El adiós de Garbarino: entra en etapa de remate

La caída definitiva de Garbarino tiene un capítulo central en el sur del GBA. De las tomas en el Alto Avellaneda y Lanús a un presente con locales vacíos y miles de familias en el limbo legal. Sin inversores a la vista, la justicia se prepara para decretar el fin de una era.

Hubo un tiempo en que el cartel luminoso de Garbarino era el faro del consumo en el sur del Conurbano. Hoy, ese brillo se apagó. Mientras la justicia comercial en la Ciudad de Buenos Aires se prepara para dictar la quiebra definitiva tras el fracaso del salvataje (cramdown), en Avellaneda, Lanús, Lomas de Zamora y Quilmes, la marca es ya un fantasma de persianas oxidadas y juicios acumulados.

El último informe judicial es lapidario: con ventas de apenas $1,7 millones en enero de 2026 y solo 18 empleados en todo el país, el gigante que supo dominar el mercado argentino se ha reducido a la mínima expresión.

Zona Sur: El epicentro de la resistencia

Para los vecinos del sur, el derrumbe no es una novedad de oficina judicial, sino una herida abierta desde 2021. Fue en esta región donde la crisis mostró su cara más conflictiva:

  • Alto Avellaneda: El local del shopping, que supo ser uno de los que más facturaba en la cadena, fue escenario de una toma histórica por parte de sus trabajadores. Durante semanas, los empleados durmieron entre heladeras y cocinas para evitar el vaciamiento de la sucursal ante meses de sueldos impagos.

  • Lanús y Lomas: En la emblemática sucursal de la avenida 9 de Julio en Lanús, los carteles de «Rosales pagá los sueldos» se convirtieron en parte del paisaje urbano. Lo mismo ocurrió en Lomas de Zamora, donde el cierre dejó un vacío comercial en una de las zonas de mayor movimiento del GBA.

  • Adrogué y Monte Grande: En estos distritos, el cierre de los locales no solo dejó a cientos de empleados en la calle, sino que arrastró deudas con los propietarios de los inmuebles que, en algunos casos, todavía reclaman el pago de alquileres y expensas de años anteriores.

Un desierto de electrodomésticos

De las más de 200 sucursales que Garbarino tenía en el país, hoy no queda ninguna operativa en la Zona Sur. Los clientes que aún tienen cuotas pendientes o reclamos por garantías se encuentran con locales que ya han sido ocupados por otras marcas o que permanecen con los restos de la cartelería roja, testigos mudos de una gestión fallida.

Incluso Compumundo, la marca hermana enfocada en tecnología que tenía fuerte presencia en los shoppings de la zona, sufrió el mismo destino. El intento de Carlos Rosales de transformar la empresa en un «Amazon criollo» chocó de frente con una deuda de $25.000 millones y la pérdida total de confianza de los proveedores.

El final del camino judicial

Esta semana, el Juzgado Comercial N° 7 confirmó que no hay interesados. Ni la propia empresa ni terceros presentaron un plan de negocios para rescatar lo que queda. El destino es ahora el remate de bienes: desde el stock residual de 1.600 productos (muchos de ellos obsoletos) hasta la propia marca «Garbarino», que hoy vale una fracción de lo que supo representar.

Para los 18 empleados que aún figuran en los libros de la empresa en Capital, y para los miles de despedidos en el Conurbano que aún esperan cobrar sus indemnizaciones, la quiebra es el punto final de una agonía que duró demasiado.

El dato: En Lanús y Avellaneda, las tomas de locales en 2021 marcaron el inicio de la caída nacional. Hoy, a casi cinco años de aquellos conflictos, la mayoría de esos trabajadores siguen sin percibir la totalidad de sus haberes adeudados.

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