
Una histórica desclasificación de documentos de la Secretaría de Inteligencia de Estado, impulsada por el Gobierno Nacional, revela que existió un plan sistemático de vigilancia que el organismo desplegó sobre la zona sur del GBA entre 1973 y 1983. Los archivos confirman que las universidades fueron un «objetivo prioritario» y detallan el control territorial.
Por: Sebastián «Tecla» Farias
Lo que durante décadas fue un secreto de Estado, hoy es un documento histórico que pinta nuevamente el retrato de una realidad signada por el plomo. Gracias a una desclasificación promovida por el Poder Ejecutivo Nacional y ejecutada para su conservación en el Archivo General de la Nación, se han abierto los archivos de la SIDE (Secretaría de Inteligencia de Estado) correspondientes a la etapa más oscura de la historia argentina moderna.
Data Conurbano accedió a una tanda de documentos oficiales con sellos SIDE, totalizando casi 500 páginas, que permiten reconstruir el mapa de la vigilancia política e ideológica en la provincia de Buenos Aires. Para Zona Sur, el hallazgo es contundente: el Conurbano no solo fue vigilado, sino que sus instituciones y barrios fueron catalogados con precisión quirúrgica.
Para dimensionar el peso de este organismo, hay que recordar que la SIDE nació mucho antes de la década del 70. Fue fundada el 20 de enero de 1946 bajo el nombre de Servicio de Informaciones del Estado (SIE), con el objetivo de centralizar el espionaje interno y externo del país. Sin embargo, fue durante el periodo 1973-1983 —el que hoy sale a la luz gracias a la desclasificación en side.com.ar— cuando la estructura alcanzó su máxima sofisticación operativa para vigilar de cerca la vida cotidiana, académica y política de los vecinos de Lomas de Zamora y toda la Zona Sur.
La «Territorialización» del Espionaje
Antes de 1977, la inteligencia estaba más centralizada en la Ciudad de Buenos Aires. Con esta resolución, la SIDE estableció que cada delegación (como la que tenía jurisdicción sobre Lomas de Zamora y Quilmes) debía funcionar como una «mini-SIDE» autónoma.
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Misión: No solo debían esperar informes, sino «producir» información propia infiltrándose en las dinámicas barriales.
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Capilaridad: Esto significaba que el espía ya no era solo alguien de traje en una oficina, sino que se fomentaba el uso de informadores en lugares cotidianos: el club de barrio, la sociedad de fomento, el sindicato y, fundamentalmente, las facultades de la UNLZ.
La UNLZ en la Mira (1975-1983)
La Universidad Nacional de Lomas de Zamora (UNLZ), fundada en 1972 como parte del plan de creación de universidades en el conurbano, se convirtió rápidamente en un objetivo central de la SIDE.
Los documentos de la Carpeta 3 (Comisión Asesora de Antecedentes) exponen cómo el organismo de inteligencia montó un sistema para calificar ideológicamente a la comunidad universitaria.
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1975, el año clave: La Resolución N° 120/75 es fundamental. Sienta las normas para la aplicación de fórmulas de calificación a docentes y alumnos. En la UNLZ, esto significó el seguimiento minucioso de profesores cuyas clases eran analizadas y la vigilancia directa sobre los Centros de Estudiantes de las facultades más activas políticamente, como Derecho y Ciencias Sociales. El objetivo era detectar lo que la SIDE llamaba «infiltración marxista».
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Vigilancia Cultural (1981): Aún cerca del final del periodo, la Resolución «ESC» N° 916/81 detalla cómo la División Asesoría Literaria de la SIDE realizaba un control estricto sobre publicaciones, libros y revistas que circulaban en los pasillos de las facultades de la UNLZ.
El Control Territorial: De Lomas a Monte Grande (1974-1977)
La vigilancia no se limitó a las aulas. La desclasificación revela que la SIDE tenía un diseño operativo para el control territorial del Gran Buenos Aires.
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Echeverría (1974): El Manual de Funcionamiento de las Delegaciones Regionales de 1974 establece las misiones de control para el conurbano sur. Estas localidades aparecen mencionadas por su doble valor estratégico: el monitoreo de zonas fabriles para desactivar conflictos gremiales y la vigilancia de figuras políticas locales.
