Un brutal asalto a almacén desató la furia vecinal en Florencio Varela

Delincuentes armados coparon un comercio de la zona, golpearon a la propietaria y redujeron a los clientes en el suelo. Las imágenes de seguridad expusieron la crudeza del hecho y la comunidad advierte que abrir las persianas se convirtió en «un acto de supervivencia».

La tranquilidad del barrio La Colonia se quebró por completo en las últimas horas tras un violento asalto tipo comando perpetrado contra un almacén de la zona. El hecho, que quedó registrado por las cámaras de seguridad del comercio, no solo dejó pérdidas materiales y agresión física a los dueños, sino que dinamitó la paciencia de los vecinos, quienes denunciaron un clima absoluto de abandono e inseguridad.

El episodio ocurrió en un establecimiento situado en la intersección de las calles 1647 y 1636, en una zona caracterizada por quintas y tránsito habitual de familias trabajadoras. Hasta allí arribaron varios sujetos armados que, en cuestión de segundos, transformaron la rutina comercial en una pesadilla.

Terror y violencia desmedida

De acuerdo con los datos recabados, los malvivientes coparon el local por completo: bajo amenazas de muerte, redujeron a los clientes obligándolos a tirarse al suelo, mientras encañonaban a los responsables del lugar para apoderarse de la recaudación en efectivo y teléfonos celulares.

Durante la secuencia delictiva, la violencia escaló: la propietaria del almacén recibió golpes salvajes en el rostro por parte de los asaltantes, quienes actuaron con total impunidad antes de emprender la huida. Incluso, vecinos que intentaron advertir la situación o pedir auxilio en las inmediaciones también sufrieron agresiones por parte de la banda.

«Nos roban todos los días»

La difusión de las imágenes de las cámaras de seguridad desató una profunda ola de indignación comunitaria. Le lejos de tratarse de un hecho aislado, los habitantes y comerciantes de La Colonia aseguran vivir bajo una dinámica sistemática de delitos donde la prevención policial brilla por su ausencia.

«Nos roban todos los días. Pedimos reuniones de seguridad a la policía y jamás nos dan bolilla», se desahogó con bronca una vecina del lugar, sintetizando el estado de hartazgo social.

Ante esta situación límite, los frentistas y comerciantes comenzaron a organizarse para redactar notas formales con firmas de toda la comunidad, exigiendo respuestas urgentes e inmediatas tanto a las autoridades policiales de la jurisdicción (Comisaría 5ª) como al palacio municipal.

Mientras las familias del sur del conurbano exigen patrullaje preventivo real, la postal cotidiana se repite: levantar la persiana de un negocio de barrio se debate, peligrosamente, entre el esfuerzo diario y la supervivencia (con data de Infosur.com.ar).

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