
Fernando «Pino» Solanas, quien murió esta madrugada en París a los 84 años tras haberse contagiado de coronavirus, deja un legado caracterizado por su vida de militancia, que se desplegó a través de su apasionada acción política y su obra artística con contenido social.

Nacido un 16 de febrero de 1936 en Buenos Aires, sus ideas políticas marcaron su actuación pública, tanto como cineasta, donde destacó con una decena de exitosas películas con fuerte contenido social, hasta su participación en política.
«Pino» fue un actor clave en la creación de varios espacios de centro-izquierda que lo llevaron a ocupar varios cargos, como diputado, senador nacional o embajador ante la Unesco, su último rol como servidor público.
Formado intelectual y políticamente bajo el influjo de nombres como Raúl Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche y Juan José Hernández Arregui, Solanas comenzó a plasmar sus ideas políticas a través de su obra cinematográfica a comienzos de la década del 60´.

Así surge en 1962 su primer cortometraje de ficción, Seguir Andando. En 1968 llegaría el primer largometraje, La Hora de los Hornos, una trilogía donde aborda algunos de los temas que lo apasionaron a lo largo de su carrera: el neocolonialismo y la violencia en el país y en América Latina.
Un año después, en 1969, funda el grupo Cine Liberación, una corriente de realizadores que sirve como base de resistencia a la dictadura, promoviendo un circuito alternativo de difusión de sus producciones.
Es este mismo grupo de Cine Liberación el que es convocado por Juan Domingo Perón, en el exilio en Madrid, para realizar sus dos testimonios fílmicos: La Revolución Justicialista y Actualización Doctrinaria para la toma del poder.

En 1975 presenta Los Hijos de Fierro, y ante las amenazas de muerte y un intento de secuestro parte al exilio, radicándose en Francia, donde realiza en 1980 el documental La Mirada de los Otros.
Desde el exterior, estuvo activamente involucrado en la defensa de los derechos humanos y denunció a la dictadura militar a nivel internacional. Con el triunfo de Raúl Alfonsín en 1983 regresa al país y filma Tango, El exilio de Gardel, y luego en 1988 Sur, ambas premiadas en los festivales de cine más prestigiosos del mundo.
Los comienzos de los 90´ marcan su irrupción de lleno en el mundo de la política, y su voz se alza para criticar al gobierno de Carlos Saúl Menem (1989-1999).

Entonces, promovió la modificación de la ley de Radiodifusión que regía durante la dictadura militar y se mostraba particularmente crítico con las privatizaciones y la ley de reforma del Estado promovidas por la administración menemista.
En 1992, de la mano del dirigente Luis Brunati gestan el Frente del Sur, presentándose ese mismo año como candidato a senador nacional por la Ciudad de Buenos Aires.
Luego, en 1993, se funda el Frente Grande, con la inclusión del sector que lideraba Carlos «Chacho» Alvarez, y «Pino» Solanas es electo diputado nacional por la provincia de Buenos Aires.

Solanas juega un rol importante en la elección a convencionales constituyentes para la reforma constitucional de 1994, obteniendo casi 18% de los votos en la provincia de Buenos Aires.
Desencantado con lo que consideraba un giro «a la derecha» del Frente Grande, a partir del «Pacto del Molino» entre «Chacho» Álvarez, Graciela Fernández Meijide, y José «Pilo» Bordón, Solanas termina su mandato en 1997 y decide replegarse en su rol como cineasta.
Su actuación política estuvo dominada por algunos temas que lo obsesionaban, como la defensa del medio ambiente y la deuda externa argentina, cuyo origen cuestionaba en duros términos.

En 1998 termina su película La Nube, y es premiado en los festivales de Venecia y La Habana, en este último caso por su trayectoria.
Luego vendrán sus películas Memoria del Saqueo y La Dignidad de los Nadies, mientras en 2007 estrena Argentina Latente, su documental sobre el potencial científico de Argentina.
Su carrera política se retoma desde entonces con un gran ritmo. En 2007 encara la candidatura a Presidente de la Nación por Proyecto Sur, proponiendo la nacionalización de los recursos estratégicos.
Es electo diputado nacional por el período 2009-2013 y senador nacional entre 2013 y 2019.
A mediados del año pasado, resuelve respaldar la fórmula presidencial Alberto Fernández-Cristina Fernández de Kirchner y es electo diputado nacional por la Ciudad de Buenos Aires para el período 2019-2023.

El presidente Alberto Fernández le solicita que renuncie a su banca para desempeñarse como embajador argentino ante la Unesco, la oficina de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, cargo que desempeñó en París hasta su fallecimiento.
Al resumir sus ideas políticas, Solanas explicaba que fundó Proyecto Sur para «profundizar una propuesta política, económica, social y cultural para el país. Ubicamos el respeto a la condición humana sobre cualquier otra consideración, proclamando como principios básicos la defensa del ambiente y la propiedad pública de nuestros recursos naturales, como condición para alcanzar una auténtica justicia social y garantizar la soberanía nacional».
«Se trata de cambiar esta Argentina saqueada y esta pseudo-democracia para reemplazarla por una Argentina justa y latinoamericanista con pleno protagonismo popular», afirmaba «Pino» por ese entonces.
A principios de octubre visitó al Papa Francisco en el Vaticano, y días después, el 21, comunicaba por redes sociales que estaba internado por coronavirus en terapia intensiva y que seguía «resistiendo».
Cine poderoso y consecuente entre lo documental y la ficción
Antes de ser conocido como Pino Solanas a raíz de su actividad política, el público lo conocía como Fernando Ezequiel Solanas y era un referente del cine militante de la década de 1960, cuando en plena dictadura de Onganía su película «La hora de los hornos», codirigida con Octavio Getino, era exhibida en forma clandestina en unidades básicas y casas particulares.

