Alarma en Canning por la invasión de zorros que atacan mascotas

Residentes de barrios privados y zonas aledañas a la Ruta 52 de Canning denuncian una creciente presencia de zorros que utilizan zanjas y desagües como refugio. Los ataques a mascotas domésticas, incluyendo perros, han encendido una fuerte preocupación comunitaria.

En las últimas semanas, los barrios privados y zonas aledañas de Canning, en el marco de un espacio compartido entre los distritos de Esteban Echeverría, Ezeiza y San Vicente, se han convertido en escenario de una inusual tensión. Residentes de la zona sobre la Ruta 52 comenzaron a alertar sobre la presencia de zorros salvajes que, según testimonios, han protagonizado ataques contra animales domésticos. Los animales se refugian en zanjas y tuberías, aprovechando el entorno que alguna vez fue su hábitat.

La situación alcanzó su punto de mayor tensión cuando un residente logró registrar en video el ataque de un zorro que habría matado a dos de sus perros. Este dramático testimonio, sumado a las pérdidas reportadas de gallinas y gatos, elevó el reclamo vecinal por medidas urgentes de prevención y seguridad.

Un problema que no es aislado

No se trata de un fenómeno aislado, sino de la última manifestación de un conflicto recurrente en el Gran Buenos Aires. Medios locales informaron que, desde comienzos de año, se multiplicaron los avistamientos de estos animales—probablemente zorros grises pampeanos—en barrios privados de Canning y Ezeiza. En el country Los Rosales, por ejemplo, los vecinos denunciaron que una familia de zorros merodea jardines y calles internas.

La Nación también reportó que estos animales ingresan a los jardines y atacan mascotas, en un escenario similar al que se vivió con la irrupción de carpinchos en Nordelta hace algunos años.

Mientras algunos residentes exigen la intervención de las autoridades con medidas de control, especialistas en fauna silvestre advierten que la presencia de zorros es una consecuencia directa de la expansión urbana sobre hábitats naturales.

Desde sectores ambientalistas se plantea que la convivencia puede ser pacífica si se adoptan medidas de cuidado (como asegurar la basura y resguardar a las mascotas pequeñas), aunque reconocen que los recientes ataques generan un temor legítimo. La expansión de countries y barrios privados en la zona sur del conurbano bonaerense ha reducido espacios naturales, provocando que la fauna nativa se vea obligada a buscar alimento y refugio en áreas habitadas.

La controversia ha polarizado a la comunidad de Canning. Mientras que la preocupación por la seguridad de las mascotas es palpable, el fenómeno obliga a reflexionar sobre las consecuencias de la expansión inmobiliaria sobre los ecosistemas locales. El debate queda abierto: ¿hasta dónde llega la responsabilidad de la urbanización en el conflicto con la fauna silvestre?

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