El olor feo de Cresta Roja: El fantasma del cierre total acecha a la planta de Monte Grande

Tras el cierre de la unidad en Entre Ríos, los trabajadores de la planta bonaerense denuncian falta de pagos y un esquema de ‘vaciamiento’ que ya tiene impacto ambiental: un olor nauseabundo emana de las instalaciones, asfixiando a los vecinos de Monte Grande. El testimonio de ex empleados revela una trama de estafas procesales y promesas incumplidas que arrastra más de una década de desidia.

Por: Sebastián «Tecla» Farias

La incertidumbre vuelve a sobrevolar los portones de la planta de Cresta Roja en Monte Grande / El Jagüel. Lo que comenzó hace años como una crisis de deuda se ha transformado en una agonía circular que hoy tiene a cientos de operarios en pie de guerra. Según los últimos reportes, los trabajadores han iniciado una medida de fuerza ante la falta de pago de salarios, en un escenario que califican de «terminal».

Un efecto dominó que no se detiene

La caída de la planta en Entre Ríos fue la primera señal de alarma de esta nueva etapa del conflicto, pero no la única. En la provincia de Buenos Aires, el colapso de la planta de Esteban Echeverría llega como una réplica tras el reciente cierre de la unidad en Tristán Suárez.

Lejos de ser un hecho aislado, la situación de impago se está replicando en todas las plantas operadas por el grupo Granja Tres Arroyos, donde ya se reportan medidas de fuerza en distintos puntos del país. En el corazón del conurbano bonaerense, la historia se repite: promesas de depósito que no llegan y una operatividad reducida al mínimo.

«Estamos trabajando, pero no nos pagan. Hace semanas que prometieron que se ponían al día y no cumplen», afirman desde los portones de la planta. El conflicto, que ya lleva más de un año en su fase más crítica, parece no tener interlocutores válidos por parte de la patronal.

La «trampa» de las indemnizaciones: una estafa de larga data

Un testimonio clave obtenido recientemente pone luz sobre la desconfianza que reina entre el personal. Un ex trabajador, desvinculado tras la salida de la familia Rasic (dueños originales), relata la maniobra que marcó el inicio del fin:

«Nos obligaron a firmar nuestras indemnizaciones de 20 o 30 años como si fueran ‘acciones’ para que ellos pudieran pagar la empresa. Nos terminaron estafando con eso. Querían que empezáramos de cero, sin antigüedad.»

Este esquema, implementado durante la gestión de consorcios como Proteinza, dejó a miles de familias fuera del sistema. El testimonio es crudo: de los 5.000 trabajadores que llegó a tener la firma en su apogeo, menos de la mitad logró reinsertarse, y bajo condiciones de precariedad extrema.

El desafío de una industria de «seres vivos»

La crisis en Cresta Roja no es solo financiera, es logística. A diferencia de otras industrias, la avícola no permite pausas. Como bien señala el testimonio recabado: «No es una fábrica de tornillos; necesitás campo, alimento y genética».

Sin flujo de caja, la cadena biológica se rompe. Sin alimento para las aves, la producción desaparece, dejando a la empresa como una cáscara vacía. Expertos del sector advierten que, de no mediar una intervención judicial o un salvataje real que no pase por la precarización laboral, el destino de la planta de Monte Grande podría ser el mismo que el de sus pares en el interior: el cierre definitivo.

Situación actual

Al cierre de esta nota se mantenía la tensión en los accesos a la planta. Los empleados exigen respuestas inmediatas sobre el cronograma de pagos, mientras que el recuerdo de las «malas jugadas» de gestiones anteriores alimenta el temor a un nuevo vaciamiento empresarial que ahora parece extenderse a todo el holding de Tres Arroyos.

El «aroma» de la desidia: Vecinos denuncian emergencia ambiental

Mientras los trabajadores resisten en los portones, el conflicto de Cresta Roja ha cruzado las paredes de la planta para golpear directamente la salud de los vecinos . En los últimos días, el aire se ha vuelto irrespirable en las zonas aledañas a la unidad productiva.

El olor nauseabundo —una mezcla ácida de vísceras en descomposición y efluentes sin tratar— ha generado una ola de denuncias. Según especialistas, la parálisis operativa es la causa directa: al detenerse la cadena de pagos, se cortan también los insumos para las plantas de tratamiento de residuos y el mantenimiento de los sectores de faena.

«No es solo el olor, es el riesgo sanitario», explica una vecina del barrio cercano al Arroyo Ortega. «Sabemos que cuando la empresa entra en crisis, lo primero que apagan son los filtros y empiezan a tirar los desechos crudos. En pleno enero, con este calor, vivir así es una tortura».

Panorama

  • Efluentes crudos: Sospechas de vuelcos clandestinos al arroyo por falta de energía y químicos en las piletas de tratamiento.

  • Residuos orgánicos: Acumulación de desechos de faena que no son retirados por la falta de logística y transporte.

  • Proliferación de plagas: El aumento de moscas y roedores en el perímetro de la planta ya preocupa a las autoridades sanitarias locales.

Para la comunidad de Esteban Echeverría, el conflicto de Cresta Roja ya no es solo una disputa laboral en las noticias; es una emergencia ambiental que se respira en cada esquina.

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