Médanos e impunidad: El precio que Bastián paga por la prepotencia al volante

Hoy el nombre de Bastián Jerez recorre los portales de noticias no por una travesura de verano, sino porque un niño de 8 años está luchando por su vida en terapia intensiva. El escenario es el de siempre: la zona de «La Frontera» en Pinamar. El motivo, también el de siempre: la prepotencia, el desprecio por las normas y esa falsa sensación de invulnerabilidad de quienes creen que un vehículo de doble tracción les da derecho a adueñarse de lo público.

Por: Sebastián «Tecla» Farias

Es hora de dejar de llamar «accidentes» a hechos que son el resultado directo de la negligencia. En el choque que dejó a Bastián en estado crítico, no hubo azar. Hubo un UTV (vehículo recreativo) y una camioneta 4×4 cruzándose en un área de médanos donde la visibilidad es engañosa y el riesgo es extremo. Lo más doloroso es que, según las investigaciones, las normas básicas de seguridad —como el cupo de pasajeros o el uso de cinturones— fueron ignoradas.

El bolsillo, el único límite a la locura

Ante la repetición sistemática de estas tragedias, la Municipalidad de Pinamar finalmente reaccionó con el Decreto 0104/2026. Ya no alcanzan las advertencias; ahora se busca golpear donde más duele a este sector social: el bolsillo.

  • Multas millonarias: Las sanciones ahora escalan hasta los $15.000.000 para quienes circulen por zonas prohibidas.

 

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  • Cargos por gastos médicos: Un punto inédito y ejemplar: el infractor deberá hacerse cargo de todos los gastos operativos, desde el helicóptero sanitario hasta la internación y medicamentos.

  • Secuestro y denuncias penales: Ya se han retenido más de 20 vehículos en operativos recientes, buscando frenar las picadas clandestinas en los médanos.

¿Qué nos pasa como sociedad?

Lo de Bastián nos obliga a mirarnos al espejo. ¿Cómo llegamos a normalizar que un niño sea el escudo de la adrenalina de un adulto? No es un problema nuevo, es una cultura de la irresponsabilidad que viene de largo.

Es inevitable recordar cómo, hace algunos años, este periodista advirtió que un conocido concejal de Lanús se pavoneaba en sus redes sociales subiendo fotos y videos mientras saltaba médanos en su cuatriciclo, llevando a su pequeño hijo sentado adelante, sin casco y totalmente expuesto. En aquel entonces, muchos lo celebraban como una «hazaña» de vacaciones. Una imagen es la síntesis de nuestra decadencia: el funcionario que debe legislar para la seguridad de todos es el primero en dar el ejemplo de la imprudencia frente a su propio hijo.

Esa «chapa» de poder o de estatus económico parece otorgar un permiso invisible para violar las leyes de la física y de la convivencia. La cultura del «a mí no me va a pasar» o del «yo sé manejar» es la que hoy tiene a una familia destrozada y a un nene de 8 años en coma farmacológico.

La solución no es solo una multa

La solución no llegará solo con inspectores o multas más altas. Se soluciona cuando entendamos que la libertad individual termina donde empieza el peligro para el otro. Se soluciona cuando la condena social a quien sube a un menor a un vehículo no apto sea tan fuerte como la sanción legal. Mientras sigamos festejando la prepotencia en los médanos como una muestra de estatus, seguiremos llorando a los Bastián de cada verano.

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