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La Red del Sur (1977): En 1977, con la Resolución «S» N° 1047/77, se aprueba una nueva estructura orgánica que sofisticó el espionaje en el GBA. Esta norma detalla el rol de las delegaciones con jurisdicción en Lomas de Zamora, Lanús, Avellaneda y Quilmes, permitiendo un control más capilar sobre la actividad de los vecinos.
El Glosario y la Codificación de Vecinos
Un aspecto impactante de la Resolución 1047/77 es el Anexo 3 (Glosario). Allí se establecía un lenguaje común para que todas las delegaciones del sur reportaran de la misma forma.
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Se crearon categorías para «marcar» a los vecinos según su nivel de peligrosidad.
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La metodología de las «Fórmulas»: Si un vecino de Monte Grande participaba de una reunión vecinal por problemas de infraestructura, la delegación local podía calificarlo preventivamente. Si esa persona luego se vinculaba a un partido político, su ficha pasaba automáticamente a niveles de mayor vigilancia (F3 o F4).
El Rol de las «Delegaciones Regionales»
La norma detalla que las delegaciones del GBA Sur tenían la tarea de «Asesoramiento Ideológico» a las fuerzas de seguridad locales (Policía Bonaerense).
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Metodología: La SIDE no siempre detenía personas; su función era el «marcado». Ellos entregaban los listados de «blancos» a las áreas operativas.
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Control de Publicaciones: En esta etapa se intensifica el seguimiento a los boletines municipales y revistas de la zona, buscando mensajes «subliminales» o críticas a la gestión nacional.
«La metodología implementada a partir de 1977 bajo la Resolución 1047/77 transformó el espionaje en una tarea de proximidad. Ya no se trataba de grandes conspiraciones, sino de un control capilar: la SIDE bajó a los barrios de Lomas, Lanús y Avellaneda con el objetivo de radiografiar la vida de los vecinos. Mediante el uso de un glosario de términos secretos y un sistema de codificación de antecedentes, cualquier actividad social —desde una charla en una sociedad de fomento hasta un debate en un pasillo de la UNLZ— podía terminar en una ficha de inteligencia que marcaba el destino de una persona por años.»
De los «Papeles Secretos» a la Tragedia Humana
La desclasificación no es solo un ejercicio de curiosidad histórica; es la prueba documental de un engranaje que terminó en el horror. Detrás de cada resolución administrativa de la SIDE, hubo nombres, apellidos y familias destrozadas en la Zona Sur.
En la UNLZ, el control ideológico que mencionamos no quedó en meras fichas de antecedentes. La institución sufrió la desaparición forzada de estudiantes y docentes que hoy forman parte de los «30.000». Nombres como los de Hugo Garelli, María de la Mercedes Gnecco, o los hermanos Casariego, son solo algunos de los rostros de esa comunidad educativa que la SIDE «marcó» bajo sus fórmulas de peligrosidad.
Lo mismo sucedió en las barriadas de Monte Grande y el partido de Esteban Echeverría. El despliegue «capilar» de las delegaciones regionales de la SIDE en 1977 fue el paso previo a los operativos de las fuerzas de tareas en centros clandestinos de detención emblemáticos de la zona, como «El Infierno» (en Avellaneda) o el «Puesto Vasco» (en Quilmes).
Muchos de los vecinos que figuraban en los listados de vigilancia de Lomas, Lanús y Echeverría terminaron en esos galpones del horror. Hoy, al leer estos documentos desclasificados por el Gobierno Nacional, comprendemos que el espionaje fue el mapa que guió la represión.
Una Década bajo Observación (1973-1983)
El valor periodístico e histórico de esta desclasificación radica en demostrar que la maquinaria de inteligencia fue continua y se perfeccionó con el tiempo. El arco temporal que cubre el archivo es revelador: comienza en 1973, con la creación de la Comisión Asesora de Antecedentes; se radicaliza en 1975 con las normas educativas; se despliega operativamente en el territorio en 1977; y mantiene el control cultural hasta 1983.
Para la comunidad de Zona Sur y especialmente para la UNLZ, el acceso a estos documentos representa un paso fundamental para reconstruir la memoria local y entender el peso que tuvo la vigilancia estatal sobre las instituciones que hoy forman parte de la identidad regional.





























