La ingeniería del malandra: el «Tronco Trampa», la nueva y peligrosa táctica de asalto en el acceso a la feria de La Salada

El método que fusiona el asalto con el sabotaje vial está generando pánico entre los comerciantes y compradores que se dirigen a la zona de Ingeniero Budge.

La intersección de Lavarden y Campana, a escasos metros de la popular Feria Urkupiña, se ha convertido en el nuevo epicentro de una modalidad delictiva tan violenta como inusual: el uso de obstáculos de gran porte para forzar accidentes o frenadas bruscas con el único objetivo de asaltar a los conductores.

Lo que parece ser una escena de sabotaje vial es, en realidad, un mecanismo de «ingeniería delictiva». Un grupo de atacantes, actuando al descubierto pero con la velocidad de una emboscada, utiliza un pesado tronco de árbol para impactar directamente contra los vehículos que se dirigen a la megaferia de La Salada.

«El método es simple, pero extremadamente peligroso: buscan provocar el pánico del conductor para que frene de golpe y quede vulnerable al asalto, transformando la calle en una trampa mortal», explica un vecino que ha sido testigo de la repetición de este patrón de ataque.

Sabotaje en la ruta del comercio

La elección del objetivo no es casual. La zona es un flujo constante de vehículos, muchos de ellos transportando mercadería o dinero en efectivo, atraídos por el polo comercial. Un video registrado por frentistas muestra el momento exacto del ataque: al menos tres personas levantan el tronco y lo lanzan contra un automóvil en movimiento. A pesar del impacto, el conductor logró una maniobra evasiva y huyó a toda velocidad, evitando así la posterior intercepción y el robo.

Sin embargo, los vecinos y los propios afectados denuncian que este incidente, ocurrido el pasado 1° de diciembre, no es un hecho aislado. La sistematicidad de los ataques y la audacia de operar en distintos horarios evidencian un nuevo nivel de organización criminal que ya no se limita a la espera pasiva. Ahora, interviene activamente en el tránsito para crear las condiciones ideales para el robo.

El problema trasciende la crónica policial; impacta directamente en la economía del sector. La Salada y sus ferias aledañas son un motor comercial clave para miles de personas, y la percepción de inseguridad en sus accesos actúa como un freno para compradores y proveedores.

Los frentistas de Ingeniero Budge han alzado la voz, exigiendo a las autoridades una «estrategia de seguridad vial preventiva» que contemple la remoción de posibles elementos de obstaculización en los márgenes de las rutas de acceso y una presencia policial visible y constante en los puntos críticos, especialmente en horarios de alto flujo comercial.

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