provincia de Buenos Aires atraviesa horas decisivas. Lo que hasta hace poco eran mensajes cifrados hoy es una puja abierta por la «lapicera» y el control del aparato partidario. La Tercera Sección Electoral, el histórico bastión de votos del peronismo, es el escenario donde se libra la pelea más encarnizada entre el kicillofismo, La Cámpora y el peronismo territorial.
El Calendario de la Rosca: Fechas que queman
El calendario previo incluye hitos administrativos clave para garantizar la transparencia del proceso: el plazo para la presentación de avales vence el 3 de febrero, mientras que la oficialización de candidatos y listas tiene como fecha límite el 8 de febrero. A partir de allí, se abre un período de exhibición e impugnaciones que culminará con la aprobación definitiva de las boletas el 4 de marzo, dejando todo listo para el escrutinio que comenzará formalmente el lunes 16 de marzo, un día después de los comicios.
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3 de febrero: Vencimiento de presentación de avales.
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8 de febrero: Cierre de presentación de candidatos y listas.
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4 de marzo: Aprobación definitiva de modelos de boletas.
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15 de marzo: Celebración de los comicios internos.
Los nombres en danza y el alineamiento de los jefes comunales
La danza de nombres para suceder —o ratificar— la conducción provincial ha dividido las aguas en el sur del GBA:
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Federico Otermín (Lomas de Zamora): El actual intendente lomense es la carta de La Cámpora para retener el partido. Su postulación busca amalgamar el peso de Lomas con la orgánica de Máximo Kirchner. En este eje se alinean nombres como Julián Álvarez (Lanús) y Mayra Mendoza (Quilmes).
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Verónica Magario (La Matanza): Representa la estructura tradicional. Es la pieza que Axel Kicillof y Fernando Espinoza impulsan para «institucionalizar» el partido y ponerlo al servicio del proyecto «Axel 2027».
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Mariel Fernández (Moreno / Movimiento Evita): Representa la irrupción de las organizaciones sociales, buscando romper el binarismo entre intendentes y camporismo.
El factor Fernando Gray: ¿El «puente» definitivo hacia Kicillof?
Una de las jugadas más comentadas en los pasillos de las intendencias de la zona sur es la posición de Fernando Gray. El intendente de Esteban Echeverría, que supo enfrentar a Máximo Kirchner en soledad, hoy se mueve con una lógica de pragmatismo estratégico.
Fuentes cercanas a la calle 6 confirman que los «puentes» tendidos con Axel Kicillof son hoy más sólidos que nunca. Gray entiende que el Gobernador es la única figura con el volumen suficiente para confrontar con el esquema de La Cámpora. Plegarse al armado de Kicillof no solo le garantiza a Gray un lugar en la mesa de decisiones de la Tercera, sino que lo posiciona como el articulador de aquellos intendentes que buscan una «renovación real» sin el tutelaje del Instituto Patria.
La Tercera Sección: El tablero de la zona sur
El mapa de lealtades muestra fisuras que se profundizarán de cara a las PASO:
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El bloque Kicillofista: Con Jorge Ferraresi (Avellaneda), Mario Secco (Ensenada) y el acercamiento estratégico de Gray, este grupo busca vaciar de poder político a la conducción actual de Máximo Kirchner.
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Los «Equilibristas»: Intendentes como Mariano Cascallares (Almirante Brown) o Nicolás Mantegazza (San Vicente), que cuidan las formas mientras esperan ver quién se queda con la lapicera antes de que venza el plazo de junio.
La moneda está en el aire y el reloj corre hacia el cierre de listas de mitad de año. Si Kicillof logra abrochar el apoyo de los intendentes de peso y sumar formalmente a figuras como Gray, el PJ bonaerense podría cambiar de manos antes de que las boletas lleguen al cuarto oscuro.































Fernando Gray representa algo que hoy escasea en el peronismo bonaerense: coraje político con gestión. Enfrentar a Máximo Kirchner cuando pocos se animaban no fue una jugada testimonial, fue una señal clara de autonomía y convicción. Hoy ese mismo carácter se expresa en su pragmatismo: Gray entiende que la discusión no es personal sino estratégica, y que sin una construcción amplia detrás de Kicillof no hay posibilidad real de recuperar iniciativa política en la Provincia.
Gray lee el momento con una lucidez que muchos dirigentes perdieron. Mientras otros se paralizan por especulación o miedo a quedar mal parados, él se mueve para reconstruir poder territorial sin tutelajes ni verticalismos impuestos. Su acercamiento a Kicillof no es subordinación: es la decisión de apostar por el único liderazgo con capacidad real de ordenar, competir y disputar sentido dentro del PJ bonaerense.
En la Tercera Sección, Gray puede ser la pieza que destrabe el tablero. Tiene volumen propio, legitimidad de gestión y, sobre todo, credibilidad entre intendentes que están cansados de obedecer sin participar. Su rol como articulador de una renovación política genuina lo convierte en algo más que un aliado: es un constructor de una nueva mayoría, con anclaje territorial y mirada de futuro.
El valor político de Fernando Gray está en que no negocia principios, negocia escenarios. No se corre del peronismo, lo defiende de su encierro. Apostar por Kicillof es apostar por una conducción con músculo electoral y sin intermediarios eternos. En ese camino, Gray no solo cuida su distrito: ayuda a abrir una etapa donde el poder vuelva a surgir de los intendentes y no de oficinas cerradas.