
Ocurrió en la intersección de Pampa y Rocha. Mientras los delincuentes abordaban a sus víctimas, tres efectivos de la Bonaerense se retiraron de la escena sin intervenir, a pesar de los gritos de auxilio de los vecinos.
Un nuevo hecho de inseguridad en Bernal Oeste ha derivado en un escándalo institucional para la Policía de la Provincia de Buenos Aires. El incidente tuvo lugar en la esquina de Pampa y Rocha, Quilmes, cuando dos motochorros abordaron armados a quienes esperaban en la parada de colectivos para robarles sus pertenencias. Lo que convirtió este asalto en un caso de gravedad extrema fue la presencia de tres uniformados que, lejos de dar la voz de alto o intervenir, se alejaron rápidamente del sitio.
#POLICIALES Escandaloso: en Bernal motochorros asaltan a metros de tres policías que huyeron del lugar https://t.co/Ng1rmN4xWe pic.twitter.com/AVdoefQSC9
— DataConurbano / NET (@DataConurbano) March 9, 2026
Según el relato de testigos presenciales y víctimas, los policías se encontraban a escasos metros del lugar del robo. Al notar la maniobra de los delincuentes y escuchar los pedidos de ayuda, los efectivos habrían optado por retirarse en dirección opuesta, dejando la zona liberada para que los motochorros completaran el asalto y escaparan con total impunidad.
Fuentes del Ministerio de Seguridad bonaerense confirmaron que se ha iniciado un sumario administrativo a través de la Auditoría General de Asuntos Internos para identificar a los efectivos y determinar su responsabilidad penal por incumplimiento de los deberes de funcionario público y abandono de persona.
El uniforme que pesa pero no protege
Lo ocurrido en Pampa y Rocha no es solo una «mala actuación policial». Es la foto de un contrato social quebrado en el corazón de Quilmes. Cuando un policía huye del delito, no solo se escapa un delincuente; se escapa la última reserva de confianza que le queda al vecino que paga sus impuestos y espera, al menos, no ser entregado.
¿Por qué huyen los que deberían cuidarnos? Existen tres explicaciones posibles, y ninguna es alentadora:
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El miedo al «garantismo» judicial: Muchos efectivos hoy prefieren el sumario por inacción antes que el banquillo de los acusados por un enfrentamiento armado. La idea de que «si tiro me arruino la vida» ha calado hondo en la tropa, dejando al civil como el único escudo humano ante el plomo.
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La falta de formación: El envío a la calle de efectivos con escaso entrenamiento operativo genera uniformados que, ante el estrés del combate inminente, reaccionan con el instinto de preservación y no con el deber de protección.
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La connivencia o zona liberada: La hipótesis más oscura, pero que en el Conurbano nunca se puede descartar. El silencio y la retirada coordinada huelen a un acuerdo previo que la justicia deberá investigar.






























