El hincha… el color que le falta al fútbol

Sirvan estas líneas como homenaje a quienes por estos tiempos deben seguir por radio, TV o redes el desempeño de su club.

Por Federico Gastón Guerra*

“Rara vez el hincha dice: ‘Hoy juega mi club’. Mas bien dice: ‘Hoy jugamos nosotros’”, esta frase pertenece al escritor uruguayo Eduardo Galeano. Tal vez con estas pocas palabras ya quede ilustrado ese hombre que cada vez que juega su club utiliza el nosotros como si él fuera un jugador de ese equipo de sus amores.

La historia marca que en 1863 en una taberna de Londres se ponen las primeras bases de lo que hoy conocemos como fútbol. De esta manera esta expresión deportiva se divorciaba del rugby; estas primeras leyes de juego fueron tomadas de la Universidad de Cambrigde.

Intentar dar un pantallazo por la historia de este deporte sería un trabajo que no tendría coto alguno, ya que el fútbol desde ese 1863 no ha dejado de lanzar estadística y curiosidades.

Ya con las leyes establecidas, las primeras vejigas de cerdo infladas (la pelota como hoy la conocemos es cosa contemporánea) comenzaron a rodar por los potreros del mundo y junto con las primeras patadas el hincha empezó a tomar fisonomía propia, tanta que parecieran dos espectáculos distintos: el de las tribunas y el del “verde césped”.

“Vivar a su equipo”

Es la historia de los simpatizantes (devenidos en fanáticos), una de esas investigaciones que todavía no se ha llevado a cabo con exactitud. Sí se puede decir que el hombre de tablón ha evolucionado junto con la historia social de cada pueblo.

En esta línea es que Jorge Iwanczuk en “La historia del fútbol amateur en la Argentina” explica: “En la primera década del nuevo siglo la pasión empieza a tomar forma, los simpatizantes se transforman en ‘hinchas’ y dejan de ser simples seguidores de un equipo o componentes de un instituto educacional o laboral”.

“Ya hacia 1910 -amplia Iwanczuk- un periódico alude a los seguidores de Alumni, aunque criticándolos, por ‘bullangueros y exaltados’ y mostrando una cierta extrañeza por la costumbre de éstos de ‘vivar a su equipo durante una gran parte del partido’”.

“Gran pensión el campeonato” era una comedia de radio que en décadas de receptores capilla se escuchaba los domingos a la mañana, antes de comer las pastas e ir al estadio de elegante traje al tono con delicados sombreros y lustrados zapatos. Aquello era hacia la mitad del ’30 y hasta pasados los ’50 del 1900.

El hincha ajustaba el paso para llegar temprano a la cancha ya que las entradas, especialmente las populares, eran tan solicitadas como esa revista Alumni que daba las claves para descifrar los resultados en otros cotejos.

“Al fútbol se iba con saco y sombrero; al tenis se jugaba con vestido blanco”, titula el diario LA NACIÓN un suplemento histórico dedicado al deporte y a las formas en que se vestían tanto deportistas como espectadores.

El hincha, ese que por estos tiempos extraña apurar el paso para tomar el colectivo y llegar temprano a la cancha para aplaudir de pie el máximo trofeo: ¡el GOL…!

(se incluyó una escena del «El hincha» (1951) de Manuel Romero, protagonizado por Enrique Santos Discépolo.)

*el autor es periodista, escritor e historiador

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