La UNLa reabre la Sala Cátulo Castillo con una obra que pone a dialogar memoria y futuro

En el marco de los 50 años del último golpe cívico-militar, la Universidad Nacional de Lanús reinaugura su sala teatral con “País que fue será”, una propuesta artística que cruza música, danza e imágenes. La cita es este jueves 19 a las 18, con entrada libre y gratuita.

La memoria no siempre se dice: a veces se escucha, se mira, se atraviesa. En esa clave, la Universidad Nacional de Lanús (UNLa) reabrirá este jueves 19 de marzo a las 18 la Sala Cátulo Castillo con una obra que se propone algo más que conmemorar: interpelar. “País que fue será” es el nombre de la experiencia escénica que funcionará como acto de reinauguración del espacio y, al mismo tiempo, como una de las actividades centrales por los 50 años del golpe de Estado de 1976.

La propuesta, impulsada por el rector Daniel Bozzani —también director de la Orquesta de la UNLa—, combina música en vivo, danza contemporánea, imágenes audiovisuales y una narrativa simbólica atravesada por la poesía de Juan Gelman. No hay relato lineal ni reconstrucción histórica: hay climas, tensiones y preguntas abiertas.

“Es una apuesta artística que nos propone muchas preguntas”, explicó Bozzani en diálogo con Radio UNLa, y agregó: “Es una conmemoración simbólica, quizá más abstracta, menos periodística”.

Una sala que vuelve a respirar

La reapertura de la Sala Cátulo Castillo no es un dato menor. Durante años, el espacio funcionó de manera limitada, condicionado por problemas estructurales, especialmente el ruido constante del tren que pasa por el costado del predio universitario (el espacio está ubicado en el edificio José Hernández, a metros de las vías del FF.CC). La imposibilidad de sostener condiciones acústicas adecuadas había relegado su uso a actividades menores o informales.

El proyecto de remodelación, ideado por Esteban Bernal —coordinador de la Licenciatura en Audiovisión—, partió justamente de esa experiencia cotidiana: “La contaminación sonora era tan intensa que no podía mantenerse una conversación a un metro de distancia”, recuerda en su descripción del proceso.

La intervención fue integral: se trabajó sobre la insonorización, la acustización, el rediseño lumínico y la ampliación del escenario. El resultado es una sala de 315 metros cuadrados, con capacidad para 200 personas, equipada con sistemas técnicos que permiten alojar desde obras teatrales hasta conciertos sinfónicos.

Según la memoria descriptiva de la obra, uno de los ejes fue “mejorar significativamente la capacidad de insonorización y acustización del local”, además de optimizar el escenario y renovar el sistema de iluminación con tecnología LED dimerizable.

Pero más allá de lo técnico, la recuperación del espacio tiene una dimensión política y cultural. “Faltaba un lugar en la universidad donde la orquesta pudiera tocar o hacer cosas con luces”, señaló Bozzani.

El arte como umbral

La obra elegida para este regreso no es casual. “País que fue será” toma su título de la poética de Gelman y se organiza en torno a una figura mitológica: Jano, el dios romano de los umbrales, que mira simultáneamente hacia el pasado y el futuro.

Ese doble movimiento —memoria y porvenir— estructura toda la propuesta. “La escena se abre como un espacio de memoria activa, donde el pasado es una presencia que respira entre nosotros”, señala el texto de presentación.

En escena, la Orquesta Sinfónica de la UNLa interpreta piezas como el “Adagio de la Segunda Sinfonía de Rachmaninov”, mientras el Grupo de Experimentación en Artes del Movimiento (GEAM) de la Universidad Nacional de las Artes (UNA) despliega intervenciones coreográficas que dialogan con la música. También hay fragmentos que remiten a la música popular latinoamericana y momentos de fuerte carga simbólica, como la evocación de Tenório Jr., el pianista brasileño desaparecido en Buenos Aires días antes del golpe.

La estructura es continua, sin pausas ni aplausos intermedios. “No quiero que nadie aplauda en el medio”, planteó Bozzani. La intención es sostener una experiencia inmersiva, donde el espectador no pueda salir fácilmente del clima propuesto.

Memoria, pero en presente

A diferencia de otros actos conmemorativos, aquí no hay discursos ni reconstrucciones didácticas. La memoria aparece como una experiencia sensible: rostros, manos, silencios, música. Una memoria que no se cierra, sino que incomoda.

“Lo que se evoca no busca reconstruir literalmente la dictadura, sino activar en el espectador una resonancia íntima”, sostiene el texto de la obra.

En ese sentido, la elección del arte como lenguaje no es decorativa. Es, en palabras del propio rector, una forma de pensar el presente: “Tiene que venir un país nuevo, tiene que haber un renacimiento, y ese renacimiento va a venir de las artes”.

La reinauguración de la Sala Cátulo Castillo funciona entonces como algo más que la recuperación de un espacio físico. Es también la apuesta por un lugar donde la universidad pública produzca sentido, memoria y futuro.

Este jueves, a las 18, con entrada libre y gratuita, ese umbral vuelve a abrirse. Y como sugiere el título de la obra, lo que fue —con sus heridas y su dignidad— todavía está en disputa. Y también, quizá, por venir.

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