
Hoy Laprida, en el corazón de Lomas de Zamora, está en obras. Entre el sonido de las amoladoras, las vallas y el persistente polvillo, la arteria comercial más importante del sur del Conurbano está viviendo su transformación más profunda en décadas.
No se trata solo de cambiar baldosas rotas. El proyecto de renovación integral busca jubilar la estética de los años 90 para dar paso a un concepto de «centro comercial a cielo abierto». Pero, como toda cirugía estética de gran escala, el proceso duele.
Lo que no se ve (pero importa)
Más allá de los nuevos pisos de alta resistencia que prometen terminar con los «charcos sorpresa» los días de lluvia, la verdadera clave de la obra está bajo tierra. Los operarios trabajan en el soterramiento de cables: un enjambre de cables de luz, internet y telefonía que durante años decoró el cielo lomense como una telaraña desprolija.
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«La idea es que Laprida deje de ser una calle con veredas y pase a ser un espacio único, a nivel, donde el peatón sea el verdadero dueño» explica uno de los arquitectos a pie de obra.
El desafío de los comerciantes
Para el dueño de la zapatería de siempre o el kiosquero de la esquina, la obra es una carrera de obstáculos. «Las ventas bajan porque la gente esquiva las vallas, pero sabemos que cuando esté terminado, el valor de la zona sube», confiesa un comerciante histórico de la primera cuadra.
La estrategia del Municipio es trabajar por micro-etapas de 50 o 100 metros. Esto evita el cierre total, pero obliga a los miles de vecinos que bajan del Tren Roca a ensayar saltos y desvíos para llegar a la Av. Hipólito Yrigoyen.
¿Qué esperar de la «Nueva Laprida»?
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Iluminación 360: Se instalan torres LED que no solo alumbran el suelo, sino que proyectan luz hacia las fachadas, aumentando la seguridad percibida.
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Mobiliario de diseño: Bancos de hormigón y hierro que buscan resistir el alto tránsito (se estima que por allí pasan más de 100 mil personas por día).
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Más verde: La incorporación de canteros con sistema de riego automatizado, un reclamo histórico en una zona donde el cemento siempre fue protagonista.
La renovación de Laprida es, en el fondo, una apuesta por no perder la batalla contra los grandes Shoppings. En un mundo digital, el Conurbano intenta que el «ir al centro» siga siendo una experiencia atractiva y no un trámite incómodo entre escombros.

































