
Ocurrió el pasado viernes, cuando la víctima regresaba a su hogar. Un proyectil le rozó el pecho tras una ráfaga de disparos de dos delincuentes que buscaban llevarse su auto. «Sentí el ardor y pensé lo peor», relató el joven. Su hija, Indiana, nacerá en las próximas horas.
Hay historias que parecen escritas por el destino, y la de Quimey es una de ellas. Mientras su familia cuenta las horas para el nacimiento de Indiana, su primera hija, el joven de 24 años estuvo a milímetros de no conocerla. Lo que debía ser un trámite cotidiano —regresar a casa tras hacerle el cambio de aceite al auto— se transformó en una emboscada de terror y un milagro que hoy conmueve a los vecinos.
Una maniobra desesperada y el estruendo
El episodio ocurrió cuando Quimey llegaba a su domicilio. No alcanzó a bajar del vehículo cuando dos delincuentes armados lo abordaron. En una reacción instintiva por proteger su patrimonio y su vida, el joven puso marcha atrás para escapar. La respuesta de los asaltantes fue letal: abrieron fuego sin mediar palabra.
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— DataConurbano / NET (@DataConurbano) January 13, 2026
Uno de los disparos atravesó el parabrisas y el vehículo terminó su carrera impactando contra el tensor de un poste de luz. En medio del humo y el caos, Quimey bajó del auto sintiendo un fuego insoportable en el torso.
«Me revisé y no podía creerlo»
Bajo amenazas, los ladrones lo obligaron a alejarse mientras se llevaban el coche. Fue en ese momento, solo en la vereda, cuando el joven protagonizó la escena más dramática del video de seguridad: se quitó la remera para enfrentar la realidad.
«Me empezó a arder el pecho y el dolor era muy fuerte. Pensé que me habían pegado en el medio del corazón», relató Quimey horas después.
Sin embargo, al mirarse, descubrió lo increíble: el plomo le había rozado la tetilla derecha, dejando una marca roja y un ardor intenso, pero sin penetrar en su cuerpo. El impacto que pudo ser mortal se convirtió en una herida superficial.
Final en Ingeniero Budge
Mientras la policía iniciaba la búsqueda, el auto fue abandonado y hallado horas más tarde en la localidad de Ingeniero Budge. Si bien lo material se recuperó, el impacto psicológico queda en una familia que está a punto de recibir a un nuevo integrante.
Hoy, Quimey no piensa en el auto ni en la inseguridad que azota a la zona; su cabeza está puesta en el hospital y en Indiana. El viernes 9 de enero quedará en su memoria no como el día que le robaron, sino como el día en que volvió a nacer para poder abrazar a su hija.






























