
Cuando pienso en mi paso por la primaria en los 80 y la secundaria en los 90, recuerdo en forma muy nítida situaciones que hoy sé que eran bullying. En Monte Grande, como en tantos lugares, los apodos hirientes, las burlas o las exclusiones eran parte del día a día. No teníamos el nombre técnico, pero lo sufríamos. La diferencia clave era que, más allá del dolor, encontrábamos refugios afectivos: amigos, familia y recreos donde el conflicto terminaba cuando sonaba el timbre. Y algo fundamental: la idea de un arma en la escuela era simplemente impensada.
Por: Sebastián «Tecla» Farias
Hoy el escenario cambió drásticamente. El bullying no solo persiste, sino que se ha potenciado por la hiperconectividad. Lo que antes quedaba en el patio, hoy se viraliza por WhatsApp, Instagram o TikTok, multiplicando el daño de forma infinita y permanente. Lo más grave es que la violencia escolar ahora se cruza con la extorsión digital (sextorsión o grooming) y, en casos extremos, con el acceso a armas. Lo que era inimaginable en nuestra adolescencia, hoy es una amenaza real.
Por eso, ante un caso de bullying o extorsión, no alcanza con la nostalgia. Se requiere acción inmediata, equilibrio emocional y conciencia legal.
¿Qué hacer?
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Escuchar y contener sin juzgar: El adolescente debe sentirse seguro. Es vital no minimizar el relato ni reaccionar con enojo impulsivo. Debe saber que no es su culpa y que no está solo.
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Preservar la evidencia digital: Antes de bloquear o borrar, hay que guardar capturas de pantalla, audios y mensajes. Estas son pruebas fundamentales ante una eventual denuncia por amenazas o extorsión.
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Intervención institucional formal: Informar a la escuela mediante una nota escrita. La Ley 26.892 de Convivencia Escolar obliga a las instituciones a intervenir y garantizar un entorno seguro. No es solo «hablar», es exigir un protocolo.
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Denunciar ante delitos penales: La extorsión, las amenazas y la violencia física no son «cosas de chicos». Se deben denunciar en fiscalías o en la Unidad Fiscal Especializada en Ciberdelincuencia (UFECI).
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Utilizar las líneas de ayuda gratuita:
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Línea 102: Atención especializada en derechos de niñas, niños y adolescentes.
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Línea 137: Asistencia a víctimas de violencia familiar y sexual.
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911: Ante una situación de peligro inminente.
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Acompañamiento profesional: El impacto psicológico puede ser devastador. Es fundamental el apoyo de profesionales de la salud mental para procesar el trauma y reconstruir la autoestima.
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Seguimiento y escalada: Si la escuela no brinda respuestas concretas, se debe escalar el reclamo a la Supervisión Escolar o al Ministerio de Educación provincial. El silencio de la institución es una forma de negligencia.
De ayer a hoy: un puente necesario
En nuestra adolescencia, la contención era casi exclusivamente familiar. Hoy, sumamos herramientas legales y digitales que son imprescindibles. El desafío actual es no naturalizar la violencia.
El bullying no es un «rito de paso», es una forma de violencia que deja marcas profundas. Si antes lo enfrentábamos con afecto, hoy debemos sumarle acción institucional y responsabilidad colectiva. Lo que antes era impensado —un arma o una extorsión digital— hoy nos obliga a estar más alertas y presentes que nunca.
































