El final del «Horror de Lomas de Zamora»: Hallaron muerto en su celda al preceptor que asesinó a su hijo de 8 años

El caso que conmocionó a Lomas de Zamora en agosto pasado sumó un último y definitivo capítulo. Alejandro Rufo, el hombre de 52 años que apuñaló a su hijo Enzo mientras dormía, fue encontrado sin vida en el penal donde esperaba el juicio por filicidio.

La justicia de los hombres ya no podrá alcanzar a Alejandro Rufo. Seis meses después de protagonizar uno de los crímenes más atroces de la historia criminal reciente de Lomas de Zamora, el ex preceptor de un exclusivo colegio de Banfield fue hallado muerto en su celda. El hallazgo cierra, de manera abrupta y trágica, una historia marcada por el desequilibrio mental, la violencia extrema y un dolor que no encuentra consuelo.

Una mañana de espanto

El origen de esta tragedia se remonta a la mañana del 5 de agosto de 2025. En una vivienda de la calle Díaz Vélez al 100, la normalidad se quebró para siempre. Rufo, quien arrastraba antecedentes por problemas psiquiátricos, se quedó solo al cuidado de su hijo, Enzo, de 8 años, luego de dejar a su esposa en la parada de una combi.

Tras una serie de mensajes que dejaron de ser respondidos, la madre del menor, Natalia, regresó a la casa con una «corazonada» que terminó siendo una certeza devastadora. Al ingresar con la policía, encontraron el cuerpo de Enzo en la cama matrimonial: el pequeño había sido asesinado a puñaladas. En el living, Rufo yacía ensangrentado; se había intentado quitar la vida cortándose el cuello, las muñecas y apuñalándose el abdomen.

El perfil del filicida

Rufo no era un desconocido en la zona. Trabajaba como preceptor y administrativo en un colegio bilingüe perteneciente a su propia familia y había tenido un paso por la gestión municipal. Sus vecinos lo describían como alguien «normal», que solía pasear al perro con su hijo. Sin embargo, detrás de esa fachada, se escondía un cuadro de psicosis y una medicación psiquiátrica que, según la investigación, podría haber sido interrumpida días antes del crimen.

La fiscal Fabiola Juanatey, de la UFI N°2, lo había imputado por «homicidio agravado por el vínculo», un delito que acarrea la prisión perpetua. Tras ser salvado por los médicos en el Hospital Gandulfo, fue trasladado a una unidad penal bajo un estricto régimen de vigilancia, dada su peligrosidad y su riesgo de autolesión.

El hallazgo en el penal

Según las primeras informaciones, el cuerpo de Rufo fue encontrado sin vida durante la ronda de recuento matutina. Si bien se aguardan los resultados de la autopsia para confirmar las causas del deceso, las hipótesis preliminares oscilan entre una falla multiorgánica derivada de sus problemas de salud previos o un nuevo —y esta vez exitoso— intento de suicidio.

Con su muerte, la causa penal se extingue por el fallecimiento del imputado. Sin embargo, para la comunidad de Lomas de Zamora y, especialmente, para una madre que lo perdió todo en un amanecer de furia, el vacío legal apenas se compara con el abismo que dejó la pérdida de Enzo.

El hombre que «no entendió» lo que hacía —como sugirieron algunos peritajes sobre su brote psicótico— se llevó consigo los motivos finales de un acto que la lógica humana se niega a procesar.

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