Silverio Manco: el poeta de nuestras raíces que vivió en Claypole

Silverio Manco fue un gran cultor y poeta de las cosas camperas. De perfil humilde con profundo raigambre por nuestras raíces. Los últimos años de su vida los pasó en Claypole cerca de sus hijos y afectos personales. Por: Federico Gastón Guerra.

Su vida literaria, poética y periodística fue vasta y de allí podemos decir que su pasó por las siguientes revistas: “Caras y Caretas”, “El alma que canta”, “El canta claro”, y ocupó con éxito la redacción del diario “Crítica”, lugar al que llegó por haber ganado un certamen literario.

Manco era tipo sencillo, pero con bohemia y expresión artística. De aquí que se desatacaran sus payadas, dignas de Gabino Ezeiza, sus cuentos costumbristas y su autoría en grandes programas camperos en radios de la Capital Federal. Además, dejó un racimo de letras en lunfardo en tangos como: “Cana”, “Ayes del corazón”, “De culata”, “El taita”, este en colaboración con el gran maestro Alfredo Gobbi.

La radio lo tuvo no sólo como guionista sino como protagonista, es por esto que actuó en Radio del Pueblo, tal vez la más escuchada de la década del ’30.

Sus atributos como escritor y narrador se destacaron siempre por sobre todo. Es por esto que el periodista Carlos Mujico en su libro “Sí, aquí vivieron” destaca que “en la obra de Manco sobresale su asombrosa fecundidad que le permitió trabajar ininterrumpidamente por más de 50 años, además de su pasión por las auténticas tradiciones de su tierra”.

Luis Ángel Legnani en su libro “Un Lomas que yo he visto”, pinta la estampa de Silverio al decir que “era de estatura más bien baja, casi siempre vestido de traje azul, con su moñito volador negro y su chambergo gris de alas ligeramente levantadas y que dejaba escapar algunos mechones de una melena lacia tirando a rubia”.

“Soy amante de trifulcas / que se arman en los fondines, / pero son los meneguines / que me ponen altanero”, se presentaba Manco, en versos de su obra gauchesca.

Silverio Manco junto a su esposa intepretando su obra breve «Navidad» en Lanús en la navidad de 1910.

Claypole
La vida de Silverio Manco transcurrió por muchos años en Lomas de Zamora, tanto en Paso al 1100, como en Croce y Pereyra Lucena. Se radicó por esos pagos en el correr de la década del ’20 en una modesta vivienda cerca de un célebre almacén de Ramos Generales que llevaba por nombre El Tropezón donde ha sacado lustre a su guitarra y payadas camperas.

Editó libros con poemas gauchescos en “Los perros vagabundos” y en “Tiento” de editorial Claridad. De este último la crítica fue muy favorable ya que se dijo: “La paleta de este pintor de sentimientos abarca toda la gama del color y lo mismo practica la poesía gauchesca y la dicción correcta”.

Luego de muchos años en Lomas decide radicarse en Claypole, allá a principios de los ‘50, junto a sus hijos. Mano vive sus últimos años en una ciudad que de apoco iba abriendo sus puertas a los inmigrantes de las provincias de Argentina, quienes se sumaban a los primeros habitantes de estos pagos: al nordeste los alemanes, polacos e ingleses y al sudeste los españoles e italianos.

Silverio Manco, nació en Ceniza, un pintoresco pueblito del sur de Italia, el 13 de julio de 1898 y murió en Claypole el 27 de diciembre de 1964. En ese Claypole que iba dejando el campo, los tambos y las vacas para dejar paso a la civilización que lejos estaba de parecerse a los poemas de Silverio.

Hombre de campo, sencillo en la vida y en la descripción que hacía de su persona porque aun siendo uno de los máximos cultores de nuestras raíces el apenas se describía como: “un tano que había llegado de muy pibe al país”.

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