
Leandro Hidalgo Robles, delegado de SiTraRepA en el sur del Conurbano, denunció que el proyecto del Gobierno busca «legalizar el fraude» de las aplicaciones. El gremio de repartidores convoca a marchar este miércoles al Congreso para frenar la creación de la figura del «trabajador independiente» que los dejaría sin derecho a reclamo.
Mientras las mochilas de PedidosYa y Rappi se multiplican en las esquinas de la Avenida Meeks o Hipólito Yrigoyen, el malestar debajo de los cascos crece. Para Leandro Hidalgo Robles, delegado de Zona Sur del Sindicato de Base de Trabajadores de Reparto por Aplicación (SiTraRepA), la reforma laboral que impulsa Javier Milei no es un avance, sino el sello final a una situación de precariedad que vienen denunciando desde la pandemia.
La trampa de la «libertad»
El punto central del conflicto es la nueva figura que el proyecto de ley busca instaurar: el repartidor independiente. Según Hidalgo Robles, esto es simplemente blanquear lo que las empresas ya imponen de hecho.
«Establece que no existe relación de dependencia sino un contrato de servicios. Eso es exactamente lo que ya hacen hoy las aplicaciones: legalizar un fraude laboral», sentenció el dirigente. El argumento es claro: si la empresa pone el precio, impone las reglas y penaliza o «despide» cerrando cuentas, la autonomía es un mito.
El drama del pluriempleo en el Conurbano
La crisis que golpea a los municipios del sur se siente en la cantidad de horas que un repartidor debe pedalear para sobrevivir. Hidalgo Robles trazó un mapa crudo de la realidad actual:
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Jornadas extenuantes: Turnos de 12 a 14 horas para cubrir necesidades básicas.
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La paradoja del consumo: «Cada vez somos más repartidores en una economía con menos consumo. Eso te obliga a trabajar más horas para ganar cada vez menos».
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Refugio ante el desempleo: El dirigente destacó que muchos llegan al reparto porque se quedaron sin trabajo o porque su sueldo formal no alcanza. «No es un empleo que se elija por gusto: es una necesidad».
Sin red de contención
La mayor preocupación de SiTraRepA es que, de aprobarse la reforma, la justicia laboral dejaría de ser una opción para el trabajador. Hoy, un repartidor puede litigar por un despido encubierto; con la nueva ley, esa posibilidad sería «inapelable».
«No hay libertad cuando se trabaja por necesidad. Estamos defendiendo derechos básicos como la ART, vacaciones y días de descanso pagos que hoy no tenemos», afirmó Hidalgo Robles.
Miércoles de lucha: Del asfalto al Congreso
Pese a que para un repartidor «parar» significa no facturar el día, desde el gremio convocaron a una movilización masiva para este miércoles 11 de febrero. Se sumarán a las columnas que marcharán al Congreso para visibilizar que, detrás de cada algoritmo, hay un trabajador que exige reconocimiento.
En un contexto de alta tensión en el Conurbano —tras los despidos en Lanús y la incertidumbre en el transporte—, los repartidores de la zona sur prometen ser una de las columnas más activas en la protesta contra lo que definen como una «contrarrevolución laboral».
































