
Un joven de 27 años fue ejecutado mientras cirujeaba en el límite con Centenario. El ataque, perpetrado presuntamente por menores, revela una trama de venganzas, identidades falsas y la cruda realidad de un territorio donde la vida parece valer poco.
Villa Fiorito no duerme, pero a las cinco de la mañana el silencio suele ser interrumpido solo por el crujir de los carros. El pasado miércoles, ese ritual de supervivencia se transformó en una escena de ejecución. En la intersección de Darwin y La Haya, donde los límites entre Fiorito y Centenario se desdibujan entre montañas de residuos, Iván Ezequiel Merlo (27) encontró su final a manos de quienes, según las primeras investigaciones, apenas están dejando la niñez.
#POLICIALES Ajuste de cuentas en el «reino del descarte»: El trasfondo detrás del crimen en Fiorito https://t.co/bpgdSZLOAO pic.twitter.com/xyddhcxwiD
— DataConurbano / NET (@DataConurbano) April 8, 2026
«Te dije que te iba a encontrar»
Las cámaras de seguridad registraron una secuencia que la justicia analiza como un ataque directo y premeditado. No hubo intento de robo. La moto apareció en escena a las 5:23 am con una precisión quirúrgica.
Según fuentes vinculadas a la investigación, el tirador —que se presume es un adolescente— descendió del rodado y, tras mediar unas breves palabras que sellaron la sentencia de Merlo, disparó. El proyectil ingresó por la espalda mientras la víctima intentaba, en un acto reflejo y desesperado, huir de su destino.
Una huida desesperada y una identidad prestada
El caso presenta aristas singulares que complican el historial de la víctima. Merlo, quien poseía un frondoso prontuario delictivo, no buscó ayuda de manera convencional. Su primera reacción fue la de quien teme más a la ley que a la muerte:
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Ingresó a la Unidad de Pronta Atención (UPA) de Fiorito bajo un nombre falso.
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En un confuso episodio, y a pesar de la gravedad de su herida, se retiró del lugar sin el alta médica.
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Recién al día siguiente, cuando el cuerpo ya no resistía más, ingresó al Hospital Evita de Lanús, donde finalmente falleció.
¿Venganza o control territorial?
La principal hipótesis que maneja la policía científica y la fiscalía es la de una venganza personal. El hecho de que Merlo estuviera revolviendo basura al momento del ataque sugiere un estado de vulnerabilidad que sus victimarios aprovecharon. Sin embargo, no se descarta que el trasfondo sea una disputa por el control de zonas de comercialización de sustancias.






























