Turdera: La ciudad que mentó Borges

El autor de El Aleph murió el 14 de junio de 1986. Para el escritor esta porción del Sur Bonaerense fue también tierra de malevos que describió en cuentos y milongas. Por: Federico Gastón Guerra*

Venga una historia de ayer
que apreciarán los más lerdos;
el destino no hace acuerdos
y nadie se lo reproche—
ya estoy viendo que esta noche
vienen del Sur los recuerdos.
Milonga de dos hermanos, Jorge Luis Borges
1965

El 30 de enero de 1910 hubo fiesta grande al Sur de la Capital Federal. A 20 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, nacía Villa Turdera –luego devenida en ciudad- en el partido de Lomas de Zamora. A esa ceremonia, que comenzó puntual 16.30, no faltó nadie ya que “los coches eran insuficientes, tal era la afluencia de personas que llegaban ansiosas de participar de ese grato acontecimiento en aquellos silenciosos y parajes”, describía el diario local LA UNION del 1 de febrero de 1910.

Jorge Luis Borges tuvo por Turdera una atracción especial, pero como ciudad de cuchillos y suburbios, de peleas y cuadreras. Esta ciudad de menos de 1,5 Km cuadrados fue concurrente de la literatura borgeana. «-Hablemos de esas mitologías de compadres y caudillos. -Yo no creo que corresponda a Adrogué sino a Palermo o a Turdera. Como la famosa familia de los Iberra «, respondió el escritor a la desaparecida revista Sur Semanario.

En el poema «El Tango», el creador del Aleph, no duda en calificar a los hombres del Sur como «hombres del cuchillo y el coraje».

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Y ese Sur más allá de la avenida Rivadavia, según Borges, era aquel que le inspiraba estos poemas del poema El Sur: «Desde uno de tus patios haber mirado / las antiguas estrellas, / desde el banco de la sombra haber mirado / esas luces dispersas / que mi ignorancia no ha aprendido a nombrar / ni a ordenar en constelaciones, / haber sentido el círculo del agua / en el secreto aljibe, / el olor al jazmín y la madreselva, / el silencio del pájaro dormido, / el arco del zaguán, la humedad, / esas cosas, acaso, son el poema.»

La flor de los cuchilleros
«Velay señores la historia de los hermanos Iberra / hombres de amor y de guerra y en el peligro mejores / la flor de los cuchilleros / y ahora los tapa la tierra». Estos versos son parte del tan mentado poema «Milonga de dos hermanos», en donde el escritor de El Aleph refleja con precisión el pasar de una familia en un suburbio sombrío.

Eran tiempos en que el cuchillo brillaba en la noche como colmillo envenenado y no sabía de razones ni de lógicas. Por esto, en uno de sus cuentos Borges asevera que no eran los hombres quienes peleaban sino las dagas.

«La intrusa» es otro de los relatos en donde el maestro de las letras toca el tema de las mujeres fáciles, los prostíbulos de la zona de Morón y la escenografía principal de un Turdera sombrío, en el seno de una casa a orillas de las vías junto al puente de ladrillos que aún hoy se conserva tal como entonces, en la intersección de las vías del ferrocarril Roca y la avenida General Frías, en el límite de Turdera, Llavallol y Adrogué.

Cada páramo sería un lugar en donde el duelo criollo estaría presente, esperando que una pluma capte como una fotografía el momento de la estocada final, cada villorrio esperaría con ansias la llegada de Borges para contar sus historias de copas de más y pelea maleva.
Es que aquel Villa Turdera tenía la melodía de los jilgueros, el polvo liviano de las huellas en la tierra, las vías del tren como único acceso a la Capital Federal, un tranvía a caballo, una iglesia enorme (“cabe el pueblo en el atrio”, describió el poeta Raúl González Tuñón), un teatro modesto (aunque llamado Colón), ganado cimarrón, algunas casas, pocos comercios y un puñado de vecinos que en la vuelta a la plaza San Martín dejaban sus mejores trajes los domingos.

Borges, jurado en Turdera

De aquella fiesta de fundación con invitados elegantes, acta de fundación, periodistas de las populares revistas PBT, Caras y Caretas, Vida Moderna, banda de música oficial, lunch opíparo y entrega de medallas de plata y cobre a estos 100 años de 2010 pasaron tantas anécdotas en la vida ciudadana que podrán nutrir exigentes libros de recuerdos.

Pero la visita de Borges de 1969 quedó grabada en la memoria de los vecinos. Ese día el escritor firmó libros en la librería de la ciudad y presidió un concurso literario.

“Señor Borges, como dueño de esta librería me siento muy emocionado ante su visita. Pido un aplauso”, dijo el dueño del local. A lo que el escritor agradeció a los presentes fiel a su ironía luego de firmar varios ejemplares: “Espero que los aplausos no sean por mi caligrafía, que es pésima”.

El romance Turdera – Borges nacía con fuerza, y él mismo lo marcó en la respuesta que le deja al periódico local El Tiempo que en ese momento le realizaba un reportaje: “Yo he tenido siempre el vicio de ser un caminador, de modo que he venido caminando hasta Turdera, he ido caminando a Burzaco, Temperley o Mármol”.

*el autor es periodista, escritor, investigador e historiador

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