Un taller de luthería muestra a decenas de chicos cómo está construido y funciona el bandoneón Pichuco de la UNLa

La actividad integra el Programa de Verano “Los derechos de la niñez no se toman vacaciones”, que se desarrolla hasta el 30 de enero con la participación de cientos de niñas y niños de instituciones barriales del partido de Lanús. Propone un acercamiento práctico y pedagógico a uno de los proyectos culturales más emblemáticos de la universidad pública.

En el marco del Programa de Verano “Los derechos de la niñez no se toman vacaciones”, la Universidad Nacional de Lanús (UNLa) desarrolla un taller de luthería que permite a decenas de chicos y chicas conocer, de manera directa y participativa, cómo se construye y funciona un bandoneón. La propuesta está a cargo del diseñador industrial egresado de la UNLa, Alejandro Humar, integrante del equipo que impulsa el proyecto Pichuco, el primer bandoneón fabricado en serie dentro de una universidad pública.

Los participantes acceden a una experiencia guiada que busca desmitificar la inaccesibilidad del bandoneón, acercarlos a sus componentes y poner en valor su importancia cultural y simbólica.

 “Romper el mito de que el bandoneón es imposible”

 “El objetivo principal es mostrarles a los chicos que el bandoneón no es algo imposible o inaccesible”, explicó Humar durante la clase. “Hay como un mito de que es redifícil de hacer, y lo que buscamos es romper con eso y que puedan tener una primera experiencia real con el instrumento”, señaló.

En el aula-vagón Malvinas, espacio donde se guardan los bandoneones fabricados por la UNLa, los chicos observan, tocan, desmontan y vuelven a armar partes del mecanismo interno. “Que puedan interactuar, colocar piezas y entender cómo funciona es algo grandioso. No pasa en cualquier lado”, remarcó el diseñador industrial.

 El bandoneón como soberanía cultural

 Durante la clase, Humar vinculó el aprendizaje técnico con una reflexión más amplia sobre identidad y cultura. “Si hablamos de soberanía cultural, ¿cómo la sostenemos si no preservamos algo tan importante para la música nacional como el bandoneón?”, planteó ante los chicos.

En ese sentido, explicó que el Pichuco se construye casi en su totalidad dentro de la universidad y con materiales reciclados. “Las maderas salen de muebles y vagones ferroviarios que formaban parte del predio. Esta universidad se hizo reciclando, y el bandoneón también nace de esa lógica”, contó.

De los pulmones al sonido: cómo funciona el bandoneón

 Uno de los momentos centrales del taller es la explicación del funcionamiento del instrumento. “El fuelle cumple la misma función que los pulmones. Cuando abrimos, entra aire; cuando cerramos, sale”, explicó Humar. “Ese aire pasa por unas chapitas de metal, las lengüetas, que vibran y generan el sonido. Es muy parecido a una armónica en su lógica”.

Al retirar la tapa, los chicos descubren el interior del bandoneón. “Esto es como una máquina de escribir”, les dijo. “En lugar de letras, cada tecla produce un sonido”. A partir de allí, el taller propone una experiencia concreta: armar parte del mecanismo interno ordenando palancas y martillos numerados.

“El bandoneón es muy complejo, tiene muchísimas piezas. Acá lo simplificamos para que puedan entender que todo tiene un orden, que no se arma porque sí”, explicó.

 Una primera experiencia como luthiers

“Ahora van a tener su primera experiencia como luthiers”, anunció Humar al iniciar la actividad práctica. Divididos en grupos, los chicos desmontaron y volvieron a armar el sistema de palancas utilizando elementos simples. “No usamos cosas raras: hay rayos de bicicleta, piezas numeradas. La idea es mostrar que se puede”, subrayó.

Para Humar, el taller también funciona como prueba permanente del proyecto. “Yo voy viendo con los chicos qué tan simple es lo que digo que es simple. Eso también sirve para mejorar el diseño”, explicó. “Desde el diseño industrial, esto es una mezcla entre lo artesanal y lo industrial, con máquinas, pero también con la mano del hombre”.

 El Pichuco, en su cuarta generación

 El bandoneón Pichuco atraviesa actualmente su cuarta generación de desarrollo, iniciada en 2022. Desde entonces, el proyecto no solo avanzó en términos técnicos, sino también en su dimensión social y educativa.

En diciembre de 2025, la UNLa entregó bandoneones Pichuco en Bahía Blanca, donde además se dictaron clases y actividades vinculadas al instrumento. “Después viene otro desafío, que es el mantenimiento. También hay que formar gente para eso”, advirtió Humar.

“Que los chicos vean que no es algo imposible es clave. Algunos después le explican al compañero, se arma otra dinámica. Ahí aparece lo colectivo, el saber compartido”, destacó.

 El Programa de Verano, una política sostenida desde 2000

El taller de luthería forma parte del Programa de Verano “Los derechos de la niñez no se toman vacaciones”, una iniciativa que la UNLa desarrolla de manera ininterrumpida desde el año 2000. En esta 27ª edición, que se extiende hasta el 30 de enero de 2026, participan cientos de chicos y chicas de entre 5 y 12 años provenientes de instituciones barriales de Lanús.

Durante enero, el campus universitario se transforma en un espacio de aprendizaje, recreación y acceso a derechos, con talleres de deportes, ajedrez, informática, actividades culturales e iniciación en oficios, entre ellos carpintería, jardinería y luthería.

A pesar del complejo contexto presupuestario que atraviesan las universidades públicas, la gestión del rector Daniel Bozzani ratificó la continuidad del programa, reafirmando el compromiso institucional con la inclusión social, la educación y el acceso temprano a la universidad pública.

El Programa de Verano es coordinado por la Dirección de Deportes y Compromiso Universitario y cuenta con la participación de docentes, no docentes y estudiantes de la UNLa, consolidándose como una política emblemática de vinculación territorial y construcción de futuro.

 

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