
Nació en 1911 y nos dejó un 18 de enero de 1986. Dueño de una voz única. Por: Federico Gastón Guerra*
Edmundo Rivero nació en Valentín Alsina el 8 de junio de 1911 y nos dejó el 18 de enero de 1986. Y como en aquellos versos de Sur de Troilo y Manzi quedará su nombre «flotando en el adiós», aunque la versión original lleva el verbo «florando» fue el cantante quien lo cambió por «flotando» en su versión grabada de 1948.
Rivero fue cantante, guitarrista y compositor de formación clásica. Quienes más saben del género detallan que «estudió canto y guitarra en el Conservatorio Nacional».
«Nació en Valentín Alsina, al sur del Gran Buenos Aires (N d R: el ferrocarril, trabajo del padre, también conduce a la familia a vivir en Moquehuá, cercana a Chivilcoy). Pero Lionel Edmundo, creció en el barrio de Saavedra. Desde muy pequeño se sintió atraído por la guitarra y, a los 18 años, ya era un guitarrista muy conocido en la zona. Comenzó a frecuentar bodegones y bares hasta llegar a estudiar canto y guitarra clásica en el Conservatorio Nacional de Música. Mientas tanto, acompañaba a grandes cantantes, como la recordada Nelly Omar, Agustín Magaldi, Francisco Amor, entre otros», se lee en cultura.gob.ar
En el portal RTVE se detalla: «Con una destacadísima carrera, siempre continuó formándose, desde sus principios persiguió la excelencia, estudiando en Centros Académicos y logrando convertirse en uno de los cantores preferidos del tango. Su voz profunda de registro bajo, lo diferenciaba de los otros grandes intérpretes tangueros».
«Puente Alsina, que ayer fuera mi regazo, de un zarpazo la avenida te alcanzó», cantó como nadie, en una canción dedicada a su barrio natal. Su padre, tal lo dicho, era un trabajador ferroviario de la estación de Puente Alsina, detalla una crónica de La Unión de Lanús.
Dicen los estudiosos de su figura que es unos incipientes pasos como guitarrista en un cine del barrio La Mosca, en Avellaneda. Allí se proyectavs la película Resaca y él debía poner música en una escena «hasta que un día, entusiasta, puso también su voz. La reacción del público no se hizo esperar, en medio de un escándalo lograron que el dueño despida al atrevido», puntualizó Gerardo Cadierno en un artículo para el portal Inforegion.
Actuó en radio y en los films “El cielo en las manos” y “Al compás de tu mentira” y musicalizó poemas lunfardos. Autor del volumen de memorias “Una luz de almacén”, fue miembro de la Academia del Lunfardo.
Fama
Su fama tuvo eco fuerte por el 47 en la orquesta de Troilo ‘Pichuco’ a la que llegó de la mano del poeta Carlos de la Púa. Integró, además, las formaciones de José y Julio de Caro, Horacio Salgán y Aníbal Troilo. Fue una de las voces características del tango.
Increíblemente a lo que vino después, Sergio Pujol en Página 12 recrea aquel rechazo inicial a Rivero por parte de una discográfica en los sobres de los ’40: «‘Mire, la orquesta es rara, no se le entiende bien; pero el cantor es imposible’, argumentaron los productores de RCA Victor frente a un Horacio Salgán siempre avanzado, que rechazó la artera invitación a grabar con otro cantor».
Para el cantor: “No hay que confundir el ‘lunfardo’ con el ‘reo’. El ‘reo’ -se lee en cultura.gob.ar- es el idioma del hombre de barrio, del orillero honrado, con el que nombra las cosas de su oficio, sus diversiones. El lunfardo es la jerga del lancero, del escruchante, del punguista, un idioma subyacente que se construye a base de metáforas, por traslaciones llenas de imaginación”.
«Su autoridad en aquella comunidad que al principio lo había rechazado fue indiscutida, al punto de convertirlo en un erudito comentador de historias populares –generalmente en el marco de la Academia Porteña del Lunfardo, del que fue miembro, y a través de un par de libros de su autoría, en verdad mejor escritos que varios de escribas profesionales», agrega Pujol en Página 12.
En 1965 grabó el disco El Tango con música de Piazzolla y letras de Borges. Interpreta los poemas Jacinto Chiclana, El títere, A Don Nicanor Paredes y Alguien le dice al tango. El 8 de mayo de 1969 inauguró su célebre tanguería “El Viejo Almacén”.
La guitarra aún lo extraña y El tango, también. Acaso como interpretó en Vieja Viola: «Vieja viola, garufera y vibradora
De mis años de parranda y copetín
La de tantas serenatas a la lora
Que es la dueña de mi cuore y patrona del bulín
¡Cómo estás de abandonada y silenciosa
Después que fuiste mi sueño de cantor!
Quien te ha oído sonar papa y melodiosa
No dice que sos la diosa de mi pobre corazón».
*el autor del artículo es periodista, escritor, historiador e investigador