Nacido en Olivos, provincia de Buenos Aires, el 16 de febrero de 1936, siempre defendió su raigambre peronista con documentales famosos –» «Perón: Actualización política y doctrinaria para la toma del poder» (1971, también con Getino) es un ejemplo-.
Sin duda, su carrera de cineasta sobrevivirá en el recuerdo de películas premiadas internacionalmente, ya clásicas del cine nacional, como «Los hijos de Fierro», «Tangos, el exilio de Gardel» y «Sur», en las que recreó una estética popular no carente de elementos eruditos.
Siempre atraído por el arte, estudió Derecho pero también teatro y música; sus primeras armas en la pantalla fueron con los cortos «Seguir andando» (1962) y «Reflexión ciudadana» (1963), cargados de inquietudes sociales y políticas, e, influido por la época, el auge de la Resistencia Peronista y el influjo de la Revolución Cubana, fundó a fines de la década el grupo Cine Liberación.

Ese núcleo, compartido con Getino y Gerardo Vallejo, tuvo ramificaciones con otros directores politizados -Enrique y Nemesio Juárez , Pablo Szir , Raymundo Gleyzer, Eliseo Subiela, entre otros- que abandonaban sus tareas en el cine publicitario pero aprovechaban esa experiencia para profundizar el lenguaje de sus propuestas militantes.
«La hora de los hornos», sobre el neocolonialismo y la violencia en el país y en América latina, terminó siendo un modelo en su tipo, fue ejemplo fílmico en numerosos países y obtuvo premios en el Mannheim-Heidelberg International Filmfestival de 1968 y del British Film Institute en 1972.
«Perón: Actualización política…» fue rodada en la residencia madrileña de Juan Domingo Perón durante varias jornadas entre junio y octubre de 1971, y sirvió para que con los medios técnicos de la época el líder proscripto se comunicara con su militancia en la Argentina, con conceptos que en muchos casos tienen aún una vigencia formidable.
Su primer largo de ficción, rodado en 1975, fue «Los hijos de Fierro», actuado por intérpretes profesionales y conocidos militantes –algunos de ellos luego desaparecidos-, reivindicaba las posturas rebeldes del poema de José Hernández en el marco de la caída del peronismo en 1955 y el regreso de Perón en 1973.
Por entonces debió exiliarse en España y luego en Francia, por las amenazas de muerte de la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A) y el intento de secuestro por un comando de una de las fuerzas armadas.

En Francia rodó el documental «La mirada de los otros» (1980), sobre discapacidades físicas, a pedido de las autoridades de ese país, al tiempo que participaba de numerosos foros de lucha contra las dictaduras que regían entonces en la Argentina y otros países de la región.
Esa fue la raíz de «Tangos, el exilio de Gardel» (1985), esa «tanguedia» rodada entre París y Buenos Aires, que reflejó las luchas y sueños de los refugiados latinoamericanos y que tuvo notables interpretaciones de Miguel Ángel Solá, Marie Laforet, Ana María Picchio, Lautaro Murúa y el propio Solanas.
Ese filme, el más taquillero y comentado de su carrera, arrasó con premios en Venecia, La Habana, Turquía, el César francés, el Konex de Platino y varios Cóndor de Plata de la Asociación de Críticos Cinematográficos de la Argentina.

Otro tanto aunque con menor ruido sucedió con «Sur», que buceaba en la identidad porteña y argentina y dejó en el celuloide estupendos pasajes a cargo de Solá, Roberto Goyeneche, Lito Cruz, Ulises Dumont, Philippe Léotard, Gabriela Toscano y Susú Pecoraro, rematados por el tango «Vuelvo al Sur», con letra de Solanas y música de Ástor Piazzolla.
En esta película, además, le dio un protagónico de antología a Roberto «Polaco» Goyeneche, concretó el debut cinematográfico de Fito Páez y además compuso la «Milonga del tartamudo» que cantó Alfredo Zitarrosa.

Durante la década del 90 ya se había interesado por la política activa y procuraba preservar edificios de la ciudad para la creación de centros culturales, por lo que recibió seis disparos en las piernas de un grupo de desconocidos; ello lo llevó a postergar el rodaje de «El viaje» (1992), un retrato de América latina y el subdesarrollo.
Tan política como ese filme fue la iracunda «La nube» (1998), que fustigaba al neoliberalismo y recibió premios en Venecia y en La Habana –cuyo Festival le entregó el Gran Coral a su trayectoria- y tras un período de descanso creativo inició su período documental y de denuncia, donde unió su postura ética con su certero manejo del lenguaje cinematográfico.
Así se sucedieron «Memoria del saqueo» (2003) con la que viajó al Festival de Berlín donde en 2004 le entregaron el Oso de oro honorario, «La dignidad de los nadies» (2005) y «Argentina latente» (2007).
Sus intereses por la defensa de los ferrocarriles se apreció en «La próxima estación» (2008) y luego encaró una saga esencial para entender la problemática ambiental desde la defensa de los territorios, de las personas que los habitan y de los recursos naturales como «Tierra sublevada: Oro impuro» (2009), «Tierra sublevada: Oro negro» (2011), «La guerra del fracking» (2013) y «Viaje a los pueblos sublevados» (2018).
En medio de esa serie contra los extractivismos, también propuso «El legado estratégico de Juan Perón» (2016), toda una colección de obras que conviene rever cada tanto, fruto de un creador particular y discutido que quedará en la memoria grande del cine argentino.




























